El Capítulo de Providence

 

Por su importancia para nosotros, miembros del MJD, hemos querido incluir como tema central de nuestro boletín, un resumen, y posterior valoración, de las Actas "Provisionales", que nos han llegado, del Capítulo General Electivo de los frailes celebrado en Providence este verano. Concretamente, sobre el documento que hace un análisis de La Orden, La Familia Dominicana y la relación de éstas con el Movimiento Juvenil Dominicano.

El documento se divide en dos partes: primero hace un análisis de lo que es "Orden de Predicadores" y de lo que es "Familia Dominicana", y, posteriormente, realiza las exhortaciones pertinentes para la misión común. Como ambas partes de las actas nos afectan, haremos un resumen y valoración de las dos.

En el prólogo de dichas actas, se hace un especial énfasis en los siguientes puntos:

  1. Que en los Capítulos de frailes siempre se reserva un tiempo para dedicarlo a la Familia Dominicana y hacer un profundo discernimiento comunitario de la honda experiencia de vida compartida con las monjas, las hermanas, los laicos, mujeres y varones, y también muchos jóvenes con quienes se comparte el amor a Domingo y la fuerte atracción por el ministerio de la predicación.
  2. Se reafirma lo que ya se constató en el Capítulo de México (1992); que la F.D. está creciendo y agrandándose con fuerza y energía durante estos últimos años. Y que, aunque no todas sus ramas crecen con el mismo ritmo y pujanza, aparecen nuevos brotes de los cuales el Capítulo se sorprende con alegría.
  3. Se confirma la idea de que dentro de la F.D. hay diversos modos de vivir el carisma y la misión de la predicación, y que cada uno vive su compromiso para la misión de maneras diversas: con votos, promesas, o sin ellos; en el monasterio, en los conventos, en el seno familiar y en las diversas profesiones del trajín del mundo. Pero todos unidos fraternalmente en la misión y reconociendo unánimemente "como sucesor de Santo Domingo al Maestro de la Orden, quien es el principio y signo de unidad de la Familia Dominicana" (Documento de Bolonia sobre la Familia Dominicana).

No obstante, el Capítulo reconoce la existencia de ciertas dificultades en el seno de la Familia Dominicana:

  1. Que en la F.D. se suscitan, en algunos lugares, ambigüedades y tensiones que lesionan la convivencia y la misión común (Según Informe del Promotor General del laicado dominicano). Y esto es, entre otros motivos, la causa de una cierta resistencia ante lo nuevo que aparece en la Familia Dominicana, sin hacer de ello un conveniente discernimiento.
  2. Algunos miembros de la Familia Dominicana están preocupados por la ambigüedad que, a su juicio, existe entre la noción "Orden de Predicadores" y "Familia Dominicana". Piden por ello al Capítulo de Providence una mayor clarificación que manifieste las diferencias mutuas y, además, solicitan que se clarifique la relación que ha de entablarse entre ambas. Mientras que otros, mostraron en Providence su preferencia no tanto por entrar en los análisis jurídicos sino en la profundización de una colaboración entre ellas.
  3. Finalmente, y antes de entrar en valoraciones de la cuestión que se debatió, el Capítulo enfatiza que estas dificultades surgen cuando nace algo nuevo, como es el caso. Pero que hay que acogerlas gozosamente y discernirlas. Dice este punto, que son el Maestro de la Orden y el Capítulo General quienes garantizan la autenticidad de las nuevas fundaciones que desean vivir la riqueza del carisma dominicano; y que por eso, es importante que nadie en la F.D. se vea tentado de hablar o de actuar de una manera que este carisma parezca confiscado en beneficio de algunos o que no pueda ser distribuido de manera justa o apropiada.

A continuación, las actas del Capítulo, nos hacen una clara distinción entre lo que es Orden de Predicadores y Familia Dominicana.

  1. El nombre de "Orden de Predicadores" designa orgánicamente a las personas convocadas por el Espíritu Santo, cuyo modo de vida, confirmado por la Iglesia, deriva del carisma particular dado a Santo Domingo. El nombre "Familia Dominicana" evoca el acercamiento mutuo hacia una mayor unidad de todos los llamados por el mismo Espíritu a participar de los diferentes modos de este carisma.
  2. En el transcurso del tiempo nacen del mismo tronco de la Orden nuevas agrupaciones con sus proyectos de vida y misión, inspirados en los rasgos característicos del carisma dominicano, y adquieren formas jurídicas distintas, de acuerdo con la época. Nos clarifica el Capítulo, cuáles son las ramas de la Familia Dominicana y qué tipo de relación jurídica les vincula a la Orden, para luego distinguir cuáles pertenecen a la misma Orden de Predicadores y cuáles no.

  1. LOS FRAILES, prometen obediencia al Maestro de la Orden "conforme a las leyes de los Predicadores". LAS MONJAS, hacen profesión al Maestro de la Orden y están unidas a los frailes en un sentido espiritual. Su relación jurídica con la Orden está expresada en sus propias Constituciones. LOS LAICOS, se incorporan a la Orden en las Fraternidades Laicales de Santo Domingo, hacen su promesa al Maestro de la Orden, y siguen la "Regla de las Fraternidades Seglares de Santo Domingo" aprobada por la Iglesia. De modo semejante, las Fraternidades Sacerdotales Dominicanas, procuran informar su vida y ministerio en el espíritu de Santo Domingo.
  2. LAS HERMANAS de las distintas Congregaciones Dominicanas, participan de la misión y del carisma de la Orden a través de la riqueza de sus carismas congregacionales, aunque no tengan un vínculo jurídico directo con el Maestro de la Orden. Son congregaciones agregadas a la Orden por el Maestro de la Orden, conservan su autonomía y pueden proponer al Capítulo General de los frailes sus deseos y sugerencias referentes a la Familia Dominicana. LOS INSTITUTOS SECULARES, agregados a la Orden, abrazan la profesión de los consejos evangélicos del mundo, según el espíritu de Santo Domingo.
  3. LAS ASOCIACIONES ANEJAS. Los nuevos grupos que pueden ser reconocidos por los Capítulos Provinciales de los frailes o por los priores Provinciales con sus Consejos o por las Prioras Generales de las Congregaciones de Hermanas, "los integrantes de los diferentes grupos del Movimiento Juvenil Dominicano" y muchas otras personas que, SIN NINGÚN TIPO DE COMPROMISO FORMAL, participan y colaboran de diversos modos con la misión de la Orden.

  1. La "Orden de Predicadores" está configurada por aquellos que, mediante la profesión o las promesas hechas al Maestro, se integran a la Orden. Su incorporación a la Orden implica el compromiso permanente de vivir el estilo peculiar de su vida dominicana, aprobado por la Iglesia, que tiene a Domingo como modo ejemplar.
  2. Tanto las hermanas como los miembros de los Institutos Seculares, de las Fraternidades laicales y sacerdotales, las monjas y los frailes, pueden ser considerados por diversos títulos verdaderamente integrantes de la Orden de Predicadores, entendiendo el término Orden en un sentido amplio que incluye a todos los que asumen el compromiso de un género de vida particular, inspirado en la vida y misión de Santo Domingo y aprobado por la Iglesia, cada uno según su propia condición y con la autonomía respectiva establecida en sus propio estatutos.
  3. El capítulo afirma que si el término Orden expresa organización jurídica, la imagen de Familia evoca una pertenencia mutua, por lo que nos reconocemos y apoyamos mutuamente como hermanos y hermanas, todos los que reconocemos a Sto. Domingo como Padre común. Esta imagen pone de manifiesto la comunión fraterna entre las distintas ramas y la conciencia de que esta realidad implica vínculos profundos entre nosotros y actitudes concretas de complementariedad y colaboración, de respeto mutuo, de igualdad y de dignidad en la diversidad y peculiaridad de cada rama.
  4. Termina esta primera parte del documento diciendo que el Maestro de la Orden como sucesor de Sto. Domingo, ocupa un lugar fundamental dentro de la Familia Dominicana; es "principio y signo de unidad". No obstante, la relación de éste con las distintas ramas de la Familia es de orden y grado diferente.

Queda por tanto clarificado en el Capítulo General de Providence que los laicos del M.J.D. no somos parte de la "Orden de Predicadores". Y a nuestro modo de ver, no lo seremos mientras no hagamos un compromiso formal ante el Maestro de la Orden. La cuestión que nos toca ahora reflexionar a nosotros es si queremos o no hacer ese compromiso formal. Cómo sería la forma jurídica de realizarlo es otra cuestión que nos plantearemos cuando decidamos qué es lo que queremos hacer.

Dado que sí somos Familia Dominicana y sí nos sentimos llamados y reconocidos por la Orden a la misión de la predicación, la pregunta es ¿ necesitamos de un vínculo jurídico y de un compromiso formal para ser fieles al carisma de Domingo?.

Si algo tenemos claro desde el MJD, es que no somos sólo un grupo de laicos jóvenes (que por cierto, cada vez somos menos "jóvenes", el tiempo pasa, cuestión esta que también debemos plantearnos), sino que nos constituimos en comunidades horizontales con frailes y hermanas, sin distinción y disfrutando de nuestras diferencias como riqueza y pluralidad. Pues, aunque jurídicamente unos sean parte de la Orden y otros no lo seamos, la realidad es que, además de que la Familia Dominicana sí cuenta con nosotros, en nuestras comunidades del MJD, estudiamos, oramos y tenemos una misión común. Por lo que somos comunidades que, sin vivir juntos bajo el mismo techo, nos sentimos comunidad de Dominicos y Dominicas. Y esa identidad no la vamos a perder. No queremos ser sólo unos grupos de laicos. Ese es el espíritu del MJD.

Las ventajas de hacer un compromiso formal con la Orden, serían varias, pero fundamentalmente que se eliminaría esa ambigüedad que a tantos preocupa, que nos vendría bien para evitar la subjetividad y el libre albedrío de la gente que entra y sale de nuestros grupos o comunidades sin tomar opciones serias, que nos daría más seguridad dentro de la Orden por si algún día alguien se cuestiona nuestra identidad dominicana, que nosotros mismos podríamos organizarnos "ad intra", y que nos sentiríamos más reconocidos. En definitiva, pondríamos seguridad jurídica al estilo de vida que ya estamos llevando. Pero algunos inconvenientes también existen, y eso es algo que debemos sopesar.

La forma jurídica de realizar ese compromiso es algo que de momento no debe preocuparnos. Dejemos estas cuestiones a los juristas, que son quienes mejor conocen las leyes y la ductilidad que éstas tienen. La ley no es el impedimento. Pero sí que hay que buscar una fórmula donde quepamos, dentro de la Orden, los laicos del MJD, y donde podamos seguir viviendo al mismo nivel con los frailes y hermanas; pues esto es lo que otorga identidad propia al Movimiento Juvenil Dominicano.

Desde luego, el documento reafirma lo dicho en el Capítulo de Bolonia. Somos Familia Dominicana, y esto es algo por lo que hemos de seguir trabajando, y más si tenemos en cuenta nuestra desventaja. Nosotros, con nuestras vidas no liberadas, con los trajines de este mundo, somos los que debemos demostrar que somos "dominicos", y eso se hace desde el día a día respondiendo responsablemente como de nosotros se espera. Son muchas las personas que han luchado durante años para que el M.J.D tenga su sitio dentro de la Familia Dominicana. Ahora nos toca a nosotros responder.

Pero nuestra respuesta debe darse tras una reflexión pausada, seria y teniendo en cuenta todas las posibilidades. Los cambios nunca llegan de hoy para mañana.

El siguiente punto, del documento que estamos analizando, es un conjunto de exhortaciones y recomendaciones, tanto para los frailes como para el resto de la Familia Dominicana. Así el Capítulo:

Exhorta a los frailes e invita a las demás ramas de la F.D a un cambio de mentalidad que estreche más nuestros vínculos fraternos. Y a los frailes en concreto, a acoger con generosidad a las familias, matrimonios y jóvenes para trabajar juntos en misión.

Exhorta a todos los miembros de la F.D. a vivir la misión de predicación en un clima de fraternidad, diálogo y libertad, porque para ser realmente una familia de predicadores –dice Fr, Timothy Radcliffe-, debemos de reconocer la autoridad de unos para con otros.

Puesto que todavía no es posible reunir una comisión representativa de cada una de las ramas de la Familia Dominicana a escala internacional, el Capítulo exhorta al Maestro de la Orden a alentar el trabajo conjunto de los promotores de Familia Dominicana y a seguir propiciando encuentros y reuniones de coordinación con las otras ramas de la Familia.

Renuevan las exhortaciones del Capítulo de México para que se constituya a escala nacional y/o provincial, una conferencia integrada por los Superiores Mayores de los religiosos/as, por el Presidente del Consejo de las Fraternidades Laicales, y por los Representantes de los otros grupos de Laicos, con el fin de intercambiar informaciones y proyectos, y de favorecer así la colaboración y la misión común. Esta conferencia no tendría poder de jurisdicción sobre las entidades que la componen. La Conferencia deberá crear un Secretariado de Familia Dominicana y definirlo.

Se recomienda a los organismos de colaboración de Familia Dominicana que se tenga en cuenta la forma de compartir económicamente los costos. Que se celebre un día anual de la Familia Dominicana con el objetivo de hacer memoria de nuestra misión común. El Capítulo propone como fecha la del 7 de noviembre en la que se celebra al Fiesta de Todos los Santos de la Familia Dominicana, o en torno a ella.

Siguiendo las recomendaciones de la Asamblea de Manila, el Capítulo de Providence exhorta a los frailes e invita al resto de la Familia Dominicana a emprender nuevos gestos de solidaridad y a asumir juntos los siguientes objetivos:

  1. Justicia y Paz. Compartir informaciones, experiencias y métodos de acción, buscar qué podemos hacer en común asumiendo juntos el compromiso por la verdad. Para ello se contará con el apoyo y ayuda de los Promotores de Justicia y Paz.
  2. Formación: Se exhorta a los frailes y se recomienda al resto de la F.D a compartir y ofrecer los recursos de los que cada uno dispone para la formación permanente de todos. Se reconoce la experiencia de formación común de formadores, que se lleva a cabo en Asia-Pacífico, y se recomienda que esta experiencia sirva de ejemplo para otras regiones, incluyendo en estas experiencias, cuando sea oportuno, a los formadores del laicado dominicano.
  3. Pastoral Juvenil. Se recomienda a los frailes y se invita al resto de la Familia Dominicana a que la Pastoral Juvenil sea una opción prioritaria de la misión común. Así, los encargados de la misma en cada rama de la Familia Dominicana, tendrán que acrecentar la comunicación en el interior de la misma para mejorar este servicio.

Se recomienda a los miembros de la Familia Dominicana que, juntos, hombres y mujeres, asuman el ministerio de la predicación en temas como la familia, los valores sociales, el sentido cristiano de la economía y de la política, la formación de los jóvenes y en la elaboración y ejecución de programas de radio y televisión.

Por último, el Documento sobre la Familia Dominicana del Capítulo de Providence, se alegra por la vitalidad creciente de tantas Fraternidades Laicales y por la aparición de nuevos grupos de laicos por todo el mundo, aunque, dice el Capítulo, que a veces existe una preocupación de que estos nuevos grupos estén dejando al margen a las Fraternidades Laicales, si bien, añade el Capítulo, no puede haber rivalidades porque las Fraternidades Laicales tienen un papel irremplazable en la Orden, y cada uno de estos grupos vive, a su modo, los valores dominicanos básicos de oración, estudio, comunidad y predicación en diferentes ámbitos.

Se alegra también el Capítulo por las iniciativas que están llevando a cabo la Organización Internacional de las Hermanas Dominicas Internacionales. Agradece a los organizadores de la Asamblea Internacional de la Familia Dominicana de Manila y a la Familia Dominicana de Filipinas todos los esfuerzos realizados. Agradece al Promotor General de la Familia Dominicana el "Catálogo de experiencias de colaboración en la Familia Dominicana".

El Capítulo recomienda encarecidamente a los frailes que acompañen diligentemente a los laicos dominicos, en beneficio de ellos y de su misión, y que tengan la apertura generosa para acoger la riqueza que ellos les brindan desde la diversidad de su condición laical.

Como requisitos para el reconocimiento de los nuevos grupos de laicos dentro de la Familia Dominicana, el Capítulo de Providence recomienda a los frailes, basándose en las sugerencias de Capítulo de Bolonia, los siguientes puntos:

  1. Participar en la misión dominicana de predicar y enseñar la Palabra de Dios.
  2. Participación y colaboración activa en las realizaciones concretas de la misión local y universal de la Orden.
  3. Un gobierno que exprese la tradición democrática y comunitaria de la Orden.
  4. Comunidad de vida y oración, unidad en la plegaria con toda la Orden; formación y estudio para el ministerio de la salvación y las tareas apostólicas a las que han sido llamados.
  5. Conocimiento y apropiación de la historia de la Orden, de sus orígenes y espiritualidad.
  6. Adhesión a la misión de la Orden, aún sin hacer explícito ningún tipo de compromiso formal, o bien asumiéndolo progresivamente a través de promesas u otras formas de compromiso temporal o perpetuo.

También se recomienda al Promotor General del Laicado Dominicano que:

  1. El acompañamiento a los grupos de laicado sea estimulado por la creatividad teologal dominicana para lograr discernir comunitarimente la propia identidad de vida y misión de cada grupo.
  2. Que se ofrezcan las mejores posibilidades para su formación.
  3. Que se organicen encuentros internacionales de Delegados de Laicos Dominicos cuyo objetivo sea buscar la manera de promover el laicado; discernir las mejores estructuras que favorezcan el fin de elegir delegados laicos para participar en ciertas instancias de la Familia Dominicana donde todavía no están representados.

Y, concretamente, sobre el MOVIMIENTO JUVENIL DOMINICANO, el Capítulo de Providence hace las siguientes declaraciones:

1. El Capítulo asume íntegramente las declaraciones e intenciones acerca del MJD que se hicieron en el Capítulo de Bolonia.

  1. Exhorta a los frailes a que se informen sobre el MJD, lo den a conocer y consideren la posibilidad de integrar en él a los grupos juveniles en los que ellos trabajan.
  2. Exhorta a los promotores del Laicado Dominicano para que integren al MJD en las estructuras de promoción y organización del Laicado Dominicano y de la Familia Dominicana.

Ante todo este tipo de exhortaciones dirigidas a los Frailes, no cabe otra reacción que la sorpresa, por lo menos de la que suscribe este artículo, pues los miembros del MJD vivimos nuestro compromiso cristiano y dominicano desarrollando una vida comunitaria horizontal y compartida de igual a igual con los frailes y hermanas, que forman parte de la comunidad como uno más, no como alguien que "acompaña a los laicos". Es cierto que el principio del proceso es de "acompañamiento", pero cuando el grupo va dando pasos y asume ser y sentirse Comunidad, los frailes y hermanas pasan a ser un miembro más de la misma. O por lo menos, así se vive desde nuestro Movimiento.

Este tema no es nuevo para nosotros, miembros del MJD. Como afirma el Capítulo, son algunas las dificultades que han surgido con respecto al mismo, y, seguramente, esto ocurre porque no hemos sabido transmitir claramente nuestro sentimiento comunitario. "Comunidad" no necesariamente implica vivir juntos/as bajo un mismo techo, que también; sino que significa ser co-responsables de nuestra misión dominicana compartiendo oración, trabajo, estudio, predicación, bienes, tristezas y alegrías. Y todo esto desde la comunidad para poder revertirlo en nuestro caminar diario fuera, y al mismo tiempo, dentro de ella.

Sin embargo, si a los religiosos/as que pertenecen al MJD se les ha cuestionado por mantener un "doble vínculo" con la Orden, a los laicos se nos ha considerado como "la cantera" de las Fraternidades Laicales. Pues bien, no es por aquí por dónde sentimos nuestro camino. Admiramos, respetamos y nos sentimos unidos a las Fraternidades Laicales, pero nuestro anhelo de SER Comunidad de hermanas, frailes y laicos/as, no nos permitiría constituirnos como Fraternidad Laical.

Con respecto al "doble vínculo" de los religiosos/as miembros del MJD, pensamos que las divergencias surgen cuando se mira la pertenencia al MJD como algo incompatible con el estilo de vida religioso. Desde el MJD no entendemos por qué de esto surge un problema. Más bien lo vemos como un beneficio para toda la Familia Dominicana, pues la realidad es que en nuestras comunidades, oramos, estudiamos, predicamos y vivimos al estilo de Domingo en Familia Dominicana. Es posible que ese sea el siguiente paso a dar: cambiar la denominación de nuestro Movimiento, o crear una segundo escalón bajo la denominación de "Comunidades de Familia Dominicana" (por sugerir algo). En cualquier caso, pensamos que tanto la denominación como los problemas suscitados son lo de menos. Lo importante es que estamos haciendo camino juntos en misión. Y eso es lo que nos impulsa para seguir adelante con nuestro pequeño gran sueño.

Por otra parte, es comprensible que todo este asunto preocupe a los miembros de la Orden, pues en relación con los siglos que tiene la Orden, el MJD constituye una novedad, y lo cierto es que las novedades no siempre traen cosas buenas. Es lógico, que genere desconfianza. No obstante, somos conscientes de que no podemos tirar la toalla. En nosotros está demostrar a toda la Orden que queremos ser parte de ella. Y si tenemos que demostrarlo, lo haremos, pero lo haremos de una manera responsable. Por ello, es importante que abramos un periodo de reflexión personal y comunitaria dentro de nuestro Movimiento Juvenil Dominicano donde nos preguntemos, qué queremos, cómo queremos vivirlo y qué estructura vamos a darle.

Con respecto a las recomendaciones que los frailes hacen desde su capítulo a la Familia Dominicana, es importante que las estudiemos en nuestras comunidades para concretar la forma de llevarlas a cabo. Cada uno desde su ciudad, provincia o a escala estatal. Es importante que sepamos responder a todas estas exhortaciones en la medida de nuestras posibilidades, pues no tendría sentido estar reivindicando una vinculación más fuerte con la Orden, si después no trabajamos con ilusión; y en definitiva, es a esto a lo que nos sentimos llamados como dominicos y dominicas, a hacer de Dios el centro de nuestras vidas siguiendo el ejemplo de Domingo.

 
 Autor:  Maite Moreno i Fabra (MJD El Levantazo)