El Voluntariado

 

Desde la década de los 80 se han incorporado a nuestro vocabulario estas dos palabras que, si bien no son nuevas, si que reflejan una realidad y unas opciones que con mayor o menor acierto han ido mostrando una nueva pauta en la población, sobre todo entre los jóvenes.

En sus comienzos el voluntariado fue despreciado por algunos que consideraron que era una fórmula que renunciaba a un compromiso transformador de la sociedad y ensalzado por otros que entendían era un modo nuevo de situarse.

A veinte años vista, quizás lo más importante sea la reflexión sobre este fenómeno que ahora ha perdido un poco de relevancia pero que mantiene su vigor aunque de forma más silenciosa.

Es verdad que se había planteado una solidaridad un poco sentimental y no siempre práctica, que había canalizado mucha buena voluntad pero poca eficacia, que había asumido muchas tareas de suplencia frente a un Estado que se ha ido desentendiendo de muchos problemas sociales y que ha encontrado en los voluntarios un cauce desde donde cubrir sus fracasos sociales.

Pero también es cierto que solidaridad y voluntariado son un binomio que todavía tiene mucho que ofrecer y mucho que aportar a la sociedad en la que vivimos, si somos capaces de corregir sus errores y de desarrollar plenamente sus elementos de compromiso social, denuncia y participación en la sociedad en la que vivimos.

Hay que hacer constar que el voluntariado es un cauce de participación civil en la sociedad y una plataforma desde la que ser consciente de los problemas sociales, su realidad y sus necesidades, que es un modo progresivo de concienciación social y un compromiso que puede hacer cambiar nuestro modo de vivir de forma que cuantos participan de cualquier movimiento de voluntariado vean como su vida es cada día un poco más cercana a los sufrimientos de los que nos rodean.

Solidaridad es un nuevo modo de pensar y de vivir. Es entender el mundo y la vida de forma más global sintiendo que los problemas más lejanos, son tan cercanos que deben hacer cambiar nuestra peculiar sociedad de consumo y de hastío Es el aguijón que no deja nos conformemos con nuestras pequeñas «caridades» para buscar la verdad, para estudiar de donde viene y a que se debe el sufrimiento de nuestro mundo, es responsabilizarnos de la búsqueda de una nueva propuesta social, no construida sobre el equilibrio sino sobre la justicia.

A cuantos tienen el reto de reflexionar sobre la realidad que nos rodea, de buscar la verdad, de ansiar y promover la justicia tienen en la solidaridad un nuevo parámetro desde el que buscar y dar respuestas y tienen en los voluntarios un nuevo foro de participación y compromiso social que construya y denuncia la injusticia del otro lado de la calle y de la otra orilla del mar.

 
 Autor:  Francisco Sánchez Hermosilla, op (Málaga)

 

Si hemos escogido EL VOLUNTARIADO como tema central de nuestro boletín, es porque es el Año Internacional del Voluntariado y, porque si como ciudadanos, como cristianos y como dominicos, estamos llamados a la acción social, al servicio y a predicar la compasión, el voluntariado debe ser un tema central en nuestro boletín y en nuestras vidas.

Como seres que vivimos en sociedad y como ciudadanos de un estado de bienestar social, hemos de ser conscientes de que al estado no sólo se contribuye mediante un sistema tributario cuyo fin es financiar el gasto público, sino que también sería necesario crear una conciencia colectiva y unas redes sociales para potencia los "deberes sociales" y el valor "solidaridad". Heminway, en su novela "¿Por quién doblan las campanas?" ya dice que no preguntemos por quién doblan, pues las campanas que tocan a muerto, doblan por todos y cada uno de nosotros. Debemos ser consientes de que si formamos parte de un sistema y de un mundo globalizado, los problemas de uno son problemas de todos, pues somos corresponsables de la suerte de los demás. Como personas que vemos las descompensaciones, la desigualdad, la injusticia, la pobreza, la soledad, la exclusión, la marginación, etc.. debemos querer un mundo más justo. Y no debe bastarnos el hacer una crítica del mismo, no. Como ciudadanos que queremos un mundo mejor, estamos llamados a la acción social y a la construcción de un mundo mejor donde la gratuidad y la solidaridad sean los valores reinantes. En la medida que nos concienciemos de esto, y nos animemos a colaborar con nuestro granito de arena, haremos de esta sociedad nuestra, una sociedad más humana.

Como cristianos y seguidores de Jesús de Nazaret, nuestro trabajo por los que sufren, debe dar un paso más allá de la solidaridad y de la construcción de un mundo justo. Como cristianos, estamos llamados a compartir. Podríamos hablar de los múltiples gestos que tuvo Jesús de Nazaret con los marginados, pero nos hemos querido fijar en su última cena. Cuando Jesús vio venir el final, apostó por la esperanza hasta tal punto, que decidió celebrar una cena con los suyos. En ella hizo un gesto simbólico que aún hoy, dos mil años después, repetimos. Compartió el pan, como símbolo de necesidad humana compartida, y pasó una copa de vino, como símbolo de alegría comunicada, dando a entender con este gesto que su vida se resumía en el compartir y en la alegría. Si queremos que Dios sea el centro de nuestras vidas, debemos hacer de estas unas vidas que sigan el ejemplo de Jesús de Nazaret, y así compartir nuestro día a día con los que sufren, con los marginados, con todos aquellos que necesitan de nuestro tiempo para que sus vidas tengan esa alegría que Jesús comunicaba.

Y, como dominicos, nuestro carisma nos llama a la compasión, pero compasión entendida como "padecer con, junto a" esas personas que, por su situación de marginalidad, más nos necesitan. La misión dominicana no ha de estar enfocada desde un talante asistencial, sino que debemos predicar la liberación de los oprimidos para humanizar. Es una liberación para la humanización lo que caracteriza a nuestro carisma, pues desde el interior de los excluidos podemos impulsar sus propios recursos para hacerles ser más dignos por ellos mismos. Padecer con ellos, no significa que tengamos que vivir sus vidas, sus problemas y sus mismas situaciones, pues eso no solucionaría nada. Padecer con ellos quiere decir meternos en sus vidas hasta el punto de llegar a sentir junto a ellos su dolor. Sólo así experimentaremos el Amor, y sólo así los oprimidos se sentirán amados y dignos.

Pero, no podemos hacer un mundo más justo, solidario, alegre, generoso, libre y digno sino actuamos en comunidad. La comunidad no sólo es la plataforma en la que compartimos la Fe. La comunidad es también un proyecto desde donde trabajar por todos estos valores humanos, cristianos y dominicanos que hemos expuesto. Y es aquí dónde entran los proyectos de voluntariado, pues no podemos ni debemos actuar como francotiradores. No podemos porque no sería posible, además de poco efectivo, y no debemos porque en esas ONG´S, asociaciones o parroquias es donde nos formamos y donde compartimos con otros voluntarios la experiencia de gratuidad y de amor que es el voluntariado. Pensamos pues, que es importante formar parte de un proyecto. Pero, lo más importante para ser voluntario no es tener buenas intenciones y mucha teoría de cómo debemos hacer para trabajar por la justicia y por la paz. Lo más importante es tener una férrea noción de lo que significa la palabra compromiso, ser fiel a ella y descubrir que es la clave de un proyecto de voluntariado.

 
 Autor:  Maite y Ana (El Levantazo)