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Cada día se va viendo con mayor claridad las causas de los problemas graves que padece nuestra sociedad.
Hay quienes centran la causa y el origen de todos los males, especialmente los económicos y sociales, en el despilfarro continuo y acumulado. Hemos engordado demasiado en poco tiempo. Siempre hemos tenido prisas. La sociedad opulenta es la sociedad de las prisas.
Hay una culpabilidad colectiva; también hay culpabilidades concretas y especiales. Estas últimas gozan de la oscuridad.
Colectiva, en cuanto todos, también nosotros, nos hemos pasado de velocidad, y me da la impresión que seguimos pasándonos. Se pueden poner muchos ejemplos: desde las construcciones suntuosas, hasta el modo cotidiano de vivir, con una tendencia a la opulencia más que a la austeridad.
Recuerdo lo que tanto nos repetían en la niñez, niñez pobre: se nos invitaba a que nos acostumbráramos al hambre, a la guerra y a la enfermedad. ¡¡Vaya si pasamos hambre y guerra!! Pero ese aprendizaje ni lo hemos practicado ni lo hemos enseñado. Al contrario: vivir lo mejor que podamos.
Este globo, el de la opulencia, se ha inflado demasiado. ¡La famosa burbuja! Creándose un problema serio.
La mayoría de los pensadores, los entendidos, no lo tienen nada claro. Hoy no lo tiene claro nadie. ¿Razón? Es un sistema que no se sostiene.
La búsqueda de un buen vivir, engordar, gozar, tratamientos para adelgazar (locura bastante extendida), no conduce a ninguna parte. No se quiere (o quería) pensar ni practicar una idea fundamental: es imposible el crecimiento indefinido. Es más, los más opulentos raramente se acordaban de los millones de hambrientos.
Hoy nos hacemos cruces cuando reflexionamos en las responsabilidades tan serian que han sido puestas en manos débiles, en pasos demasiado vacilantes.
En esta responsabilidad estamos todos los que hemos tenido "un duro". No tienen ninguna culpa aquellos que nunca lo han tenido. Por eso tienen derecho a gritar. A ellos ¡¡no les va a pasar nada!! Ya pasan bastante penuria.
En esta página se habla, con acierto, de la olvidada austeridad. La grave responsabilidad de los que más tienen. Y la urgencia de lo que es más justo: que el que roba devuelva. En el bien común y en el bien de cada persona lo que se roba está clamando porque se cumpla la justicia.
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