|
|
Colabora y aprende del Sur |
Así de rotunda fue la respuesta de Julius Nyrere, expresidente de Tanzania, a la pregunta que le hizo Leslie Kirkley de Oxfam (ONG británica que hoy agrupa a varias ONG´s de diferentes paises, entre ellas Intermon en España).
Frases como esta vienen a replantear desde hace tiempo la labor que las ONG´s para el desarrollo llevan a cabo en diferentes países. La traigo a colación porque aborda un tema que en los últimos meses me está provocando muchos quebraderos de cabeza: el de la eficacia y la orientación de la cooperación al desarrollo.
Como muchos sabéis, este verano he estado en Togo, un pequeño país de África Occidental, situado a orillas del golfo de Guinea. Estuve allí como cooperante de Setem, una ONG dedicada a la educación para el desarrollo y la formación de voluntarios.
En el mes que duró nuestra estancia en Togo, tuvimos ocasión de conocer la capital, Lomé, y otras poblaciones, así como de convivir con los habitantes de Yokelé, un pueblo de unos mil habitantes del sudoeste de Togo. En este pueblo, trabajamos en la construcción de un instituto para los chavales de Yokelé y las aldeas de los alrededores, y provechamos para contactar con las diferentes ONG´s que trabajan en la zona, y, sobre todo, con las asociaciones y cooperativas del pueblo, que son las que verdaderamente están trabajando por mejorar sus condiciones de vida.
Es asombroso comprobar como, a pesar de no tener medios materiales, la gente se organiza para trabajar los campos, para procurarse medicinas, para conseguir tizas para la escuela o pagar a los profesores, o simplemente para conseguir un balón de fútbol para que el equipo del pueblo pueda jugar.
Por otro lado, llama mucho la atención la hospitalidad de los togoleses, que en todo momento nos han dado lo mejor que tenÌan, aunque ello les supusiera mayores privaciones.
Ante estas situaciones, es casi inevitable plantearse el papel que los voluntarios como nosotros estamos desempeñando allí. Desde luego, la construcción del instituto no era más que una excusa para trabajar con ellos y compartir sus problemas, porque cuando volvimos todavía no estaba terminado (además, manejando el machete y la azada, cualquier habitante de Yokelé nos da mil vueltas).
Por estas razones, tanto antes como durante y, sobre todo, después del viaje surgen preguntas del estilo de: ¿qué pinto yo aquí? ¿realmente estamos ayudando? ¿no sería mejor dedicar el dinero que cuesta el viaje a financiar algún proyecto?
En realidad, Julius Nyerere no estaba poniendo en duda la labor de los cooperantes, sino que iba un poco más allá: es toda la estructura de la cooperación al desarrollo la que se ponía en cuestión. Y lo peor es que tenía razón, y eso es precisamente lo que en estos momentos, a los voluntarios de ONG´s como Setem nos anima a trabajar, porque estamos convencidos de que las relaciones Norte-Sur (ya sean comerciales, políticas, culturales...) son tremendamente injustas, y que esas injusticias las provocan nuestras propias actitudes y nuestra forma de vida en el Norte. Por eso, en mi opinión, cualquier proyecto que se lleva a cabo por parte de una ONGD tiene sentido, sobre todo, en la medida en que sirve también para denunciar una situación y para inquietar a nuestras conciencias.
En los últimos meses he tenido que responder muchas veces a la pregunta de: ¿Y qué has hecho allí, en Togo? Y, cada vez que intento responder, me resulta muy difícil explicar que el objetivo era, simplemente, tocar con los dedos la realidad de allí para poder trabajar mejor desde aquí por un cambio sostenible. Lo cierto es que muchas veces los cooperantes estamos quizás demasiado animados por la ilusión de lo que vamos a hacer allí como para reconocer que, realmente, es un trabajo que no vale para (casi) nada en sí mismo. Sin embargo, el trabajo que hacemos aquí, o los pequeños cambios que vamos dando en nuestras actitudes, aunque es menos agradecido, tiene un valor mucho mayor.
Estas reflexiones (que, en realidad, cualquier cooperante se plantea) cobran una nueva fuerza cuando se examinan desde la fe que compartimos en la Comunidad. Una Comunidad que nos invita a replantearnos nuestra vida y nuestras relaciones con el entorno en clave cristiana. Por eso, el apoyo (y algún hachazo fraterno) de la Comunidad ha sido vital para que el viaje a Togo no se quede sólo en una experiencia que contar a los amigos, sino que me remueva y me empuje a cambiar de actitud. Este cambio de actitud se refleja en uno de los slogan de Setem: "Colabora y aprende del Sur". Solemos quedarnos con la primera parte de la frase, sin darnos cuenta de que para colaborar con ellos es necesario, antes de nada, que seamos capaces de aprender de ellos.
Efectivamente, los amigos que he hecho en Togo me han enseñado muchas cosas, pero no sólo sobre cooperación o sobre la situación del país. Lo que más me ha calado ha sido precisamente su actitud ante la adversidad, su trato con la gente, su hospitalidad, su sencillez o su forma de acercarse a Dios. De todo ello podríamos aprender muchísimo si no intentáramos imponer nuestro modelo de desarrollo.
Aprender del Sur significa que seamos capaces de aceptar que nuestro estilo de vida y nuestra sociedad no son necesariamente los mejores posibles, y que colaborar no es sólo ayudarles, sino, en el fondo, mejorar nuestra propia vida para construir juntos el Reino de Dios.
| Autor: | Alán Rives (MJD Atocha) |