Humor

"Una sonrisa por favor"

 

“No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.” (Robert Louis Stevenson)

 

 

1. Introducción

Los chistes son algo así como las cosquillas de sentido del humor. Ellos, nos ayudan a sonreír cuando

surgen espontáneamente en nuestras conversaciones; nos arrancan una carcajada cuando menos lo esperamos,

y nos ayudan a asumir deportivamente las diversas situaciones que cotidianamente nos salen al paso, y que no

siempre serían acogidas con regocijo sin un poco de creatividad humorística.

Los chistes, las bromas, las ocurrencias etc., son recursos al abasto de todo el mundo para poner un poco de sal en las relaciones, o si se prefiere, el recurso para endulzar la vida; para acortar las distancias; para destruir muros de solemne frialdad, y para desenmascarar al niño que todos llevamos dentro y al que no siempre dejamos corretear con libertad y espontaneidad en nuestras conversaciones de “personas adulta y serias”. Son, también, por qué no decirlo, la excusa para expresar nuestra alegría y nuestra manera de pensar; para fomentar encuentros entrañables y relaciones distendidas y cordiales... Son también el infalible medio que nos permite superar nuestra timidez.

Hay que decir que los chistes y las bromas que hacemos o nos hacen, en no pocos casos, son la caricatura de nuestras rarezas, de nuestros sutiles complejos; el espejo de nuestros inconfesados miedos y fantasmas con los que no siempre nos gusta convivir. Precisamente por eso, son la medicina que puede curarnos, y que de hecho nos ayudan a aceptarnos como somos... a ser nosotros mismos y a ¡estar orgullosos de ser cómo somos!

Si el sentido del humor con todas sus variantes se colara en la agenda de nuestras  obligaciones y en la maleta de nuestra vida, ésta nos sería no sólo más llevadera, sino también más agradable, porque bajo su influencia morirían las malas hierbas que nos amargan la existencia.

Los chistes, el sentido del humor, las risas y sonrisas, y las carcajadas, no hacen la felicidad, -que es la principal tarea de los humanos- pero son, sin duda, un condimento necesario para que “el plato fuerte de la vida” nos sea cada vez más apetecible.

Esta página de Chistes o de “Humor paliativo” pretende contribuir a borrar la sombra de tristeza que oscurece tantos rostros que agonizando deambulan por la vida; quiere ser un granito de arena, aportado con ilusión, a la gran construcción del edificio de nuestra propia felicidad, que es el fundamento insustituible de la edificación de un mundo mejor, más fraterno y solidario, más habitable; un mundo que sueño poder pintar con una sonrisa de oreja a oreja.

Pero, en esto del sentido del humor, no todo es válido ni tan siquiera todo se justifica. Hay un principio que no falla y que antes de comenzar la lectura de estas páginas quisiera recordar:

Reírnos de nosotros mismos es saludable.

Reírnos con la gente, es genial.

Reírnos de la gente, es criminal.

 

Con estas convicciones y propósitos ofrezco estas página, pidiendo perdón por si alguien se siente ofendido –no es mi intención-[1] y agradeciendo a los muchos autores de los chistes y frases que no cito por desconocer, ya que éstos, en su gran mayoría pertenecen a la “tradición oral-popular”, esa que se transmite de boca a oído y que da la vuelta al mundo sembrando ocurrencias y alegrías a su paso.

 

Finalmente me tomo la libertad de transcribir, como preámbulo de estas páginas, dos textos que en gran medida han sido los motivadores de que estos chistes vieran la luz en este libro: Uno de mi compatriota Jorge Luis Borges, quien convencido de que la vida se construye con “instantes”, nos invita a “vivir la vida” en el pleno sentido de las palabras; el otro “La risa: terapia con mucho humor”, del libro “Saludablemente bien”[2] que escribí hace unos años con mis amigos los doctores Jordi Forés y María Pérez.

María Lucía Caram O.P.

Instantes

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.

En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.

Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.

Correría más riesgos, haría más viajes.

Contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares a donde nunca he ido,

comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro

que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver a tras trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben de eso está hecha la vida, sólo de momentos, no te pierdas el ahora.

 

Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,

un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

 

Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.

 

Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

 

Jorge Luis Borges

 

La risa: terapia con mucho humor

 

“El más útil de todos los días,

es aquel en el que nos hemos reído”

Chahmfort –Maximes et penseés-

 

¡Cuantas veces hemos visto caras largas, malhumoradas, serias al limite de desencajarse la expresión alrededor nuestro! Cuántas veces nos hemos enojado ante un comentario de un amigo que tan solo quería animarnos ante una situación que nos había salido realmente mal. Y tantas y tantas situaciones en la vida que nos llevan siempre a un estado de seriedad contagiosa.

 

Hemos de intentar saber reírnos con los demás y nunca reírnos de los demás. Hemos de aprender a reírnos de nosotros mismos, de esas situaciones, que nos pasan a veces, ridículas y que cualquier comentario al respecto las vuelve incluso agresivas.

 

"Reírse es una gran terapia. Intenten arrancar una sonrisa al niño enfermo que está postergado en su cama, y verán cómo mejorara más rápido de su dolencia.

 

"Intenten arrancar una sonrisa a aquel paciente incurable y verán cómo hacen su existencia más humana y llevadera.

 

"Intenten arrancar una sonrisa al amigo, al compañero de trabajo, a la persona anónima que a veces nos encontramos por nuestro camino, y verán que además de alegrarles el día, ustedes mismos tendrán un día más alegre, más sano, y más humano.

 

"Uno se siente realmente bien cuando consigue arrancar una sonrisa.

 

"Uno se siente bien cuando en vez de enfadarse consigo mismo por una situación ridícula, se ríe a carcajada suelta.

 

"Con un poco de practica y voluntad


[1] Los chistes de maños, gallegos, andaluces, catalanes, argentinos, madrileños, y otros, pueden ser perfectamente transformables a situaciones y personajes. Estas denominaciones son tópicos adaptables según venga “a cuento”.

[2] Saludablemente bien, la homeopatía y la humanización de la medicina. Edibesa 1999.