Foro "Con Acento"

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Tema: Tú sabes que te quiero      Autor: Fr. Xabier Gómez O.P.      Creado: 23/04/2012 0:00:00      Número de aportaciones: 4




Asunto: Primero la vocación cristiana
Fecha y hora:
25/04/2012 23:45:13

Autor:
Interrogado

Correo electrónico:
Creo que las bienaventuranzas, la solidaridad, el amor desinteresado, la gratuidad, la entrega obediente, la identificación con Cristo... son aspectos comunes a toda vocación cristiana. ¿Para cuándo una teología de la vida religiosa y del sacerdocio verdaderamente posconciliar hecha desde un enfoque eclesial que no exclusivice lo que es de todos los cristianos?

Asunto: Gracias Padre Xabier .
Fecha y hora:
23/04/2012 22:13:48

Autor:
Edgar Botella Tormos

Correo electrónico:
GRACIAS Padre Xabier. Simplemente decirle que gracias a sus palabras, a su reflexión de la vocación, he encontrado mayor apoyo y Dios me ha realzado con más fuerza en mi vocación de vida religiosa. No encontraba palabras para terminar de definir el por qué de mi vocación, pero con su reflexión acabo de encontrar más Misericordia de nuestro Señor, y más sentido... MÁS LUZ (sería la definición más acertada), al camino que voy andando poco a poco, y con ello más claridad, muchísima más claridad en el camino. Esto me realza y me afirma que cada día estoy más enamorado de Cristo, y la decisión de irme a vivir con ÉL; entregar la vida al servicio de Dios, va tomando más formas en el proyecto de su contrucción, del arado en el campo de las míes del Señor, para estar preparados al empezar a hechar la tierra en la cual se plante la semilla de vida de Cristo, y poder germinar en tierra fértil, y no sea en la vera del camino, donde la tierra es dura y seca. En la base de todo, encuentro siempre el AMOR DE CRISTO, y aunque tenga dudas, contratiempos, tentaciones y caer, aunque uno no quiera, en el pecado, siempre esta ÉL. Y con Cristo, palabras de anhelo que signifan Fuerza, Alegría, Paz, y sobre todo Amor de Dios. Simplemente, GRACIAS.

Asunto: Excelente padre sus palabras
Fecha y hora:
23/04/2012 11:25:59

Autor:
Sorprendido

Correo electrónico:
Me gusta lo que leo de usted. Muchas veces se pierde el tiro y el norte, y se habla de solidaridad, de paz, de justicia, y poco de Cristo. Y todo aquello es nada, si no hay Amor, porque incluso el amor no es nada si no hay Amor. Y eso lo sabemos y lo vivimos tantas veces. Hay mucho vacío en la iglesia, en los curas y no curas, en los religiosos y no religiosos, mucho vacío en las almas, en la carne, en la mente, en las personas, en las homilías, en las acciones, mucho orgullo y regusto propio que sólo da repugnancia, primero al que lo ve y luego al que lo hace, frío por dentro, esperando aplauso y sin embargo, vacío y frío, frío de la muerte. Si el que habla y transmite no arde en llamas como en Pentecostés, algo así si hoy nos escucharan dirían, "¿es que te has metido algo? ¿Estás fumeta?. Si no dicen algo así es que no ardemos de amor por Cristo, y si no hay de eso, mejor quietos y calladitos. Padre Gómez, paso firme en su misión, grande y linda, que su padre St. Domingo de Guzmán no se olvida de ustedes.

Asunto: Tú sabes que te quiero
Fecha y hora:
23/04/2012 0:00:00

Autor:
Fr. Xabier Gómez O.P.

Correo electrónico:

Jornada Mundial de las Vocaciones
29 de abril de 2012

“Es importante que en la Iglesia se creen las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos “sí” como generosas respuestas a la llamada del amor de Dios” (Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2012). Al hilo de esta frase me pregunto: ¿Qué “condiciones favorables” pueden mover a interesarse por el sacerdocio o la vida consagrada? ¿Será la búsqueda de la felicidad? ¿El deseo de “realizarse” como persona? No imagino una campaña vocacional cuyo reclamo principal sea plantear la vida consagrada como ecosistema donde realizarse como persona…incluso si somos muchos los que nos vemos realizados en nuestra opción de vida, se me ocurren otros con más tirón. La felicidad de la que Jesús ha hablado tiene que ver más con la entrega y la pérdida que con las ganancias. Justo ahora que estamos obsesionados con no perder, Cristo nos recuerda que sólo quien invierte “a fondo perdido” salva su vida y la llena de sentido cuando aprende a vaciarse con El.

Las bienaventuranzas, paradigma de la vida consagrada, tienen como protagonistas a toda una serie de “perdedores”, creyentes que invierten subvirtiendo valores en alza. Y quizás, tanto la vida consagrada como el sacerdocio pueden aflorar allí donde se capta la fuerza del testimonio de personas o comunidades que subvierten valores en alza para construir con pasión el Reino de Dios. ¿Que valores son la “alternativa cristiana”, el “tesoro” de la vida consagrada? La pobreza voluntaria, un estilo de vida sencillo, solidario y liberado del espíritu del lucro y el individualismo; la castidad, como modo alternativo de relaciones humanas presididas por la gratuidad, que integra una afectividad vertebrada alrededor del amor de Dios y el intento de amar y servir desinteresadamente el bien del prójimo; la obediencia, como manifestación de la voluntad de absoluta disponibilidad para la misión en comunión con la Iglesia y al servicio del Reino. Sin embargo, tampoco un estilo de vida pobre, casto y obediente atrae por sí mismo la mirada de los jóvenes, más allá de la admiración.

La condición fundamental y más favorable para que “aflore” un sí estriba en la identificación con Jesucristo. Identificarse con su experiencia de Dios, con su misión, su cruz, su resurrección y su evangelio del Reino. Identificarse con Jesucristo implica también comprender el misterio de su Iglesia y reconocer que El tiene la iniciativa. Muchos jóvenes vienen a la vida consagrada con una idea hecha sobre la misma, con una expectativa fabricada por su fantasía o sus necesidades. Pero ni ante el Evangelio ni ante la vida consagrada lo primero es nuestra “realización”, sino la escucha y el seguimiento, dejándose conducir por Cristo.

La felicidad del evangelio y de la vida consagrada tiene que ver con el lema para esta XLIX Jornada por las vocaciones “Tú sabes que te quiero”. Antes de que Pedro, aprendiendo de sus errores pronuncie esta confesión de fe, Cristo ha conocido su fragilidad y le ha amado en sí mismo. Pero luego, el seguimiento de Jesús implicará para Pedro un “dejarse conducir”. La condición favorable para que la vida consagrada aflore con fuerza como “parábola viva del Evangelio” se juega en la fidelidad al Evangelio, a la Palabra, leída con la Iglesia y vivida con autenticidad y misericordia. ¿Sabemos distinguir si abrimos la Palabra como la carta o el menú de un restaurante, para escoger lo que nos gusta en cada momento, o por el contrario, dejamos que ella nos contraste y conduzca para mantenernos cerca de la experiencia originaria de Jesús? ¿No necesita el mundo la sabiduría acumulada y la profecía muchas veces contracultural, de una Iglesia y una vida consagrada fieles a sus orígenes?





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