Temas de estudio y reflexión |
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Comentario a la obra Jesús de Nazaret de Josef Ratzinger/Benedicto XVI2.- Límites del método histórico-críticoLo dicho anteriormente puede levantar la impresión que Ratzinger no reconoce el valor del método histórico-crítico y la importancia de sus aportaciones en el conocimiento de Jesús. Pero este no es el caso. Parafraseando al autor, el método histórico-crítico constituye una dimensión irrenunciable del trabajo teológico, pues la fe de la Biblia se asienta en la historia. Pero reconociendo su valor irrenunciable, también se indican sus límites. En primer lugar, y de modo general, Ratzinger señala que al método histórico crítico le corresponde una parte de la interpretación del texto bíblico pero no agota todo el sentido de la interpretación, al menos para quienes reconocen a la Biblia como un libro inspirado. Concretando los límites de este método, el autor del libro indica tres: 1) En primer lugar deja la palabra del evangelio en el pasado. No es que la reconozca como pronunciada en el pasado, es que la deja en ese pasado, al interesar solamente la relación de esa palabra con su contexto histórico. De este modo no son capaces de ”actualizarla”, de hacerla resonar hoy. 2) En segundo lugar, su objeto de estudio es solamente la palabra humana y no el “plus” que contiene. La teología reconoce hoy que la palabra de Dios es pronunciada en palabra humana. Acceder a la palabra de Dios significa acoger la palabra humana en la que se expresa, pero también ir más allá de ella. 3) Por último, el método histórico-crítico se centra en un texto concreto, pero no lo ven en relación con todos los otros textos de la Escritura, con los que forma una unidad. A causa de estas limitaciones, el método histórico-crítico se tiene que completar con otros métodos. Ratzinger apunta a la llamada “exégesis canónica”, desarrollada en Estados Unidos hace 30 años, y que tiene como objetivo la lectura de textos particulares de la Biblia desde la perspectiva de la totalidad de la Escritura. En esa totalidad los libros de la Biblia no se encuentran sólo en relación con su contexto histórico, sino también con otros textos, a los que completan, amplían, y glosan. De este modo se percibe que la Palabra permanece abierta en un proceso de desarrollo en el que unos textos remiten a otros. La relación de unos textos con otros, muestra que el autor del libro no es un sujeto aislado sino un sujeto colectivo, miembro de una tradición. “El autor no habla como un sujeto privado y cerrado sobre sí mismo. Habla en una comunidad viva que él no ha hecho que no es hecha por el colectivo sino que actúa una fuerza directora” 1. Desde esta perspectiva se puede decir que el autor de la Escritura es un triple autor: el autor material del texto, el pueblo de Dios al que pertenece ese autor, Dios que conduce a ese pueblo.
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