Temas de estudio y reflexión

 

 

 

 

Comentario a la obra Jesús de Nazaret de Josef Ratzinger/Benedicto XVI

4.- Contenido de la obra

La obra comienza con una presentación, que vine seguida de una introducción en la que Jesús es presentado como el nuevo Moisés. Esta perspectiva, situada al inicio de la obra, se hará presente repetidamente en su desarrollo. Y sobre todo será la clave que Ratzinger utiliza para interpretar la medianidad de Jesús. Jesús es el Mesías que trae la salvación. Pero esta salvación no consiste la eliminación de todos los problemas y dificultades, sino la universalización de la Alianza, la apertura del pacto de Ywhw con Israel a todos los pueblos.

Moisés es caracterizado como profeta. Y en el texto del Deuteronomio en el que se promete un nuevo profeta (Dt. 18) se presenta la especificidad del profetismo de Israel, que no consiste en las prácticas adivinatorias. El profetismo bíblico se caracteriza por la relación con Dios. Lo central en el profetismo de Israel no se encuentra en la predicción del futuro sino en mostrar el rostro de Dios. Moisés es un gran profeta no por realizar grandes hazañas sino por haber dialogado con Dios.

Pero tal y como se nos dice en la Escritura, Moisés no ve a Dios cara a cara sino sólo su espalda. Por eso, el nuevo Moisés tendrá que ser el portador de una nueva Alianza en la que Dios entero se haga presente y se comunique de modo pleno. Esto se realiza en Jesús. La relación con Dios es el centro de su persona y la clave para comprender su vida y su misión. Dejando a un lado su relación con Dios Padre no será posible entender quién es Jesús.

Tras la introducción el libro comienza con el bautismo de Jesús. En esta parte se describe la situación socio-religiosa de Israel en tiempo de Jesús y se presenta el significado de su bautismo. Ratzinger pone el bautismo de Jesús en relación con su muerte y resurrección. De este modo anticipa lo que después va a suceder en la cruz. Puesto que la práctica bautismal de Juan era cnetral la confesión de los pecados, Jesús, al ponerse en la fila de los pecadores, se solidariza con el pecado humano para liberarnos.

El descenso de Jesús al reino del pecado se continúa en el pasaje de las tentaciones, que comprende el segundo capítulo del libro. El descenso a los infiernos pertenece a la historia de Jesús y le acompaña a lo largo de todo su ministerio. Las tres tentaciones tienen como núcleo y denominador común la soberanía de Dios y su centralidad en la vida humana. Se trata de decidir si se puede construir el mundo y la vida apartando a Dios y dejándole en el ámbito de la ilusión, o si se puede acoger y cumplir su voluntad.

La primera tentación se refiere a dar prioridad a las realidades materiales y ponerlas por encima de Dios. Jesús no quita importancia a lo material pero establece un orden, priorizando la realidad de Dios ante lo que se subordina todo lo demás. En la segunda tentación se interpreta perversamente un texto de la Escritura. Es la tentación de manipular la palabra de Dios para adaptarla a nuestros deseos. La tercera tentación es la tentación del poder. De extender el reino con el poder y no con la impotencia. Esta tentación atraviesa toda la vida de Jesús.

El tercer capítulo está dedicado a la relación de Jesús con el Reino de Dios. Jesús anuncia el Reino, el evangelio. Se denominaba evangelio al mensaje que procedía del emperador. La palabra evangelio guarda relación con la autoridad de su procedencia. Los evangelistas se la aplican a Jesús guardando este sentido. Si al emperador se atribuye el evangelio, en el sentido que su palabra se tiene que cumplir y realizar, con más razón en Jesús. Su palabra es palabra actuante. El termino evangelio, aplicado al mensaje de Jesús, expresa que la palabra de Jesús realiza lo que anuncia.

El termino Reino ha tenido distintos significados. Orígenes lo utilizó para designar la persona de Jesús (que es la autobasilea). También se ha designado como Reino de Dios el interior del ser humano y la iglesia. Por último se le ha interpretado como un mundo en justicia y paz. Frente a este interpretación utópico-política de la idea de Reino de Dios, Ratzinger advierte que si Dios desaparece del horizonte humano perdemos la instancia que nos indique en qué consiste la justicia y la paz. En la interpretación utópico-política de la idea de Reino de Dios parece que Dios desaparece de esta propuesta. Pero Jesús anuncia el Reino de Dios, no cualquier Reino. El autor recuerda que cuando Jesús habla del Reino habla de Dios. De un Dios que actúa en la historia y por eso su traducción más precisa sería el señorío de Dios.

El capítulo cuarto de la obra es el capítulo más extenso, y en mi juicio, el centro del libro. Comienza con un análisis de las bienaventuranzas, para continuar con una presentación de la mesianidad de Jesús en la que éste aparece como la nueva ley y el nuevo templo.

Las bienaventuranzas son palabras de promesa. Ratzinger las presenta como una proclamación principalmente dirigida a sus discípulos. Ellos son los pobres, los hambrientos, los que lloran... En este sentido son cualificaciones del discipulado y su contenido se hace realidad en la vida del discípulo. También tienen un contenido cristólogico. Son una síntesis de la biografía de Jesús, que es el pobre, el pacífico, el manso y el limpio de corazón…

Tras un comentario muy sugerente de cada una de las bienaventuranzas, Ratzinger subraya que son expresión de la Torá del nuevo Mesías. Jesús como nuevo Moisés pronuncia una Torá. En esta promulgación destaca la autoridad con la que Jesús habla y el subrayado del “yo os digo” que se repite en todos los evangelios. De este modo, es Jesús, es su persona, la Torá, que conduce a la relación con Dios. La Torá de Jesús no quita nada a la anterior, pero le añade el significado de la obra de Cristo.

Ratzinger recurre la obra del judío Jacob Neusner, A Rabbi talks with Jesus (NewYork 1993) para expresar el sentido de la medianidad de Jesús. En esta obra un rabino se siente a escuchar a Jesús que pronuncia las bienaventuranzas. Posteriormente le acompaña y dialogará con él. Se siente fascinado por su mensaje pero al final decide permanecer en el Israel eterno. Lo que al protagonista de la obra de Neusner le asusta de Jesús, es que añada su yo, su persona, a la ley. Como aparece en las palabras que le dirige al joven rico: sígueme a mi.

Neusner ha captado que la novedad del evangelio consiste en la persona de Jesús. Y por eso en los evangelios Jesús personifica las tres grandes instituciones del judaísmo: la Torá, el templo y el sábado. Una de las consecuencias de este modo de entender a Jesús es que sus discípulos, y con ellos la Iglesia, son presentados como el nuevo Israel

El capítulo quinto está dedicado al análisis del Padrenuestro. La oración es el medio de la relación con Dios. Jesús con las palabras del padrenuestro nos conduce a relacionarnos con Dios. En este capítulo Ratzinger sale al paso de la cuestión de la imagen materna de Dios. Destaca que en la Escritura nunca el creyente se dirige a Dios como una madre en la oración. Es cierto que el comportamiento de Dios es descrito en la Escritura como un comportamiento maternal, pero nunca se invoca a Dios madre. La razón es que la paternidad subraya y expresa mejor que la maternidad, la trascendencia y la distancia entre el creador y la criatura.

El capítulo sexto tiene como tema el discipulado. Jesús llama a sus discípulos para que anuncien el evangelio. Ese anuncio no se agota en doctrina y enseñanza sino que consiste en un acontecimiento. El contenido del acontecer del evangelio es la victoria sobre las fuerzas del mal, que se concreta en la realización de exorcismos y en la sanación y curación del ser humano.

En el capítulo séptimo se analizan las parábolas y se explican algunas de ellas. El lenguaje parábolico es un modo de de presentar la presencia oculta de Dios en el mundo.

Josef Ratzinger también se adentra en la problemática de los escritos joánicos. Tras un repaso sobre el estado actual de la investigación, se subraya la influencia judía en este evangelio y su trasfondo litúrgico. Una de las categorías principales del evangelio de Juan es al de la memoria, que es definida por Ratzinge como el recuerdo que comprende.

El recorrido sobre el ministerio de Jesús acaba con el análisis de la confesión de Pedro y la transfiguración. Ambas escenas evangélicas nos presentan la mesianidad de Jesús en relación con su muerte en cruz.

El último capítulo de la obra es un análisis de las autodenominaciones de Jesús que aparecen en la Escritura (Hijo del hombre, el Hijo, “yo soy…”).