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Tema: En el mes de Nuestra Madre      Autor: Fr. Guillermo Santomé O.P.      Creado: 16/05/2012 0:00:00      Número de aportaciones: 2




Asunto: Con respecto a
Fecha y hora:
16/05/2012 22:59:14

Autor:
Ciro

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A veces creo que la veneración a la Virgen se ha llenado de demasiados adornos y florituras; de adjetivos que sólo deberían aplicarse a Aquél ante el cual toda rodilla se dobla. También pienso que el amor a María es más fuerte si no se tiene el cariño terrenal de una madre o si se hace de ella una feminización de Dios. Una carencia afectiva o una ignorancia religiosa pueden provocar un endiosamiento de ella que, por otro lado, puede ser respetable y usado en beneficio propio.

Yo quiero a María pero ella no es la gran hacedora de mi vida; quiero a María porque fue la gran humilde, la gran discreta y una persona fiel; quiero a María porque es un ejemplo de cristiana y sólo obedecía a su Hijo. Pero me cuesta quererla cuando ella se convierte en una sustitución de Dios o cuando la utilización humana de su figura no provoca el encuentro con su Hijo, sino, por el contrario, un jugoso maná como el de El Escorial.

Por último, sólo decir que venero y respeto mucho a la Madre de Jesús porque he podido comprobar cómo Dios se sirve de ella para sanar los corazones más heridos. Quizás si Jesucristo hubiese sido una mujer, las cosas hubiesen sido de otra manera.

Asunto: En el mes de Nuestra Madre
Fecha y hora:
16/05/2012 0:00:00

Autor:
Fr. Guillermo Santomé O.P.

Correo electrónico:

Hay momentos en nuestra Orden, querida Orden, hermanos, hay momentos en los cuales el amor a María Santísima es visible: la hora de la muerte, la despedida.

Cantábamos la Salve el 14 de Mayo, en el funeral de nuestro hermano Segundo Salazar. Era un amor confiado, lleno de esperanza. Uno de los grandes regalos que Dios nos ha dado a los hijos de Domingo.

En el "bendito" libro de Timothy: "Ser cristianos en el s.XXI" (digo bendito por el bien que me está haciendo y el que hará a tantas personas), pone unas palabras de la predicadora episcopaliana Bárbara Brown Taylor; palabras que son una queja: "Me gustaría que los predicadores no mintieran tanto". Es verdad. Pero en el amor a la Virgen María, desde Nuestro Padre hasta hoy, tengo la plena seguridad que no mentimos.

Amamos a María Santísima y queremos seguir amándola, aunque seamos pecadores, aunque seamos hijos pródigos. ¡¡Cuida de nosotros, Madre y Señora Nuestra!!

No son fáciles los días que vivimos; hay demasiadas incongruencias en nuestras vidas. Hay indignación: razonable y oportuna. Vamos a seguir confiando.

¡¡ Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!!





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