Si te unes a esta familia te preguntarás: ¿por qué?, ¿para hacer qué cosa?
Esto también quiere decir muchas cosas distintas. En algunas partes de la orden tenemos solamente comunidades pequeñas como en la cual estaba yo en Argelia con Pierre Claverie, Jean Pierre y François. Éramos cuatro o cinco. Era una comunidad muy agradable. Había amistad.
A veces hay grupos más grandes - comunidades de enseñanza como San Esteban u Oxford. A veces hay sacerdotes trabajadores. Michel, que está aquí, ha sido un sacerdote trabajador durante muchos años en Francia.
En nuestras familias, en nuestras comunidades, tenemos gente maravillosa, tenemos mucha gente brillante y tenemos gente herida. Tenemos gente que sufre mucho. Pero esto es familia.
Recuerdo una ocasión en el noviciado en Brasil en la que conocí al famoso provincial Domingo. Él era provincial en tiempos de la dictadura en Brasil, y tenía mucho valor y mucha fuerza. Ahora es un hombre viejo. Ha perdido la cabeza por completo. No sabe dónde está. Pero los novicios cuidan de él todos los días. Le van a visitar. Le hablan. Y todos los días después de comer juegan al ping-pong y llevan a Domingo consigo en su silla de ruedas sólo para ayudarle. Y yo pensé: Esto es maravilloso. En su noviciado quizá no tengan charlas bonitas sobre la vida comunitaria, pero tienen la oportunidad de vivir la fraternidad, de vivir el significado de comunidad, sólo para ser amables con el viejo Domingo.
Así que esto es lo que nos gustaría que hicierais con nosotros - vivir la vida comunitaria y tener una experiencia. Vivir en comunidad no se hace sólo porque sea conveniente el que te laven la ropa y te hagan la comida. Es, en esencia, porque la comunidad es un lugar para la caridad. Es un lugar para el perdón. Yvon estuvo en Burundi la semana pasada. Ya sabéis lo que pasa. Yvon ha vivido en Ruanda durante 25 años. Ya os podéis imaginar lo que puede suponer para nuestros frailes y hermanas, tutsis y hutus, vivir juntos en la misma casa cuando hay tanta violencia, tantas heridas y tanta muerte en sus familias.
El perdón. Incluso en Santa Sabina tenemos que esforzarnos para perdonarnos los unos a los otros. Pero esto es agradable. Significa caridad y amor. A veces pienso que necesitamos imaginación en nuestras comunidades y que vosotros nos podríais ayudar en eso como ya dijo Timothy. A veces tenemos miedo. Estamos acostumbrados a hacer las cosas de una cierta manera. Tenemos que abrir nuestras comunidades y vosotros nos podríais ayudar en esto. Así que lo primero que podríais hacer sería compartir nuestra vida y compartir nuestra comunidad.
Estuvimos en Brasil juntos hace unas semanas y visitamos esos lugares terribles de muerte en Brasil central, y tuvimos un encuentro de la Comisión de Justicia y Paz de la Familia Dominicana Brasileña. Fue maravilloso porque empezamos con dos horas de oración. Los frailes y hermanas y los dominicos laicos vinieron desde muchas partes de Brasil. Algunos habían viajado hasta treinta o treinta y cinco horas en autobús sólo para ir al encuentro, y empezamos dibujando un mapa de América Latina. A cada uno de nosotros se nos invitó a que trajéramos un pedazo de tierra y que dijéramos: Este es el lugar que amo. Este es el lugar por el que me preocupo. Este es el lugar por el cual me gustaría luchar. La tierra.
Compartimos, y una persona dijo: Oh, estoy muy preocupado por Perú. Otro dijo: Haití sufre una situación terrible. Otro dijo: Oh, Argentina. Tanta violencia. Después de esto hubo una oración profunda. Dijeron: Ahora esto es una realidad. Hay una sed profunda. Traigamos flores, porque en la tristeza del mundo hay profetas, hay testigos. Hay personas que, de repente, traen luz, como pudo hacer Pierre en Argelia. En esta situación loca dicen: Pues yo no me rendiré. Así que celebramos a nuestros profetas. Cada uno trajo flores. Y dijimos: Oscar Romero fue un profeta maravilloso para mí en San Salvador. Y cada uno nombró a alguien que para él era profeta, y cada uno trajo sus flores y explicó el porqué. Y después de eso dijeron: Para crecer necesitamos agua. Y cada uno fue invitado a vertir agua. (Al final la cosa se puso un poco sucio). Teníamos agua, y eso significa que estamos luchando por algo. Tenemos que hacer algo juntos. Era la oración. Por último fuimos invitados a traer velas, luces, señales de esperanza. Es a esto a lo que me refiero cuando digo que tenemos que compartir nuestra oración. No se trata sólo de recitar salmos durante diez minutos y se acabó. Es una cuestión de tratar la tristeza, la dificultad del mundo tal y como es, pero con nuestros corazones y mentes llenos del amor de Dios.
Es por esto que pensamos que vosotros estáis muy bienvenidos porque necesitamos creatividad y necesitamos que nos ayudéis a orar de esta manera.
Y veo por todo el mundo en muchos países, muchos lugares en los que la gente intenta hacer es. A veces en Roma nos gusta ir por la tarde a una comunidad de laicos italianos y ellos intentan tratar el desafío de la pobreza en Italia. Incluso en Italia hay gente pobre. Tienen comedores de beneficencia, y todas las tardes, aquellos que son periodistas o que son profesores en la universidad o lo que sea, vienen sólo para ayudar a los pobres. Tienen un refugio para la gente que tiene el SIDA. Y después van a misa, y está llena todas las tardes del año. La gente dice que los jóvenes no van a misa y tal, pero eso no es verdad. Pero tienes que buscar en los lugares adecuados. Y este es un buen lugar. Así que uníos también por esa razón. Para compartir nuestra oración.
Y porque es difícil tenemos que estar preparados. Tenemos que estar preparados no sólo intelectualmente sino también humana y espiritualmente. Y tenemos que estar preparados para acoger las preguntas. Hay una cita preciosa de Lacordaire: Dios me dio la gracia para entender al siglo que tanto amé. Y yo pienso que esto es lo que necesitamos. Necesitamos poder acoger las preguntas y no tener miedo. Pero también necesitamos poder dar respuestas. Necesitamos poder decir algo, no con palabras fáciles como dijo Timothy, sino de verdad poder enseñar. En el Evangelio leemos en cada página que las muchedumbres acudieron a Jesús y Él les enseñaba. Él les enseñaba. Él tenía algo que decirles.
En nuestro mundo vemos a muchos falsos profetas, gurus y muchas clases de gente extraña. Las suyas no son respuestas verdaderas. Necesitamos respuestas verdaderas, y para ello necesitamos sitios donde preparar a la gente, no sólo en las universidades, sino en sitios en los cuales estudiamos juntos y de verdad los desafíos del mundo, oramos y compartimos nuestra esperanza.