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UN POCO DE HISTORIA |
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Fecha del edificio... |
Nos
dice Joaquim Sarret i Arbòs: "... Si algún excursionista visitante de
nuestra Ciudad pasa por el camino viejo que va al Puente de Vilomara, a
las afueras, cerca de la casa de la Culla y camino de Viladordis, sin
duda quedará parado por la vista de un edificio convento que tiene en el
centro de sus viejos muros una puerta románica cuya antigüedad es muy
superior al resto del edificio. Los mismos escritores que se han
dedicado a las investigaciones arqueológicas han encontrado en esta
puerta románica un motivo para explayar sus aficiones, dando cada uno su
dictamen sobre lo que significa aquel monumento situado en la parte alta
de las afueras de la Ciudad...
Algunos escritores han dado curso a su
fantasía diciendo, sin demasiado fundamento, que aquel edificio,
particularmente la Iglesia, sin duda tiene dos mil años de existencia y
que fue un pretorio romano"
Una capilla dedicada a San Blas y San
Lázaro
Según el mismo autor: "No hay que ir tan lejos para fijar la antigüedad
y el uso de dicha puerta románica y del monasterio".
Antes del año 1369 en que se hizo el camino real de Manresa a Barcelona,
pasando por el Puente de Vilomara, toda la barriada de Santa Clara y la
Culla era un lugar solitario. En medio del bosque, en un frondoso paraje
se encontraba ya en el siglo XIII una capilla dedicada a San Blas y San
Lázaro que hizo construir un tal Guillerm de Condomina, recto del
cercano santuario de Viladordis". Esta capilla era atendida por dos
capellanes que vivían de las limosnas y legados que los cristiano hacían
en sus testamentos.
Posiblemente, nos dicen los entendidos, había un Lazareto -hospital
de leprosos- en la actual nave gótica del convento. Aunque no hay
documentación suficiente al respecto, esto queda avalado por su
estructura, por el hecho de estar detrás, precisamente de una capilla de
los patronos de los enfermos de la lepra, San Blas y San Lázaro, y por
la ubicación del edificio: a las afueras de la ciudad, donde
habitualmente se situaban los hospitales de este tipo. |
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El convento de Santa Clara |
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En el año 1326 era construido el convento de Santa Clara
y habitado por las "hermanas menores". Formaban la comunidad la abadesa
y otras cinco monjas, bajo la obediencia del Ministro General de la
Orden los Frailes menores. En 1346 el número de religiosas era de
dieciséis, pero la comunidad disminuyó considerablemente a comienzos del
siglo XV. A principios del siglo XVI integraban el Capítulo alrededor de
media docena de monjas: en 1564 quedaron reducidas a dos.
Los
consejeros de la ciudad trataron entonces de obtener ayuda del
Monasterio de Monjas Dominicas de Nuestra Señora de los Ángeles de
Barcelona para repoblar el de Manresa, no llegándose a ningún acuerdo.
Intentaron, sin mejor resultado otras ayudas dentro de la Orden de San
Francisco, pero sin éxito.
La última monja clarisa, Sor Jerónima Parés -o Peres-, murió el 13 de
enero de 1599. Los concejales de Manresa dirigieron entonces su mirada
hacia la orden carmelitana, pero tampoco las hijas de Santa Teresa
llegaron a ocupar el deshabitado Monasterio. |
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Nuestra
Señora de los Ángeles |
De Nuestra Señora de los Ángeles y
Santa Clara
Los manresanos no se resignaban a que aquel monasterio
continuara muerto y sin monjas porque él había acompañado la vida de la
ciudad desde hacía trescientos años. Por eso, llamaron nuevamente a las
puertas del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de Barcelona,
situado en la plaza del mismo nombre en un lugar céntrico de la ciudad
Condal. El 27 de febrero de 1602 se firmó un acuerdo sobre la fundación
y dotación del monasterio. El obispo de Vic lo erigió de nuevo el 17 de
marzo del mismo año. Las monjas dominicas se comprometían a vivir allí
en perpetua pobreza, castidad y obediencia, bajo la jurisdicción
episcopal. A partir de entonces, podrían valerse de los bienes del
monasterio, Iglesia y todos los muebles e inmuebles que pertenecían a
las clarisas. |
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Las monjas dominicas en Santa Clara |
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El códice Canyelles dice: "El veinte de julio de 1602,
partían de esta ciudad de Manresa hacia Barcelona, en nombre y parte de
la ciudad de Manresa, cuatro ciudadanos honrados y dos eclesiásticos
para acompañar las cinco religiosas del monasterio de Nuestra Señora de
los Ángeles de la ciudad de Barcelona al monasterio de Santa Clara de la
ciudad de Manresa. Antes de salir de la ciudad de Barcelona, las monjas
se despidieron de las religiosas de los diferentes monasterios de la
ciudad, derramando lágrimas a la despedida. Antes de llegar a la ciudad
de Manresa, fueron al santuario de la Virgen de Montserrat. Teniendo
noticias la ciudad de Manresa de la llegada de las monjas a Montserrat,
partieron cerca de setenta personas para acompañarlas". Desde principios
del siglo XIV, 1318, estaban ya en la ciudad de Manresa los frailes
dominicos en el convento de San Pedro Mártir.
El veintiséis de julio
entraron en la ciudad. Al día siguiente fueron a la Catedral de la Seu
de Manresa. Después de un oficio solemne, las autoridades y el pueblo
acompañaron a las monjas al monasterio en procesión; a ella se sumaban
todas las cofradías con sus respectivos estandartes y luminarias, el
clero con sus capas y bordones; los consejeros de la ciudad llevaban el
palio y los clérigos el Santísimo Sacramento de la Catedral para dejarlo
en el monasterio. Instaladas las monjas dominicas, el monasterio toma el
nombre de Convento de Nuestra Señora de los Ángeles y Santa Clara. Se
hicieron diversas obras de restauración y remodelación para acoger a las
nuevas monjas que solicitaban formar parte de esta comunidad para
consagrarse a Dios en la Orden de predicadores como monjas
contemplativas.
La iglesia antigua de San Blas y San Lázaro fue objeto de importantes
mejoras, se agrandó el presbiterio del altar mayor, donde además se puso
un altar a Nuestra Señora de los Ángeles y a Santo Domingo, que quemaron
los franceses el día de su entrada en Manresa el año 1811. |
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La Comunidad de monjas hoy |
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La comunidad de monjas dominicas, actualmente, está
integrada por siete monjas que en sintonía con el proyecto de Santo
Domingo y en comunión con la Iglesia procuran vivir su vida
contemplativa solidarizándose, desde la oración y la cercanía con toda
la humanidad, especialmente con los más necesitados.
En el año 1987,
un tornado dejó prácticamente en ruinas el edificio del convento en el
que las monjas vivían en condiciones muy precarias. En aquel momento se
planteó nuevamente el cierre del mismo, y éste era inminente. Se formó
una comisión de ciudadanos de Manresa, de miembros del Obispado de Vic y
de amigos de la comunidad que intercedieron ante las autoridades de la
Federación, a la que pertenece el convento, para que éste no se cerrara
porque formaba parte de la vida de la ciudad y de los Manresanos.
Se sucedieron años duros d trabajo y de obras de gran envergadura. En
medio de la difícil situación de la Comunidad, nunca faltó la
solidaridad de los manresanos, que junto a la de comunidades y amigos de
la Orden de los Dominicos y, particularmente, a los conventos de la
Federación de la Inmaculada, -mención especial Santa Catalina de
Córdoba, Argentina- hicieron posible la restauración del edificio que
hoy habita la comunidad, y que tiene una significativa presencia orante,
en la ciudad de Manresa. |
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Las monjas
ante el tercer milenio |
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Estamos convencidas que la misión de las monjas
dominicas -de la Orden de Predicadores- es, no sólo la de orar a Dios
por todo el mundo y alabarlo en nombre de toda la creación, sino también
la de crear espacios de oración donde todo el que desee pueda encontrar
un lugar de paz y una comunidad que con su presencia acogedora y con su
oración confiada, ofrezca espacios donde la voz de Dios resuene con
fuerza; donde el compromiso personal y social se fundamente con firmeza
en los valores del Evangelio; donde la relación personal con Dios sea
fundamental.
Por eso apostamos por la promoción y la renovación de
nuestra vida y de nuestra presencia como signo de Dios que vive en medio
de nuestro pueblo:
¿Cómo?
Nos proponemos acoger la celebración del tercer milenio con la
creación y promoción de espacios de oración y silencio, especialmente
para los jóvenes, por medio de:
-
Acompañamiento en el
camino de la oración: Celebración de convivencias.
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Encuentros que
inviten a la oración personal.
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Celebración abierta y
participativa de la liturgia y la oración de la comunidad con todos
los que lo deseen.
En comunión con todo el pueblo de Dios deseamos que nuestra casa sea
la casa de todos, donde todos puedan encontrarse consigo mismos, y
puedan encontrar a Dios que habla en el silencio. |
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