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La imperante crisis económica mundial, la actual crisis de la moneda única en la UE, la dificilísima situación económica en España (EREs, millones de parados, jóvenes con empleos precarios, etc.), tienen un amplio conjunto de problemas éticos. Dichos problemas han sido abordados en el cine. El cine indie norteamericano espabiló muy pronto, documentalistas como Charles Ferguson filmaron Inside job, e incluso productoras de cierto peso han estrenado trabajos como Margin call. ¿Y en España? Pues también ha habido cineastas que han reaccionado con rapidez. El último ha sido Alex de la Iglesia, que nos ofrece su propia visión del aquí y del ahora en La chispa de la vida. Max Lemcke en su Cinco metros cuadrados, nos mostró cómo la crisis inmobiliaria destroza familias.
En el fondo, todas estas películas hacen un retrato de la condición humana, en el que la ambición desbocada y falsedad de la cual hacen gala unos pocos hace cómplices a muchos cuando hay dinero por medio y facilidad para lavarse las manos. Codicia, avaricia, corrupción (de las personas, de las instituciones y del sistema), mentira, falsedad (en público se dice una cosa y en privado otra), manipulación, ocultamientos, mala fe, afán por triunfar a cualquier precio, por promocionarse y ser reconocido, grandes salarios, indemnizaciones enormes, lujos carísimos (casas, coches, drogas, prostitutas,…), desprecio flagrante del impacto que los actos pueden tener en la sociedad o en sus familias, etc. En pocas palabras: cómo el dinero puede corromper hasta el punto de vivir para un solo objetivo: hacer más y más dinero como sea, despreciando cualquier otro valor que no sea ese. Así pues, presentan las implicaciones humanas, morales y éticas (más bien poco éticas) de todo ello.
Cuando acaba la visión de ellas te quedas en silencio. La sensación de incredulidad, impotencia y rabia por lo que te acaban de contar se impone al cómo lo han contado. Pero luego surgen preguntas: ¿en verdad es así? ¿no es ficción cinematográfica? No, nos hablan de nuestra realidad más dura: de los poderosos sin ética ni escrúpulos, que nos utilizan como marionetas al servicio de sus intereses; de personas (financieros, banqueros y políticos) sin conciencia, y por tanto sin ética, que desgraciadamente manejan el mundo.
Y es que el neoliberalismo imperante (su mercado libre, sus liberalizaciones, sus privatizaciones, etc.) también tiene su lado más obscuro que jamás debemos olvidar. No hay que cansarse en exigir la importancia de restaurar la honradez y la estabilidad a nuestro sistema económico y de reclamar responsabilidad a aquellos que lo han manipulado a su servicio. Además ¡los seres humanos no somos mercancías!
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