El agradecimiento de los humildes

En esta vida, todos -grandes o pequeños- necesitamos a los demás. Es cierto que no hay que hacer el bien para recibir, a su tiempo, algo en pago. Pero sucede a menudo que lo recibimos. Y ello nos indica que la generosidad suscita generosidad y enriquece nuestra existencia.

El león y el ratón

Un día en que el León estaba dormido, un ratón pasó corriendo por su cara. El león se despertó con un rugido y atrapó al ratón entre sus patas. El ratón, asustado, temió estar a punto de morir y suplicó por su vida.

-¡Por favor, grande y poderoso león, por favor, deja que me vaya! Devuélveme mi libetad y un día yo te recompensaré por tu generosidad.

Al león le sorprendió tanto que el diminuto, tembloroso y atemorizado ratón pensara que podía ayudar a alguien tan grande, fuerte y osado como él que soltó una gran carcajada y dejó que el ratón se fuera.

Algún tiempo después cuando el ratón corría de un lado a otro entre la maleza, oyó rugir al león. Le pareció como si el león tuviera algún tipo de problema y fue a ver si podía ayudarle. El león estaba atrapado en la red de un cazador y no podía escapar.

-No hay nada que tu puedas hacer para ayudarme- dijo el león tristemente al ver al ratón-. Cuando los cazadores vuelvan con sus lanzas me matarán.

-Aún no ha llegado tu último día- dijo el ratón. Y comenzó a mordisquear la red con sus afilados dientecitos. Pronto hizo un agujero lo suficientemente grande como para que el león pudiera salir.

-Tenías razón- dijo el león cuando los dos corrían para ponerse a salvo-. Hay veces que los débiles pueden ayudar a los fuertes.

 
 Autor:  Grupo Juventud Véritas (Sta. Cruz de Tenerife)