Temas de estudio y reflexión

 

 

 

 

Una visión panorámica de América Latina y El Caribe

Situación macroeconómica y financiera

Los años 90 conocieron fuertes transformaciones económicas, habitualmente denominadas ajustes estructurales. Siendo, como eran, de orientación neoliberal, consistieron, grosso modo, en una contracción del Estado y en una expansión del mercado como principio de regulación de la economía. Con el fin de medir tales transformaciones, se ha elaborado un Índice de Reforma Económica, que integra cinco subíndices: políticas de comercio internacional, políticas fiscales, políticas financieras, privatizaciones y cuentas de capitales. Pues bien, el Índice de Reforma Económica, que varía desde 0 hasta 1, pasó de 0,58 en los años ochenta a 0,83 para el período 1998-2003, lo que refleja un avance sostenido de las transformaciones neoliberales.

            Sin embargo, y a despecho de la ortodoxia neoliberal, entre los años 1980 y 2000 el PIB per cápita creció tan sólo un 5,7%, lo que da una media anual inferior al 0,3%, es decir, un crecimiento prácticamente irrelevante.

            Encontramos, en cambio, que en los últimos cuatro años ha tenido lugar una sostenida expansión de la actividad económica, creciendo el PIB a una tasa media anual cercana al 4,5%. Puede añadirse que, en general, la inflación está controlada y que las balanzas comerciales muestran importantes saldos positivos. Incluso algunos países, como Brasil, Argentina y Uruguay, se han permitido el “lujo” de liquidar anticipadamente sus deudas con el Fondo Monetario Internacional.

            En suma, no cabe duda de que el último cuatrienio no sólo ha sido el de mejor desempeño social de América Latina en los últimos 25 años, como decíamos anteriormente, sino también el de mejor desempeño económico. Decimos mejor, no óptimo, ni siquiera bueno, puesto que las tasas del actual crecimiento latinoamericano se encuentran entre las más bajas del mundo en desarrollo. Sólo afirmamos -valga la insistencia- que el último cuatrienio ha sido el de mejor desempeño económico regional en los últimos 25 años.

            Las previsiones de crecimiento de la CEPAL para América Latina durante el 2007, en el marco de una desaceleración de la economía mundial, se sitúan en un 4,7%, lo que indica una pequeña disminución respecto del 2006, pero también continuidad de la tendencia moderadamente positiva. Si se confirman tales previsiones, el PIB per cápita de la región acumularía un aumento del orden del 15% en el período 2003-2007, lo que situaría la media anual muy por encima de la registrada en los años 80 y 90.

            En aquellos años se vivió bajo el principio neoliberal: “Primero crear riqueza, luego redistribuirla”, es decir en el espejismo de la incompatibilidad entre crecimiento y redistribución. Lo cierto -las cifras son inequívocas- es que el crecimiento económico fue insignificante y que la desigualdad avanzó. Además, el actual panorama latinoamericano muestra que el crecimiento y la redistribución son perfectamente compatibles. Más aún, tal y como afirman el PNUD y muchos economistas, parece deber decirse que es necesaria una redistribución más igualitaria del ingreso para poder lograr, a largo plazo, un crecimiento económico sostenido y, por lo tanto, eficiente.

            Enunciamos brevemente que una importante debilidad económica de América Latina viene dada por su falta de integración económica a nivel regional. La actual fragmentación de los grupos subregionales -Mercosur es el más fuerte- genera fricciones políticas que debilitan la posición de la región en todos los foros internacionales. Llama la atención, por ejemplo, que los países latinoamericanos representan el único grupo que no tiene consultas regionales en el marco de la Organización Mundial del Comercio. Es sabido, por lo demás, que la oposición al ALCA parece haberse extendido lo suficiente como para que ese proyecto de integración continental liderado por Estados Unidos resulte hoy inviable.

            Añadimos ahora un complemento sobre finanzas y, en especial, sobre el problema de la deuda externa. Desde este punto de vista, América Latina se encuentra en una situación muy vulnerable, debido a la extraordinaria movilidad del capital financiero internacional, del que necesita, y debido a la presión ejercida por el servicio de la deuda externa.

            Las fuentes internacionales, entre las que destacan los informes del FMI, emiten estadísticas que revelan el incremento constante de la deuda externa de la región, que en el año 2005 se situó en los 808.000 millones de dólares, lo que representa, en términos relativos, más de un 45% del PIB regional. En los últimos 20 años, en concepto de pago del servicio de la deuda América Latina ha desembolsado 2,27 billones -millones de millones- de dólares, una hemorragia de recursos verdaderamente espeluznante y que sucede, por supuesto, en detrimento de otras partidas del gasto público. Por ejemplo: en 12 países el servicio de la deuda supera el gasto en educación, en 13 lo gastado en salud, y en 6 lo gastado conjuntamente en educación y en salud.