Temas de estudio y reflexión

 

 

 

 

Comentario a la obra Jesús de Nazaret de Josef Ratzinger/Benedicto XVI

5.- Valoración de la obra

Josef Ratzinger, el papa Benedicto XVI, nos ofrece una sugerente y bella reflexión teológica sobre la persona de Jesús. Con un estilo sobrio, directo, pero que sabe transmitir emotividad cuando es necesario, el autor nos introduce en el significado del centro del contenido de nuestra fe.

La obra puede considerarse, en mi opinión, una meditación teológica sobre la persona de Jesús y algunos aspectos de su vida. Como meditación está concebida no sólo para enseñar e instruir, sino para profundizar y enriquecer nuestra relación con Cristo. Por ser teológica, la mirada meditativa sobre la figura de Jesús, se realiza desde la reflexión y el análisis. Una reflexión que parte de la confianza en lo transmitido por los evangelios. Una confianza que no es ingenua, sino que parte del hecho que la mirada histórica pasa de largo del significado de la persona de Jesús. El historiador no es capaz de alcanzar lo que constituye el centro de la figura de Jesús, que es su relación con Dios

La cristología que Josef Ratzinger/Benedicto XVI desarrolla puede ser caracterizada de positivismo cristólogico. Se trata de partir de la figura de Jesús tal y como nos la presentan los evangelios. Esto no quiere decir que haya que atender exclusivamente a la literalidad del texto, sin intentar comprender su sentido en toda su profundidad. Al contrario, Ratzinger realiza una lectura interpretativa de los textos o los hechos de la vida de Jesús que presenta en su obra. Esa interpretación se opera desde diversas claves. 1) En primer lugar atendiendo a la totalidad de la vida de Jesús, que resume su significado en la muerte y resurrección. Por expresar todo el significado de su persona, la muerte y resurrección de Jesús no aparecen solamente al final de su vida, sino que están presentes en su origen y en los diferentes momentos de su misión. De este modo, Ratzinger introduce una referencia a la muerte en el momento del bautismo, o en la explicación del significado de las bienaventuranzas. 2) El significado de su persona se encuentra en su condición de Mesías. Ésta no puede ser entendida sin la referencia a la historia de la salvación que le precede y que está recogida en las Escrituras. Desde ella Jesús aparece como el nuevo Moisés que abre a todos los pueblos a la relación plena con Dios. Esta perspectiva constituye el núcleo del esquema teológico desde el que la primera comunidad, comprendió a Jesús y concibió los relatos que se encuentran a la base de los relatos evangélicos. Por esta razón nos ofrece un Jesús que se encuentra en continuidad con la fe de la primera comunidad.

Sin duda es el contexto teológico el que nos puede dar una imagen completa de Jesús. En este sentido Ratzinger acierta plenamente al señalar los límites del método histórico-crítico y completar su comprensión con un mirada teológica. Pero a mi juicio, es una cuestión pendiente el avanzar una propuesta de integración de ambas perspectivas.

La perspectiva histórica en el acercamiento a la vida de Jesús es un camino irrenunciable, como el mismo autor señala en la obra. Jesús fue un personaje histórico, situado en un determinado contexto, y del cual tenemos conocimiento por algunos vestigios. Es tarea del historiador reconstruir, a partir de los vestigios que poseemos, el desarrollo de su existencia. Esa reconstrucción nos ayuda a comprender mejor la vida de Jesús, el sentido de sus palabras, el alcance de sus acciones. Tarea del teólogo sistemático es integrar estos datos en su reflexión sobre Jesús. Una reflexión que tiene como eje la relación particular de Jesús con Dios, que es el contenido de su mesianidad.

El teólogo está remitido a la historia de Jesús no sólo porque la fe tenga una dimensión histórica, sino por vivir en una cultura marcada por la mentalidad ilustrada. Todos nos preguntamos por la verdad histórica de nuestra herencia cultural y religiosa. Y esa indagación, realizada con honestidad y rigor, no constituye una amenaza para la fe. Al contrario, la purifica y la refuerza. Pero, el historiador, o el exégeta que utilice el método histórico-crítico, sólo será de utilidad al pensamiento teológico, si admite que sus datos se tienen que integrar en el significado de Jesús para la fe y que viene dado por su filiación divina y su mesianidad.