|
|
El Compartir Económico |
Entendiendo el tema del compartir económico dentro de un contexto más amplioen el que los cristianos estaos llamados a tomar opción por los más empobrecidos y marginados, desde una optica amplia de servicio y entrega, como cristal desde el que debemos mirar la realidad y como clave que defina nuestro vivir, vemos necesario, para una posterior interpelación introducir primero la definición de economía así como los diferentes modelos económicos que se postulan y poen en práctica en la realidad mundial en la que vivimos.
La Economía, como ciencia, surge de la necesidad de administrar los escasos recursos existentes en función de las necesidades de producción de bienes y servicios y con el objeto último de distribuir éstos entre los miembros de una sociedad. Vemos así que la economía surge como una ciencia social, preocupada por éste reparto; un error habitual es no considerar que las decisiones sobre temas económicos afectan a otras dimensiones de las personas y que estas decisiones deben ser situadas en un contexto más amplio. No puede llegarse al absurdo de que el planteamiento economista esté por encima de cualquier otro, dejando que el instrumento pase a ser un objetivo.
La forma de solucionar la distribución de los recursos y los bienes se ha desarrollado a través de diferentes propuestas económicas, propuestas que son reflejo de la sociedad que las sostiene y resultado de su evolución, así como modelo de la sociedad que se persigue. Para simplificar, podemos reducir a dos, sin incurrir en error grave, las corrientes económicas actuales que, proponiendo alternativas divergentes, pretenden, sin embargo, la misma intención: distribuir de modo eficaz los recursos de manera que se obtenga el máximo resultado posible en la satisfacción de las necesidades.
El primer grupo lo formarían los liberales, conservadores, clásicos, monetaristas, neoclásicos, neoliberales, etc. Todos tienen como tronco común la defensa del mercado como principal decisor. Todas las decisiones se resuelven por el libre juego de la demanda y la oferta, sin que el Estado deba intervenir, considerándose a éste como un agente perturbador, que introduce distorsiones y reservándole el único papel de regulador o árbitro que asegure las condiciones de libre competencia. Para todos ellos, sólo la iniciativa privada, a través de la búsqueda del máximo beneficio, hace que se obtengan los mejores resultados, siempre en condiciones de libre competencia, claro. Aquel que mejor lo hace es el que tendrá el éxito.
La otra corriente son los llamados intervencionistas, keynesianos, socialistas... que agrupa a aquellos que consideran que el libre mercado no asigna correctamente los recursos ni distribuye igualitariamente los bienes y servicios y es necesario que el Estado participe en la vida económica para solucionar o evitar los problemas que origina su funcionamiento. El planteamiento de fondo es la necesidad de una correcta utilización de los recursos y la distribución igualitaria de la renta y los bienes y servicios. Para ello el Estado deberá asumir la propiedad pública de determinados recursos introduciendo procesos de planificación para decidir qué se debe producir y cómo (regulando la existencia de empresas, precios, salarios mínimos...) Para distribuir la renta, los bienes y los recursos, utiliza el dinero de todos los ciudadanos (impuestos) e intenta garantizar una base mínima de nivel de vida para todos los ciudadanos (promoviendo la universalización de los derechos a la educación, salud, y protección social gratuitos y dirigidos a toda la población).
En cada corriente, por separado, existen diferencias a la hora de la puesta en práctica según las subcorrientes existentes y los diferentes países en los que se pretende llevar a cabo.
Con todo el progreso y el desarrollo, y a pesar de los avances
tecnológicos, no se ha logrado solucionar el problema de la distribución,
problema que, incluso, se ha agravado ya que la diferencia entre pobres y ricos
es cada vez mayor. El 80% de la humanidad vive en condiciones infrahumanas,
mientras que un 20% vivimos con el 80% de la renta mundial.
Para ver cual es la concepción cristiana de la economía nos fijaremos en qué actitudes hace Jesús más hincapié y con cuales identifica los valores fundamentales del Reino. Del estilo de Jesús hemos de sacar nuestro estilo para vivir los valores de la economía y del compartir.
El motor de la entrega y donación total de Jesús es el Amor; un amor que excluye la posesión para convertirse en donación desinteresada sin pedir nada a cambio: "Padre, tu me los confiaste; quiero que donde yo estoy estén ellos también conmigo y contemplen esa gloria mía que tú me has dado, porque me amabas ya antes de que existiera el mundo..." (Jn 17, 24)
Jesús vive con intensidad y valora las actitudes de:
LA GENEROSIDAD: Hay que ser generosos y espléndidos sin buscar recompensas. "Al que te pide dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda." (Mt 5, 42). "La esplendidez da el valor a la persona. Si eres desprendido toda tu vida vale; en cambio si eres tacaño toda tu persona es miserable. Y si por valer tienes solo miseria, !Qué miseria tan grande!"(Mt 6, 22-23). (otros textos Lc 11, 34-36; 12, 22-24).
EL SERVICIO: Servicio como donación y entrega de la persona, lo que es y lo que tiene). "No he venido a ser servido sino a servir" (Mt 20, 28). "Quien quiera ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos" (Mc 10, 35) (Otros textos, Lc 22, 26-27; Jn13, 4-15)
NO APEGO A LOS BIENES MATERIALES: que impide el encuentro con los demás y la construcción del Reino. "No andéis agobiados por la vida pensando que váis a comer o a beber, o con qué os váis a vestir." (Mt 6, 31) "Vende todos tus bienes, dalo todo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo" (Mt 19, 16-22); "No amontonéis riquezas en la tierra..." (Mt. 6, 19-21). "No podéis amar a Dios y al dinero" (Lc 16, 13). "Vended vuestros bienes y dadlo en limosnas" (Lc 12, 33-34)
CRITICA A LOS QUE OPTAN POR LA RIQUEZA: "Os aseguro que con dificultad entra un rico en el Reino de Dios" (Mt 19, 23-24); Lc 12, 13-21)
HUMILDAD: "Pedid y se os dará" (Mt. 7, 7)
Jesús nos ofrece su visión de sobre la economía
en el pasaje de la "multiplicación" de los panes y los peces, en Mc 6,
35-44. El pueblo siguió a Jesús hasta un lugar desierto y llegada
la hora del almuerzo Jesús sintió lástima por ellos. Se
presentan dos soluciones. La primera la dan los discípulos: "Despídelos
para que vayan y compren algo" Para ellos la solución está en
que cada uno se preocupe de su comida. Mediante la compra cada quien tendrá
según sus posibilidades económicas. Es la lógica del mercado,
la lógica socioeconómica dominante. Jesús en cambio les
dice: "Dadles vosotros de comer". Los discípulos sin terminar de comprender
le preguntan: ¿Cómo vamos a compra nosotros panes para todos?"
La segunda solución la da Jesús: les dice: ¿Cuántos
panes tenéis? Id a ver" O dicho de otro modo: ¿qué es lo
que tiene cada quién? La propuesta de Jesús exige un cambio: "dar"
en vez de "comprar" su alternativa es poner en común todo lo que haya
para compartirlo, es decir, la justa distribución de los bienes de producción
y de consumo. Es el milagro de la solidaridad. Jesús muestra una conciencia
comunitaria frente a la individualista. Pero aún podemos ver algo
más. Jesús no pide a unos cuantos que realicen el milagro por
sí mismos. Pide a todos que se recuesten (incluso a los esclavos a quien
se les estaba negado comer sentados, con este gesto los esta liberando), y que
se organicen por grupos.
Pide al pueblo que recupere su conciencia y se organice. El resultado: "todos
fueron satisfechos y sobraron doce canastos de pan."
Otro pasaje en la que se nos insiste en la naturaleza del compartir es cuando, en el Templo, ve echar limosna a una viuda pobre, a penas unos céntimos. (Lc 21, 1-4) "Os aseguro que esa pobre viuda ha echado más que todos, pues todos han echado de lo que les sobra; en cambio, ella ha echado de su indigencia todo lo que tenía para vivir". Compartir lo que nos es necesario y no lo que nos sobra.
También las primeras comunidades cristianas comprendieron el mensaje de Jesús y potenciaron actitudes de desprendimiento y compartir de los bienes económicos como medio de construcción de sus comunidades, y, por tanto, del Reino de Dios. (algunos textos: Hch 2, 44-47; Hch 4, 32; Hch6, 2-3; II cor 9, 1; St 2, 15-17; St 2, 5-7; I cor 13, 3; Jn 3, 7.)
El magisterio de la Iglesia a lo largo de su historia ha insistido
e insiste en que los creyentes y seguidores de Jesús podemos vivir al
margen de las angustias y las tristezas de las personas y nos hagamos solidarios
con ellos en el compartir de nuestros bienes.
La compasión de domingo fue determinada por su experiencia, en su casa, como estudiante en Palencia, y como predicador.
Toda su familia quedó afectada por la preocupación de su madre con los pobres. El hermano mayor de domingo, Antonio, dedicó su vida al cuidado de los pobres en una casa que ofrecía hospitalidad a Mendigos, peregrinos y eruditos.
En Palencia, Domingo, vende sus libros para dar lo que saca a los pobres, porque le costaba estudiar "sobre pieles muertas" mientras sus hermanos pasaban hambre.
Los pobres de Domingo eran las víctimas de hambre,
la esclavitud y la guerra, las víctimas de la pobreza material y la explotación,
privadas de su dignidad humana. Los pecadores y los que habían sido llevados
por el mal camino. Su compasión era algo más que un sentimiento
emocional. Era la respuesta al nivel de sentimientos y compromisos al ver las
necesidades de los demás. Solidaridad con el dolor ajeno. Nadie recibe
el don de compasión sino está dispuesto a sufrir por el de al
lado. Este contacto directo con el dolor fue el que hizo a Domingo optar por
la pobreza, no como un fin, sino como consecuencia de la voluntad de seguir
al evangelio: una pobreza evangélica, que permitirá traducir y
llevar a los pobres la buena Noticia. No es un ideal de perfección, sino
un testimonio en un siglo pobre, un testimonio contra el imperio del dinero,
el lucro y la guerra.
Es hora ya de que, como militantes cristianos, personalmente y como miembros de un movimiento de la Iglesia, veamos cómo vivimos, y como debemos vivir el valor de la compasión y nuestro compartir la vida y compartir económico.
La experiencia histórica hace pensar que resulta necesario el control social de los grandes medios de producción. Que la propiedad privada capitalista de dichos medios en el grado de concentración que hoy alcanza se conforma como fuente básica de explotación y dominación económicas. Es necesario experimentar nuevas formas de propiedad que tengan por sujeto decisivo a la comunidad. Este protagonismo de la comunidad en la propiedad social de los medios de producción es la mediación histórica de un principio que pertenece a la tradición cristiana más evangélica: "el destino universal de los bienes creados."
La economía debe ser un instrumento que ayude al justo reparto de la riqueza, al servicio de todas las personas y de todas las necesidades humanas, de todo el colectivo.
Es necesario señalar que no se trata sólo de crecer y distribuir sino de instaurar una nueva "racionalidad", una nueva lógica social que cuestione no sólo la propiedad de los medios de producción sino la finalidad de toda actividad económica, en la búsqueda de una sociedad igualitaria, justa y libre. Hay que cambiar el valor "tener" por el valor "ser".
Desde nuestro ser de cristianos y dominicos debemos estar dispuestos a plantear nuestro proyecto económico individual y grupal, entendido siempre dentro de nuestro proyecto general de vida (personal y grupal, también) El compartir debe ser una actitud que afecte a todas las dimensiones de nuestra vida y de la vida del Movimiento, (inquietudes, experiencias, lagunas, tiempo, personas, dinero, cosas materiales,...)
Debemos tener presente la opción por los más empobrecidos y marginados; si nos planteamos la economía, personalmente y/o en el grupo, y lo hacemos desde el evangelio, la propia austeridad de vida y el servicio a los oprimidos debe ser el prisma desde donde veamos la realidad.
Este proyecto tendremos que vivirlo:
1.- Desde la Buena Noticia de Jesús, la construcción
del Reino y la cercanía a los pobres, rechazando el egoísmo y
el
individualismo, con una presencia comprometida y evangelizadora, desde unas
perspectivas comunitarias que alberguen
todas las dimensiones de vida de la persona.
2.- Desde nuestra opción por el mundo de los jóvenes, al que aportamos tiempo, dedicación, reflexión y dinero.
3.- Desde la experiencia de que el MJD es nuestro. Si de verdad queremos ser autogestionarios, debemos caminar, aunque sea lentamente, hacia la autofinanciación.
4.- Desde la rica tradición dominicana de la Misericordia, que nos lleva al servicio de los marginados.
5.- Desde nuestra experiencia de ser Pueblo de Dios, y, por tanto, compartiendo con los más necesitados.
6.- Desde el desprendimiento y la generosidad porque descubrimos que sólo somos administradores de los bienes creados.
7.- Con sencillez y alegría, como una donación personal y voluntaria integrada desde nuestra tarea evangelizadora.
8.- Con humildad, poniendo al servicio de los demás lo poco o mucho que puedo dar o recibir.
9.- Sin desear el protagonismo personal por nuestra "generosidad" o por lo "poco" que podemos.
10.- Dejándonos interpelar por la comunidad.
11.- Con seriedad, responsabilidad y constancia: "Que vuestro 'sí' sea un 'Sí' y vuestro 'no' sea un 'no' " (Mt5, 37)
Cada uno de estos puntos entrañan una serie de interrogantes personales y grupales que debemos reflexionar.
Por ejemplo:
¿Es el amor de Jesús el que nos mueve a actuar comprometidos desde el Evangelio?
¿Entendemos el sentido la Misericordia?
¿Hemos descubierto el M.J.D. como algo nuestro y por eso aportamos en el, de forma equilibrada, ilusión tiempo y dinero?
¿Es nuestro servicio a los demás verdaderamente gratuito?
¿Es generador de felicidad para nosotros mismos ?
¿Qué entiendo yo por dinero?
(Para la realización de tema central se ha tenido en cuenta gran parte del trabajo preparado para la Comunidad Juvenil Virgen de Atocha)
| Autor: | Equipo de Redacción del Boletín |