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Hay momentos en nuestra Orden, querida Orden, hermanos, hay momentos en los cuales el amor a María Santísima es visible: la hora de la muerte, la despedida.
Cantábamos la Salve el 14 de Mayo, en el funeral de nuestro hermano Segundo Salazar. Era un amor confiado, lleno de esperanza. Uno de los grandes regalos que Dios nos ha dado a los hijos de Domingo.
En el "bendito" libro de Timothy: "Ser cristianos en el s.XXI" (digo bendito por el bien que me está haciendo y el que hará a tantas personas), pone unas palabras de la predicadora episcopaliana Bárbara Brown Taylor; palabras que son una queja: "Me gustaría que los predicadores no mintieran tanto". Es verdad. Pero en el amor a la Virgen María, desde Nuestro Padre hasta hoy, tengo la plena seguridad que no mentimos.
Amamos a María Santísima y queremos seguir amándola, aunque seamos pecadores, aunque seamos hijos pródigos. ¡¡Cuida de nosotros, Madre y Señora Nuestra!!
No son fáciles los días que vivimos; hay demasiadas incongruencias en nuestras vidas. Hay indignación: razonable y oportuna. Vamos a seguir confiando.
¡¡ Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!!
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