El predicador, en el anuncio de la Palabra eterna de Dios, debe ser "Contemporáneo" de aquellos a quienes se dirige
Fr. Vincent de Couesnongle
Portada Familia Dominicana Capítulos Generales
La Familia Dominicana en los Capítulos Generales

Completando los textos anteriores sobre F. D. (algunas ideas se repiten), ofrecemos el Capítulo VIII, nn. 406-423, de las Actas del Capítulo General de Providence-2001, que recogen las recomendaciones de los últimos Capítulos y de la Asamblea General de la Familia Dominicana de Manila-2000:

 

Vitalidad, pluralidad y comunión de la Familia Dominicana

406. En nuestros Capítulos Generales siempre reservamos un tiempo para dedicarlo a la Familia Dominicana. No pensamos en ella fríamente, como si nos fuera ajena o se tratara simplemente de un tema conceptual para considerar. Para nosotros significa mucho más que eso: hacemos un discernimiento comunitario de nuestra honda experiencia de vida y misión, vivida fraternalmente con las monjas, los frailes, las hermanas y los laicos, mujeres y varones y también muchos jóvenes con quienes compartimos el amor filial entrañable a Domingo y la fuerte atracción por el ministerio de la predicación.

407. Hace años, el Capítulo de México [1992], haciendo memoria del pasado, atestiguaba una realidad que hoy se afirma y crece con fuerza entre nosotros: “Desde hace unos 30 años se constata la recuperación y el desarrollo de una vieja realidad: la Familia Dominicana” (116). Durante estos últimos años, nuestra familia crece y se agranda. Diría el Maestro de la Orden, fr. Buenaventura García de Paredes [1926] que “la sangre de Santo Colegiata de Belmonte (siglo XIII)Domingo fluye en las venas de todos sus hijos e hijas espirituales”. Hoy fluye con energía. El Simposio Internacional de la Familia Dominicana de Bolonia en abril de 1983 y la gran y fructuosa Asamblea General de la Familia Dominicana de Manila, en octubre del 2000, atestiguan esta vitalidad.

408. La Familia Dominicana está en pleno crecimiento. Siguiendo el símil del árbol, podemos decir que sus ramas son cada vez más frondosas y anuncian una buena cosecha. Es cierto que no todas sus ramas crecen con el mismo ritmo y pujanza. Aparecen nuevos brotes verdes que auguran frutos nuevos; las viejas ramas mantienen su vigor en espera confiada de mayores frutos. Nuestras raíces son verdaderamente profundas y arraigan en la fecundidad del carisma de Domingo. Nos alegra constatar que estamos plenamente vivos y nos sorprende nuestra fecundidad. Damos gracias a Dios por ello, y admiramos cada día más la atracción que el antiguo carisma de Domingo ejerce en estos nuevos tiempos de incertidumbres y esperanzas.

409. Dentro de la Familia Dominicana, gracias a su fecundidad y amplitud de acogida, hay diversos modos de vivir el carisma y la misión de la predicación, que se complementan entre si y, consecuente mente, acrecientan el vigor y riqueza de la misión común. Esta diversidad de opciones, nacidas en experiencia profunda del carisma dominicano, es nuestra gran riqueza porque estas diferencias de estilos de vida y de opción nos complementan mutuamente, enriquecen generosa y fraternalmente nuestras vidas y dan mayor expresividad, energía y credibilidad a nuestra misión común.

410. Descubrimos que somos familia en la sencilla celebración de nuestras fiestas, en la oración común, en la reflexión compartida y, finalmente, cuando salimos juntos a la misión. Comunión y misión son el nexo vital que nos une. Monjas y frailes, laicos y hermanas, varones y mujeres, recorremos los mismos caminos proclamando la misma Palabra con voces distintas. Cada uno de nosotros vivimos nuestro compromiso para la misión de maneras diversas, con votos, promesas o sin ellos; en el monasterio, en los conventos, en el seno familiar y en las diversas profesiones en el trajín del mundo. Pero, todos nos sentimos unidos fraternalmente en la misión y unánimemente reconocemos “como sucesor de Santo Domingo al Maestro de la Orden, quien es el principio y signo de unidad de la Familia Dominicana” (Bolonia 146), y “el único que fuera del Capítulo General, garantiza y promueve la fidelidad al espíritu de Santo Domingo” (Documento de Bolonia sobre la Familia Dominicana, 3.2).

 

Algunas dificultades

411. Constatamos, no obstante, que en el seno de la Familia Dominicana se suscitan, en algunos lugares, ambigüedades y tensiones que lesionan la convivencia y la misión común (Cf Informe del Promotor General del laicado dominicano B. 1). Entre otros motivos, a causa de una cierta resistencia ante lo nuevo que aparece en nuestra Familia, sin hacer de ello un conveniente discernimiento.

412. Algunos miembros de la Familia Dominicana están preocupados por la ambigüedad que, a su juicio, existe entre la noción de “Orden de Predicadores” y “Familia Dominicana”. Piden, por ello a este Capítulo General una mayor clarificación que manifieste sus diferencias mutuas y, además, solicitan que digamos una palabra acerca de la relación que ha de entablarse entre ambas. Otros, han mostrado su preferencia no tanto por entrar en el análisis de sus aspectos jurídicos sino por profundizar la colaboración entre ellas.

413. Estas dificultades suelen surgir cuando nace algo nuevo, como creemos es nuestro caso. El Espíritu Santo, suscita sin cesar en la Iglesia, de manera siempre nueva y a menudo sorprendente, diferentes formas de vida evangélica. Hemos de acogerlas gozosamente, después de hacer acerca de ellas un claro discernimiento. Entre nosotros, el Maestro de la Orden y el Capítulo General son quienes garantizan la autenticidad de lo nuevo, de las nuevas fundaciones que desean vivir la riqueza del carisma dominicano. Por eso, es importante que nadie en la Familia Dominicana se vea tentado a hablar o a actuar de una manera que este carisma parezca confiscado en beneficio de algunos o que no pueda ser distribuido de manera justa y apropiada.

 

Orden de Predicadores y Familia Dominicana

414. El carisma de Domingo, don de Dios para la Iglesia, es uno e indiviso: la gracia de la predicación que se nutre y crece en la contemplación. Este carisma, por su gran vitalidad apostólica, se va revelando sucesivamente en el transcurso del tiempo con nueva expresividad y riqueza y, a la vez, va haciéndose realidad histórica concreta mediante maneras y grados distintos de vida apostólica, gracias a su gran capacidad de entusiasmar a mujeres y varones, jóvenes y adultos, creyentes en Jesús y testigos del Reino.

415. El nombre de “Orden de Predicadores” designa orgánicamente a las personas convocadas por el Espíritu Santo, cuyo modo de vida, confirmado por la Iglesia, deriva del carisma particular dado a Santo Domingo. El nombre de “Familia Dominicana” evoca el acercamiento mutuo hacia una mayor unidad de todos los llamados por el mismo Espíritu a participar de Alabastro policromado (Monasterio de Caleruega)diferentes modos de este carisma. En etapas históricas distintas y sucesivas ambas constituyen un proceso homogéneo y sin fisuras. Todos en la Familia Dominicana nos sentimos unidos, hermanados, por la única misión de la predicación “de la palabra de Dios, propagando por el mundo el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (LCO 1,1) según el talante de Domingo.

416. En el transcurso del tiempo nacen del mismo tronco de la Orden nuevas agrupaciones con sus proyectos de vida y misión, inspirados en los rasgos característicos del carisma dominicano, y adquieren formas jurídicas distintas, de acuerdo a la época. En la actualidad:

1. Los Frailes prometen obediencia al Maestro de la Orden “con­forme a las leyes de los Predicadores” [LCO 17,II]; las Monjas hacen profesión al Maestro de la Orden [LCO 143] y están unidas a los frailes en un sentido espiritual. Su relación jurídica con la Orden está expresada en sus propias Constituciones [LCM]. Los Laicos “se incorporan a la Orden” (Regla de las Fraternidades Seglares de Santo Domingo, 2) en las Fraternidades Seglares de Santo Domingo, hacen su promesa al Maestro de la Orden, y siguen la “Regla de las Fraternidades Seglares de Santo Domingo” [FCDL] aprobada por la Iglesia. De modo semejante, Las Fraternidades Sacerdotales Dominicanas procuran “informar su vida y su ministerio con el espíritu de Santo Domingo” [LCO 149,II].

2. Las Hermanas de las distintas Congregaciones Dominicanas, tan numerosas en nuestra Familia, participan de la misión y del carisma de la Orden a través de la riqueza de sus carismas congregacionales, aunque no tengan un vínculo jurídico directo con el Maestro de la Orden. Son Congregaciones agregadas a la Orden por el Maestro de la Orden, conservan su total autonomía y pueden proponer al Capítulo General de los frailes sus deseos y sugerencias referentes a la Familia Dominicana [CIC 580; Cf LCO 415,III]. Los Institutos Seculares, agregados a la Orden “abrazan la profesión de los consejos evangélicos en el mundo, según el espíritu de Santo Domingo” [LCO 147].

3. Las Asociaciones anejas señaladas en LCO (152 y apéndice 4), los nuevos grupos que pueden ser reconocidos por los Capítulos Provinciales de los frailes o por los priores Provinciales con sus Consejos (Ávila, 89) o por las Prioras Generales de las Congregaciones de Hermanas (CIC 303; Bolonia, 173), los inte­grantes de los diferentes grupos del Movimiento Juvenil Dominicano y muchas otras personas que, sin ningún tipo de compromiso formal, participan y colaboran de diversos modos con la misión de la Orden. Nuestra Familia ha sido siempre una casa abierta que acoge sin cesar a nuevos miembros, por eso el Capítulo de Bolonia afirmaba que la Familia Dominicana puede ser considerada como un movimiento abierto a nuevas formas de vida y misión.

417. La “Orden de Predicadores”, está configurada por aquellos que, mediante la profesión (para los que siguen los consejos evangélicos, las monjas, los frailes) o las promesas (para los miembros de las fraternidades laicales y sacerdotales que se comprometer a un modo de vida evangélico adaptado a su condición) hechas al Maestro, se integran a la Orden (Cf. CIC 303 y 614; LCO 142 y 149; LCM 1, *2; RFLSD, 2). Su incorporación a la Orden implica el compromiso permanente de vivir el estilo peculiar de su vida dominicana, aprobado por la Iglesia, que tiene a Domingo como modelo ejemplar.

418. Tanto las hermanas como los miembros de los Institutos Seculares, de las Fraternidades Laicales y Sacerdotales, las monjas y los frailes pueden ser considerados verdaderamente, por diversos títulos, integrantes de la Orden de Predicadores, entendiendo el término Orden en un sentido amplio que incluye a todos los que asumen el compromiso de un género de vida particular, inspirado en la vida y misión de Santo Domingo y aprobado por la Iglesia, cada uno según su propia condición y con la autonomía respectiva establecida en sus propios estatutos (Cf. Madonna dell’Arco, n 225).

419. Si el término Orden expresa más bien una organización jurídica precisa, la imagen de Familia evoca la experiencia de una pertenencia mutua, por la que nos reconocemos y nos apoyamos mutuamente como hermanas y hermanos todos los que reconocemos a Santo Domingo como Padre común. Integrada en las Constituciones por el Capítulo General de 1968 (LCO 1,IX), esta imagen refleja una realidad antigua que quiere ser vivida de un modo nuevo. Pone de manifiesto la comunión fraterna entre las distintas ramas y la conciencia de que esta realidad implica vínculos profundos entre nosotros y actitudes concretas de complementariedad y colaboración, de respeto mutuo e igualdad de dignidad, en la diversidad y peculiaridad de cada rama. Estas diferencias surgen de las urgencias de nuestra misión, que exige servicios diversos y complementarios (Quezón City, 65).

420. El Maestro de la Orden, como sucesor de Santo Domingo al frente de la Orden, ocupa un lugar fundamental dentro de la Familia Dominicana, como “principio y signo de unidad”. No obstante, “si bien el Maestro de la Orden juega el mismo papel con todas las ramas al promover la fidelidad al espíritu de Santo Domingo, hay que tener en cuenta que su relación con ellas es de orden y grado diferente” (Bolonia. 146).

 

Exhortaciones

421. Exhortamos a los frailes e invitamos a todos los otros miembros de la Familia Dominicana al “cambio de mentalidad”, al que invitaba el Capítulo General de Bolonia [1998] (34,3) a fin de estrechar más nuestros vínculos fraternos. Exhortamos a los frailes también a acoger con hospitalidad generosa y atenta especialmente a los matrimonios, a las familias y a los jóvenes para que tengan la oportunidad de compartir la liturgia, la oración, el estudio y, de este modo, lograr trabajar juntos en misión, enriqueciéndonos unos a otros en beneficio del servicio común de predicar la Palabra de Dios.

422. Exhortamos a todos los miembros de la Familia Dominicana a vivir juntos gozosamente nuestra misión de Predicadores, en un clima de fraternidad, diálogo y libertad. “Para ser realmente una familia de predicadores -nos decía el Maestro de la Orden, fr. Tiniothy Radcliffe- debemos reconocer la autoridad de unos para con otros. Yo debo admitir la autoridad de una hermana porque habla desde la verdad de su experiencia como mujer, o quizá también como profesora o teóloga”; Debo dar autoridad al laico dominico que sabe mucho más que yo de muchas cosas: quizá del matrimonio, o de alguna ciencia o arte. Si reconocemos la autoridad de unos y de otros, seremos verdaderamente una familia de predicadores. Juntos podemos hallar una autoridad que ninguno de nosotros tiene individualmente. Debemos encontrar juntos nuestra voz” (Mensaje de Fr. Timothy Radcliffe, Maestro de la Orden. Alabará bendecir y predicar. La misión de la Familia Dominicana. Manila 2000).

 

Exhortaciones y recomendaciones para la colaboración

423. “Colaborar -nos decía el Capítulo de México (116)- significa trabajar juntos. Y esto, que es aplicable a toda familia, lo es con mayor razón hablándose de la Familia Dominicana que tiene en común ‘la particular misión de proclamar la Palabra de Dios’ [Documento de Bolonia 4.1]. El Capítulo, por tanto, acentúa con firmeza la común dignidad e igualdad de todos los que pertenecen a la Familia Dominicana, hombres y mujeres, clérigos y laicos, y auspicia que la colaboración entre ellos, ya parcialmente conseguida con resultados muy alentadores, sea intensificada y extendida a todos los campos [...] Así, desde la unidad y la diversidad, la Familia Dominicana será signo profético para el mundo actual, porque nacemos como familia, nos formamos como familia, y somos misión como familia”.