"Una sonrisa por favor"

1.
Introducción
Los chistes son algo así como las cosquillas de sentido del humor. Ellos, nos ayudan a sonreír cuando
surgen espontáneamente en nuestras conversaciones; nos arrancan una carcajada cuando menos lo esperamos,
y nos ayudan a asumir deportivamente las diversas situaciones que cotidianamente nos salen al paso, y que no
siempre serían acogidas con
regocijo sin un poco de creatividad humorística.
Los chistes, las bromas, las
ocurrencias etc., son recursos al abasto de todo el mundo para poner un poco de
sal en las relaciones, o si se prefiere, el recurso para endulzar la vida; para
acortar las distancias; para destruir muros de solemne frialdad, y para
desenmascarar al niño que todos llevamos dentro y al que no siempre dejamos
corretear con libertad y espontaneidad en nuestras conversaciones de “personas
adulta y serias”. Son, también, por qué no decirlo, la excusa para expresar
nuestra alegría y nuestra manera de pensar; para fomentar encuentros entrañables
y relaciones distendidas y cordiales... Son también el infalible medio que nos
permite superar nuestra timidez.
Hay que decir que los chistes y
las bromas que hacemos o nos hacen, en no pocos casos, son la caricatura de
nuestras rarezas, de nuestros sutiles complejos; el espejo de nuestros
inconfesados miedos y fantasmas con los que no siempre nos gusta convivir.
Precisamente por eso, son la medicina que puede curarnos, y que de hecho nos
ayudan a aceptarnos como somos... a ser nosotros mismos y a ¡estar orgullosos
de ser cómo somos!
Si el sentido del humor con
todas sus variantes se colara en la agenda de nuestras
obligaciones y en la maleta de nuestra vida, ésta nos sería no sólo más
llevadera, sino también más agradable, porque bajo su influencia morirían las
malas hierbas que nos amargan la existencia.
Los chistes, el sentido del
humor, las risas y sonrisas, y las carcajadas, no hacen la felicidad, -que es la
principal tarea de los humanos- pero son, sin duda, un condimento necesario para
que “el plato fuerte de la vida” nos sea cada vez más apetecible.
Esta página de Chistes o de
“Humor paliativo” pretende contribuir a borrar la sombra de tristeza que
oscurece tantos rostros que agonizando deambulan por la vida; quiere ser un
granito de arena, aportado con ilusión, a la gran construcción del edificio de
nuestra propia felicidad, que es el fundamento insustituible de la edificación
de un mundo mejor, más fraterno y solidario, más habitable; un mundo que sueño
poder pintar con una sonrisa de oreja a oreja.
Pero, en esto del sentido del
humor, no todo es válido ni tan siquiera todo se justifica. Hay un principio
que no falla y que antes de comenzar la lectura de estas páginas quisiera
recordar:
Reírnos de
nosotros mismos es saludable.
Reírnos con
la gente, es genial.
Reírnos de
la gente, es criminal.
Con
estas convicciones y propósitos ofrezco estas página, pidiendo perdón por si
alguien se siente ofendido –no es mi intención-[1]
y agradeciendo a los muchos autores de los chistes y frases que no cito por
desconocer, ya que éstos, en su gran mayoría pertenecen a la “tradición
oral-popular”, esa que se transmite de boca a oído y que da la vuelta al
mundo sembrando ocurrencias y alegrías a su paso.
Finalmente
me tomo la libertad de transcribir, como preámbulo de estas páginas, dos
textos que en gran medida han sido los motivadores de que estos chistes vieran
la luz en este libro: Uno de mi compatriota Jorge Luis Borges, quien convencido
de que la vida se construye con “instantes”, nos invita a “vivir la
vida” en el pleno sentido de las palabras; el otro “La risa: terapia con mucho humor”, del libro
“Saludablemente bien”[2]
que escribí hace unos años con mis amigos los doctores Jordi Forés y María Pérez.
María Lucía
Caram O.P.
Instantes
Si pudiera
vivir nuevamente mi vida.
En la próxima
trataría de cometer más errores.
No intentaría
ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más
tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos
higiénico.
Correría más
riesgos, haría más viajes.
Contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares a donde nunca he ido,
comería más
helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro
que tuve
momentos de alegría.
Pero si
pudiera volver a tras trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo
saben de eso está hecha la vida, sólo de momentos, no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,
un paraguas y
un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera
volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y
seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más
vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven,
tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
Jorge
Luis Borges
La risa:
terapia con mucho humor
“El más útil de todos los
días,
es aquel en el que nos hemos
reído”
Chahmfort
–Maximes et penseés-
¡Cuantas
veces hemos visto caras largas, malhumoradas, serias al limite de desencajarse
la expresión alrededor nuestro! Cuántas veces nos hemos enojado ante un
comentario de un amigo que tan solo quería animarnos ante una situación que
nos había salido realmente mal. Y tantas
y tantas situaciones en la vida que nos llevan siempre a un estado de seriedad
contagiosa.
Hemos de intentar saber reírnos
con los demás y nunca reírnos de los demás.
Hemos de aprender a reírnos de nosotros
mismos, de esas situaciones, que nos pasan a veces, ridículas y que
cualquier comentario al respecto las vuelve incluso agresivas.
"Reírse es una gran terapia. Intenten arrancar una sonrisa
al niño enfermo que está postergado en su cama, y verán cómo mejorara más rápido
de su dolencia.
"Intenten arrancar una sonrisa a aquel paciente incurable y
verán cómo hacen su existencia más humana y llevadera.
"Intenten arrancar una sonrisa al amigo, al compañero de
trabajo, a la persona anónima que a veces nos encontramos por nuestro camino, y
verán que además de alegrarles el día, ustedes mismos tendrán un día más
alegre, más sano, y más humano.
"Uno se siente realmente bien
cuando consigue arrancar una sonrisa.
"Uno se siente bien cuando en vez
de enfadarse consigo mismo por una situación ridícula, se ríe a carcajada
suelta.
[1]
Los chistes de maños, gallegos, andaluces,
catalanes, argentinos, madrileños, y otros, pueden ser perfectamente
transformables a situaciones y personajes. Estas denominaciones son tópicos
adaptables según venga “a cuento”.
[2] Saludablemente
bien, la homeopatía y la humanización de la medicina. Edibesa 1999.