TEMA 7. LA ACTIVIDAD DE LAS SECTAS Y NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS (II)

Hasta aquí hemos analizado algunos modos de ofrecer el propio mensaje algunas sectas y NMR, pero a la hemos visto los pasos que llevan a la despersonalización del adepto de las sectas totalitarias. En este tema séptimo nos detendremos en ciertos métodos que conviene analizar más de cerca. Juan González-Anleo ha descrito, esquemáticamente, un estudio importante del profesor James V. Downton referido al proceso de conversión de los adeptos de La Misión de la Luz Divina. En dicho proceso podrían verse retratados los métodos de reclutamiento empleados por muchas otras agrupaciones sectarias encaminados a conseguir la "conversión" del nuevo adepto.

"La primera etapa es la de desencanto con la sociedad, sus valores y sus líderes.

. La segunda etapa, de una cierta confianza en que la solución de los problemas tiene que ser de un tipo espiritual, después de fracasados otros ensayos con las religiones convencionales, las actividades sociales, las drogas psicodélicas...

. La tercera etapa inicia el cambio de autoimagen: de "hippy", ateo, radical, a "buscador del espíritu". Esta etapa suele tener un fuerte coste: el descubrimiento de la incapacidad personal para alcanzar estas nuevas metas y la aceptación de esa incapacidad que lleva a la siguiente.

. La cuarta etapa, consiste esencialmente en la búsqueda de un gurú y de una comunidad espiritual.

. En la quinta y sexta etapa comienza la interacción con los miembros del grupo encontrado y se acentúa el deseo de pertenencia hasta llegar a la decisión personal.

. La séptima etapa es la de iniciación y la conversión, y a través de ritos de pasaje se adquiere un fuerte sentimiento de distancia psicológica respecto a la personalidad anterior y sus problemas.

. En la octava y novena etapas el "novicio" se rinde completamente al espíritu y a su líder espiritual y comienza a interiorizar nuevos valores, creencias y actitudes. Es también el momento (etapa novena) de una fuerte inversión de tiempo, recursos, dinero... y de sacrificios y mortificación humilde del ego ante el guru.

. En la décima y última etapa se produce un auténtico cambio de personalidad, se transforma profundamente la identidad, el mundo de las creencias y del comportamiento, y de esta forma se asegura la adhesión y la perseverancia del nuevo miembro" .

González-Anleo reconoce, sin embargo, "que en el análisis de Downton no se observan lavados de cerebro en sentido estricto...", aunque sean frecuentes las presiones de grupo, los cambios de las "redes sociales" anteriores, las promesas de notables mejoras personales, los sentimientos de debilidad y culpabilidad, así como las críticas al comportamiento del pasado...

Ronald Enroth ha tratado de demostrar que la utilización de ciertos mecanismos para asegurar la entrega y sumisión de los adeptos a las sectas no es una novedad. Siguiendo el esquema analítico de la socióloga Moos Kanter, Enroth analiza los "procesos de entrega" del adepto. En su análisis se reflejan algunos de los pasos -sólo algunos- expuestos más arriba por P. Rodríguez y de manera más concisa por Pilar Salarrullana en el apartado "Técnicas y tratamiento de los adeptos" de su libro Las sectas.

Estos "procesos de entrega", tan similares a los de las sectas comunitarias del s. XIX norteamericano (cuáqueros, Comunidad de Oneida, de Armonía, etc.) implican los siguientes pasos: sacrificio y mortificación, conversión, renuncia, comunión y trascendencia.

-- El concepto de "sacrificio", como donación de algo externo y visible a la divinidad, pertenece al espacio cultual de la mayoría de las religiones primitivas. En estadios más desarrollados de la religión, el sacrificio externo tiende a ir acompañado del sacrificio de "algo de sí mismo" que permite hablar de "sacrificios agradables a Dios". Este tipo de sacrificios sobreañade una carga de emotividad que aumenta la convicción de los fieles de estar en el verdadero camino.

De estas convicciones participan la mayoría de las sectas. "Cuando a un joven se le requiere que haga ciertos 'sacrificios' como prueba de su fe o lealtad, su motivación para permanecer en el grupo aumenta considerablemente. Todos los programas de las sectas exigen que los nuevos 'reclutas' cedan algo para unirse". Las sectas y NMR exigen en numerosas ocasiones mayores "sacrificios" de lo que cualquier otra organización sería capaz de pedir a sus miembros: el abandono de sus estudios o la carrera concluida, el rechazo del matrimonio, la exigencia, a veces, de la soltería, de la abstención de toda relación sexual, el ayuno prolongado, etc.

-- Los diferentes mecanismos de mortificación colectiva refuerzan la noción de que sólo integrándose cada vez más en el grupo será posible la obtención de la salvación personal. De ahí los frecuentes ataques al "yo", las mortificaciones corporales por medio de actividades físicas, el ayuno prolongado, la alimentación pobre, la escasez de horas de sueño y descanso, el uso de castigos y sanciones de todo tipo.

-- El adepto es invitado, además, de manera explícita o mediante diversos procedimientos indirectos a la renuncia de aquellas relaciones que podrían romper la cohesión del grupo.

- Pero el momento crucial en este proceso de conversión y adhesión al grupo sectario lo constituye la "firme lealtad a la trascendencia (en su sentido más amplio) que da sentido y dirección a la comunidad por medio de sistemas ideológicos y estructuras autoritarias". El sentimiento de estar en comunión con un orden trascendente se inculca al adepto a través de dos cauces privilegiados: el sistema de creencias y la autoridad de un líder carismático.

Se admite comúnmente que las sectas modernas ofrecen sistemas sencillos pero convincentes de creencias que "proporcionan un propósito y significado para los individuos afectados y legitiman las exigencias hechas a los mismos por el grupo". Sólo así se explica que se puedan aceptar sin reticencias estilos de vida totalitario, sin margen alguno para iniciativas privadas. Una vez más aparecen las semejanzas con las rígidas reglamentaciones de las sectas del siglo XIX en las que estaban programados hasta los mínimos detalles de la vida: cómo vestir, cómo calzar, cómo comer, cómo saludar, etc.

La figura del líder es otro poderoso mecanismo de cohesión.

"Muchas sectas fueron fundadas por figuras carismáticas que consideraban tener acceso a fuentes de poderes especiales, que servían de lazo de unión entre los miembros y las fuentes más elevadas de sabiduría y significado, que representaban para los seguidores el máximo desarrollo a que podía aspirar una persona, que simbolizaban en su persona los valores de la comunidad y que inspiraban devoción, temor y reverencia a sus seguidores".

Este texto referido por Kanter a líderes de sectas del pasado como John Humphrey Noyes, de la Comunidad Oneida, puede y debe aplicarse exactamente a líderes de sectas y NMR actuales: Sun Myung Moon, Jim Jones, Moisés David... Estos maestros son modelos supremos, autoridades máximas, indiscutibles líderes. R. Enroht cita un texto del rev. Moon que puede explicar muchas cosas: "Este Maestro vuestro tiene discípulos que están dispuestos a sacrificar sus vidas por una causa tan grande... Entre todos los santos enviados por Dios creo ser el más victorioso... hasta el momento presente... Podéis confiar en mí como vuestro líder... Yo soy un pensador, soy vuestro cerebro".

He ahí el proceso de captación y entrega que se observa en las sectas y NMR más conflictivos de hoy, y que coinciden en muchos aspectos con los grupos comunitarios y utópicos del siglo XIX. Para Enroth, como para tantos autores, son procesos "desconcertantes", e incluso "destructivos" cuando se realizan a la fuerza, coercitivamente.

1. El reclutamiento sectario desde perspectivas sociológicas.

El tratamiento dado al problema sectario desde la perspectiva del sociólogo varía de manera notable respecto a los análisis llevados a cabo por psicólogos, y que recordábamos en la tesis precedente. La literatura sectaria de tipo sociológico tiende a quitar importancia a la tesis de que la conversión a la secta se realiza gracias a sofisticadas técnicas y a la manipulación de la voluntad de los nuevos adeptos. La literatura sociológica es de capital importancia para un estudio serio del fenómeno sectario. Ofrecemos a continuación tres de los estudios más destacados.

1.1. Los sociólogos John Lofland y Rodney Stark publicaron un excelente estudio en la "American Sociological Review" en 1965 que ha recibido atención inusitada. Ambos autores plantean el llamado "modelo procesual" que consta de siete estadios a través de los cuales el adepto llega al compromiso total. He aquí, esquematicamente, el proceso de conversión según el estudio de Lofland y Stark.

El individuo en cuestión experimenta tensiones vivas y persistentes (1), que sitúa en perspectiva religiosa con visos de solución (2) y que le lleva a definirse a sí mismo como "buscador religioso" (3); por eso el encuentro con un movimiento o grupo sectario determinado representa el "punto decisivo" de su vida (4). Entonces construye lazos afectivos con uno a más miembros del grupo en cuestión (5). A partir de ese momento los "enlaces" con el exterior del grupo empiezan a atenuarse (6). El convertido es expuesto a una interacción intensiva dentro del grupo que le llevará finalmente a ser un "agente "desplegado" (7).

Este modelo ha tenido buena acogida entre los especialistas. Su aceptación -según apunta Robbins- se debe a que compagina varios factores que indiscutiblemente se hallan en todo proceso de captación: la experiencia de tensiones por parte del individuo, los lazos afectivos que llegan a sentirse en el nuevo grupo, el "enclaustramiento", etc.

Las críticas al modelo procesual, sin embargo, se deben a la pretensión de sus autores de universalizarlo como modelo general de conversión aplicable a todas y cada una de las sectas. Si originalmente sirvió para un estudio sobre los seguidores del rev. Moon, más tarde ha sido aplicado a grupos tan diversos como Hare Krihsna, Misión de la Luz Divina, la "Iglesia del Sol", Mormones, Ciencia Cristiana, Fe Baha'í, e incluso grupos carismáticos católicos.

Las coincidencias de los mecanismos de este proceso son, sin embargo, evidentes con el realizado por James V. Downton referido a los adeptos de la "Misión de la Luz Divina" y expuestos anteriormente. En los estudios de Downton, así como en los de J. Lofland y R. Stark, se observa enseguida un desinterés por los aspectos de manipulación de la voluntad y de la mente del adepto, así como la no incidencia en el tema del "lavado de cerebro", tan habitual en otros autores de las áreas psicológicas y psiquiátricas.

Desde el campo de la sociología se hace necesaria, no obstante, una respuesta en el debate en torno a los métodos de reclutamiento de nuevos adeptos, a las consecuencias de tipo sicológico del proceso de conversión en el individuo, así como a los desarreglos y trastornos familiares suscitados por la entrada de algún miembro en la secta y su consiguiente abandono del núcleo familiar.

1.2. El suizo Jean François Mayer ha aportado interesantes observaciones, manteniendo siempre un tono objetivo en medio de la visceralidad que acompaña a la temática sectaria. Reconoce que los métodos de reclutamiento y adoctrinamiento de muchas de las sectas y NMRs han sido descritos como "lavado de cerebro" por lo inexplicable que aparecen ciertas conversiones y por la intensidad de la adhesión a estos grupos. Mayer, sin embargo, desautoriza esta hipótesis en su libro Las sectas, por varias razones: "la investigación directa permite acercarnos a un número no despreciable de personas cuya adhesión nada tiene de repentina, sino que han frecuentado sucesivamente toda una serie de movimientos antes de dar con el espacio religioso que les correspondía". Añade, en segundo lugar, que "la mayoría de los movimientos investigados conocen una tasa de defecciones considerable, y la mayor parte de los que dejan el movimiento lo hacen por un acto de decisión personal...; que sería imposible para una persona si estuviese realmente privada de voluntad".

Para explicar la adhesión a un grupo sectario deben citarse causas más simples que el "lavado de cerebro". J. F. Mayer recuerda las siguientes: la seducción del ideal que propone la misma secta, el sentimiento de una experiencia real intensamente vivida, el clima de acogida del mismo grupo, la dosis de ingenuidad o credulidad, etc. Y afirma expresamente: "Se equivocaría quien no viera en los miembros de estos movimientos más que batallones de ingenuos y de crédulos. Encontramos una sorprendente proporción de individuos brillantes que partiendo de sus interrogantes interiores han llegado a la ardiente búsqueda de soluciones espirituales fuera de los caminos trillados".

La conversión en sí misma considerada es una experiencia muy fuerte que "afecta a las capas más profundas del individuo, con todo lo que esto significa a veces en personalidades frágiles o en crisis... y con consecuencias psicológicas y de tipo familiar y ambiental". Todo ello no podría negarse, pero no es un tema específicamente sectario. La "conversión" afecta también a los miembros de las Iglesias y de las grandes religiones tradicionales, y es traumática no solamente para el converso sino también para sus familiares "no convertidos".

Mayer cree, sin embargo, que "este escenario no representa felizmente el modelo corriente de adhesión a una secta: se trata de una ínfima minoría y de algunos movimientos entre centenares de otros, pero estos casos han contribuido no poco a incitar polémicas" (48). Habrá que admitir lealmente, con este autor, que la conversión a la mayoría de las sectas "nada tiene de esencialmente diferente de aquella otra que condujera a una Iglesia o religión 'establecida'". Si se lee detenidamente, más allá del clima polémico en el que está escrito, el libro de Enrique Sánchez Motos, Yo soy miembro de una secta , especialmente los capítulos IV-VI dedicados al "proceso de conversión" se percibe enseguida esa "libertad de búsqueda y de elección ampliamente admitida hoy en día" de la que habla J. F. Mayer referida tanto a las búsquedas religiosas tradicionales como a las que se suscitan a raíz del encuentro con grupos sectarios.

1.3. Eileen Barker, afamada investigadora inglesa cuyos trabajos sobre la Iglesia de la Unificación han sido muy celebrados, cuestiona la tesis tan difundida de que la conversión a la secta "moonie" debe explicarse necesariamente por la aplicación, al nuevo adepto, de los métodos del "control mental" o del "lavado de cerebro. Justifica su postura por los resultados de su investigación: el 90% de las personas que han frecuentado los talleres de los "moonies" nunca llegaron a hacerse miembros; incluso la mayoría de los que pasaron por el proceso de conversión lo abandonaron en el espacio de los dos primeros años. Pero esto no sería posible en el caso de que hubiesen aplicado sobre ellos los sofisticados métodos del "lavado de cerebro".

3.- El "lavado de cerebro" y la "desprogramación"

Dos temas, dejados expresamente para este último apartado, acaparan el núcleo del debate sectario: el "lavado de cerebro", al que se ha aludido anteriormente, y la "desprogramación", menos conocido por el gran público pero tema muy discutido entre los expertos.

3.1. El lavado de cerebro. El "lavado de cerebro" es -en numerosos ambientes- la prueba más concluyente a la hora de explicar el éxito de las sectas y de "justificar" las conversiones a los grupos sectarios.

La tesis del "lavado de cerebro" explica lo que de cualquier otra manera parece inexplicable. ¿Es posible que individuos en su sano juicio puedan ingresar voluntariamente como miembros en agrupaciones sin ninguna credibilidad social ni religiosa? Esta pregunta no encuentra aparentemente, en muchos ambientes, una respuesta fácil sino es acudiendo a la tesis del "lavado de cerebro". Sólo entonces parece ofrecer la verosimilitud necesaria: ya que una persona en su juicio cabal no puede adherirse a estos desprestigiados grupos, cuando lo hace es porque ha sido previamente manipulada, trastornada.

La explicación del "lavado de cerebro" goza además de un atractivo suplementario que le ha dado enorme popularidad: exime de cualquier tipo de responsabilidad tanto a la víctima" como a las personas de su entorno familiar o más cercano a la vez que responsabiliza de la deserción o ruptura del adepto a quienes manipulan su voluntad y su mente con métodos sofisticados.

Esta tesis no goza, sin embargo, de demasiada credibilidad entre los sociólogos que han estudiado el fenómeno sectario: Barker, Downton, Richardson, Robbins, Stark y Bainbridge, etc.

Una de las raíces de tantos malentendidos dentro del debate sobre el "lavado de cerebro" consiste, por parte de diferentes autores, en haber confundido algunos fenómenos que sólo de manera impropia pueden ser denominados como "lavado de cerebro". Y se han centrado exclusivamente en su análisis para denunciarlo como un método perverso utilizado por las sectas.

Otros autores, en cambio, han intentado distinguir cuidadosamente los diferentes métodos que de una u otra manera afectan a la personalidad íntima del adepto de una secta o NMR.

Steven Hassan ha distinguido tres conceptos que merecen analizarse detenidamente: el lavado de cerebro, el control mental y el trance, como producto del "hipnotismo". De estas tres realidades, evidentemente, el "lavado de cerebro" tiene connotaciones exclusivamente negativas. El "control mental" y el "trance" pueden ser técnicas neutras, dirigidas incluso a conseguir el crecimiento personal, o, por el contrario, encaminadas a la anulación o manipulación de la persona misma.

a) El lavado de cerebro es un método claramente coercitivo que pretende desmoronar la identidad y la autonomía del individuo empleando todos los métodos al alcance, incluidos los "malos tratos, e incluso la tortura". Por eso Hassan dice que el sujeto que recibe el tratamiento del "lavado de cerebro" sabe desde el primer momento que está en manos del enemigo". El periodista Edward Hunter utilizó por vez primera esta expresión en 1951 "para describir cómo los militares estadounidenses capturados en la Guerra de Corea cambiaban súbitamente su escala de valores y sus lealtades y creían haber cometido crímenes de guerra inexistentes".

Se piensa comúnmente, sin embargo, que la ideología aceptada a través del "lavado de cerebro" en el que concurren entre otros medios la coacción física nunca llega a estar interiorizada del todo por lo que el individuo -una vez fuera del campo de influencia del mensajero- puede fácilmente rechazar aquella ideología.

Jean François Mayer -opuesto a la tesis del empleo del "lavado de cerebro" por parte de las sectas y NMR llega a escribir : "Aun cuando un camino espiritual parezca de dudosa calidad, causas mucho más simples que un "lavado de cerebro" son suficientes en la mayoría de los casos para explicar la adhesión (a una secta): la seducción del ideal que propone el movimiento, la atmósfera calurosa del grupo, el sentimiento de una experiencia intensa que excluye cualquier otra consideración, sin olvidar a veces, una buena dosis de ingenuidad o de credulidad".

b) El control mental. Es llamado a veces "reforma del pensamiento" y consiste en fomentar la dependencia y el conformismo del sujeto para someterlo a un determinado comportamiento sin emplear métodos o abusos físicos. El "control mental", en el sentido más amplio del término, no hace referencia necesariamente a la destrucción de la identidad de una persona. El término puede designar técnicas utilizadas precisamente para reforzar el autocontrol individual o para rehabilitar drogadictos y delincuentes en orden a fomentar la capacidad de elección de otra forma de vida.

El "control mental" aplicado al mundo sectario como proceso de captación de nuevos adeptos es, para Hassan, un método "más sutil y retorcido" que el "lavado de cerebro" pues quienes lo practican son considerados amigos o compañeros, "de forma que el sujeto (el posible adepto) no está tan a la defensiva". Usado por algunos grupos sectarios es muy peligroso porque el individuo coopera -aparentemente con toda voluntariedad- en su propio adoctrinamiento, en la eliminación de sus propias capacidades y en la aceptación acrítica de las propuestas ideológicas del grupo sectario en cuestión.

El libro de Robert Jay Lifton, titulado La reforma del pensamiento y la psicología del totalismo sirvió a S. Hassan, ex-miembro de la "Iglesia de la Unificación, para descubrir que los ocho criterios básicos del "control mental" utilizados por los comunistas chinos y denunciados por R. J. Lifton en su libro, se daban en la organización a la que él había pertenecido. Estos ocho criterios del "control mental" son:

1. Control de la comunicación dentro de un entorno.

2. Manipulación mística o espontáneamente planeada.

3. Exigencia de pureza.

4. Culto a la confesión.

5. Sacralización de la ciencia.

6. Simplificación del lenguaje.

7. Prioridad de la doctrina sobre la persona.

8. Abstracción de la existencia .

3. El trance es un estado anímico difícilmente explicable desde una perspectiva materialista, y distinto de la conciencia normal. El estado consciente normal dirige su atención hacia fuera a través de los sentidos externos, pero "en el trance la atención se dirige hacia adentro",se pierde la conciencia del mundo exterior y se reciben con gran facilidad, las emisiones dadas por quien utiliza el hipnotismo con fines propagandísticos. El mismo autor llegará a decir: "En muchas de las sectas que se definen como religiosas, lo que a menudo se denomina "meditación" no es más que un proceso por el cual los miembros de la secta entran en trance, momento en el que pueden recibir sugestiones que les harán más receptivos para seguir fielmente la doctrina de la secta. Las sectas no religiosas emplean otras maneras de introducir individual o de grupo. Además, como estar en trance resulta por lo general una experiencia relajante y placentera, la mayor parte de la gente desea entrar de nuevo en trance tantas veces como sea posible. Es importante resaltar que los investigadores psicológicos han establecido clínicamente que las facultades críticas de los individuos disminuyen en el estado de trance. Uno está menos capacitado para evaluar la información recibida en un trance que en un estado normal de conciencia".

Desde esta perspectiva no debe extrañar que líderes religiosos sin escrúpulos hayan intentado implantar sus credos en personas que han entrado con la mejor voluntad en un grupo determinado.

3.2. La "desprogramación" El tema de la desprogramación es un asunto polémico. Existen dos posiciones enfrentadas, difícilmente conciliables.

De modo muy general ha sido definida como "la ayuda que se ofrece al individuo para que pueda pensar por su cuenta". En este sentido la desprogramación se aplica, evidentemente, a miembros de las sectas a los que se da por sobreentendido que dejaron de pensar por su cuenta en el momento de su entrada en determinada organización de tipo religioso. Y es que sobre ellos se aplicaron sofisticadas sesiones de control mental, de modificación del pensamiento, de persuasión coercitiva e incluso de "lavado de cerebro". El resultado es un cambio de identidad en el sujeto que queda convertido en un ser manipulable, obediente, debilitado, temeroso, incapaz de pensar por sí mismo.

Se trata, por tanto, de retomar al individuo en cuestión y ayudarle a salir de su ceguera mediante el encuentro con un "equipo de desprogramadores" que vendrían a devolverle a la sociedad, a su propia realidad, es decir, a recuperar la libertad perdida.

Los padres de familia, las asociaciones anti-secta y los equipos de desprogramadores están persuadidos de que hay que "rescatar", incluso a la fuerza, "secuestrando" a los jóvenes adeptos para que vuelvan a su vida normalizada según los cánones comúnmente aceptados para recuperar el equilibrio vital perdido por su entrada en una determinada organización.

El argumento básico para la defensa y justificación de los métodos de desprogramación es la conciencia de que el adepto ha sido previamente "programado", es decir, que ha sido manipulado en beneficio del autodenominado grupo religioso. De no existir este proceso, el joven o la joven -afirman los defensores de la desprogramación- nunca hubieran aceptado dar el paso hacia el nuevo grupo y, desde luego, una vez dentro no querrían permanencer por más tiempo de poder "ver" con claridad la identidad del grupo.

La segunda argumentación se basa en el hecho de que las sectas, NMR o Cultos -al menos los llamados peligrosos o destructivos- no son en realidad grupos "religiosos", sino asociaciones económicas o políticas de dudosa entidad que disfrazándose con ropaje religioso eluden las cargas fiscales e incluso se benefician de ayudas estatales.

Desde estas convicciones la desprogramación no atenta -dicen- a la libertad religiosa del adepto ni se violan sus derechos fundamentales, más bien es una obligación de quien por amor desinteresado lucha por devolverlo a la sociedad -familia, Iglesia, universidad, trabajo, amigos- que lo esperan con los brazos abiertos.

Pero la desprogramación ha sido definida desde otras perspectivas mucho más negativas. Para algunos es el proceso por el que el adepto de una secta es "arrancado" de ella y obligado a enfrentarse al equipo desprogramador con el único objeto de demostrarle por todos los medios que el camino elegido es falso, no voluntario y perjudicial para su salud física y mental. Este definición tiene, lógicamente, sus defensores que intentan justificar para oponerse a este proceso contraproducente en tantos sentidos. He aquí las razones que esgrimen en contra de la desprogramación:

- La necesidad de probar seriamente el hecho de que el adepto ha pasado por el "lavado de cerebro" o que ha sufrido el empleo de técnicas manipuladores que le transformaron en un "robot" sin voluntad ni capacidad crítica.

- Es un atentado contra el derecho a la libertad religiosa del individuo. Arrancarlo del grupo contra su voluntad, a veces violentamente, siendo mayor de edad y habiendo optado expresamente por vivir en determinado grupo -por marginal que sea- es un atentado contra la propia conciencia y contra la Constitución de la mayoría de los países que aseguran en su carta magna el derecho a la libertad de toda persona.

- Se cuestionan los mismos métodos empleados en la desprogramación, que producen la mayoría de las veces verdaderos traumas en el individuo sobre el que se efectúa ese proceso de "rehabilitación" o "resocialización" -dos términos que vienen empleándose para sustituir al de "desprogramación" por las controversias levantadas.

- La desprogramación se realiza, a veces, por personas sin experiencia profesional que ofrecen ayuda inadecuada y que, con la mejor voluntad, pueden provocar trastornos irreversibles en el individuo que desean "recuperar".

- Temor de que el fenómeno de la desprogramación llegue a convertirse en una avalancha u ocasión en contra de otros grupos religiosos que en un determinado momento y contexto pudieran ser considerados impopulares, marginales o "indeseables". La pregunta en su forma más cruda se formula así :" ¿acaso no podrían unos padres llegar a contratar los servicios del "equipo de desprogramadores" para impedir que el hijo se convirtiese a otra Iglesia cristiana, a otra religión, o habiendo ingresado en un seminario o convento se le "rescatase" para volver al hogar paterno del que salió "libremente" ?".

Los partidarios de una y otra tesis parten -lo hemos visto- de presupuestos difícilmente conciliables de tal manera que el tema ha adquirido hoy una fuerte carga emotiva. La solución va a depender en primer lugar de la madurez y capacidad de elección libre de nuestros jóvenes, de la información seria y objetiva que se pueda impartir sobre el mundo de la marginación religiosa en nuestras escuelas y centros de educación, pero también tanto de la capacidad de aceptación democrática de otras formas de religiosidad que surgen entre nuestros contemporáneos en una convivencia que supone el respeto a otros credos, como de la flexibilidad, claridad y transparencia mínimamente exigibles en cualquier organización que se presenta como portadora de un mensaje religioso. En este último sentido las sectas y NMR deberían aceptar las sabias recomendaciones y propuestas de resolución del Informe Cottrell. Pero habrá que tener en cuenta que el Parlamento Europeo se ha definido en contra de la desprogramación.