TEMA 4. EL CAMINO DE LA RELIGIOSIDAD SECTARIA
En el tema tercero hemos recordado la complejidad de la "vuelta a lo sagrado". En este vamos a centrar nuestra atención en el camino, en realidad "caminos", religioso por el que han optado muchos grupos marginales.
4.1. El camino de las sectas.
Antes de pasar a desarrollar atentamente las explicaciones sociológicas y las estrictamente religiosas del fenómeno sectario parece necesario tener en cuenta tres afirmaciones que ayudarán a ubicar correctamente este fenómeno. 1/. El fenómeno sectario no es un fenómeno nuevo; 2/. El desplazamiento de la sensibilidad religiosa de hoy. 3/. El clima de la espera milenarista.
a/ El fenómeno sectario no es un fenómeno nuevo. La atención que han prestado los medios de comunicación social al mundo de las sectas y el impacto causado pueden hacer creer a muchos que este fenómeno es de reciente creación. Sin duda la insistencia en el término, siempre ambivalente, de nuevo, aplicado a algunos de los grupos sectarios más controvertidos, ha inducido a creer que las sectas, así, en plural, son cosa de hoy. Nada más lejos de la realidad.
El fenómeno del sectarismo es tan antiguo como las mismas grandes religiones y afecta hoy día a todas ellas. Sería una equivocación creer que las sectas son una manifestación exclusiva del cristianismo. Hay sectas budistas, como las hay en el hinduismo, en el judaísmo y en el Islam. Ninguna religión ha podido evitar que el "inconformismo" de algunos espíritus llegase a cristalizar en cuerpos, más o menos estables al principio, en verdaderas sectas.
Si centramos nuestra mirada en el cristianismo podría detectarse una notable proliferación de grupos "no conformistas" en cada siglo de su historia bimilenaria. Cualquier manual de confesionología o sectología confirma esta aseveración.. Será siempre una difícil cuestión dilucidar el número exacto de sectas que ahora mismo se hallan dentro del mundo cristiano, así como las que se han separado de algunas de las grandes religiones mundiales.
b/ El desplazamiento de la sensibilidad religiosa de hoy. La actitud religiosa de muchos de nuestros contemporáneos se define primordialmente por el deseo de la experiencia y del sentimiento, no por la reflexión o explicación racional de lo religioso. Es comprensible que la búsqueda religiosa, es decir, la exploración e indagación de fenómenos espirituales, aparezca hoy como más importante que la actitud de adhesión a unas verdades determinadas que en otros tiempos definía a la fe como virtud intelectual.
Uno estaría tentado, al comprobar el actual panorama religioso, de dar la razón a William James (1842-1910) cuando siguiendo al viejo Frederich Schleiermacher, valoraba más la experiencia religiosa (lo vivido y experimentado por sí mismo) que la reflexión conceptual (lo pensado y reflexionado).
Las generaciones más jóvenes están a la búsqueda de la emoción religiosa. No es un secreto para nadie la enorme fascinación que ejerce el Oriente para muchos buscadores de espiritualidad. El Oriente se identifica -seguramente con demasiada imprecisión y con bastante ingenuidad- con la verdadera búsqueda del Absoluto, con el auténtico camino para llegar al Indecible, más allá de las fórmulas vacías incapaces de expresarlo en los "credos ortodoxos" de las espiritualidades occidentales.
Lo emocional ha venido a sustituir a lo reflexivo, y para muchos es más importante estar en actitud de búsqueda de la verdad que creer en la verdad (ya) alcanzada. Esta sensibilidad propicia -sin duda- un cierto tipo de sectas y NMR que gozan a veces de mayor y más amplio atractivo que las grandes Iglesias institucionales.
-- El sincretismo. Pero el "desplazamiento" de esta religiosidad se manifiesta a través de otras características, entre las que cabe destacar, en primer lugar, el fenómeno del sincretismo. El sincretismo religioso hunde sus raíces en la idea utópica de una religión universal -síntesis de todas las religiones particulares que le han precedido- y que sería como el culmen de todas ellas.
El contacto entre las civilizaciones propiciado por los MCS, pero también el impulso misionero que se deja sentir hoy en todas las grandes religiones ha facilitado el encuentro de éstas con las religiones locales. Encuentro con una influencia determinante para ese fenómeno llamado de la doble pertenencia o doble fidelidad. Muchos grupos sectarios se presentan en países occidentales invitando a los cristianos a permanecer fieles a sus propias Iglesias tradicionales pero brindando nuevas formas de religiosidad que vendrían a perfeccionar y a culminar lo que iniciaron en sus confesiones originales. J.F. Mayer ha dicho que "la finalidad de la mayor parte de los Nuevos Movimientos Religiosos no es oponerse a las religiones existentes, sino trascenderlas, dar un paso adelante...".
-- La "gnosis". El desplazamiento de la sensibilidad religiosa tiene otras manifestaciones que no siempre son convergentes: a veces, se traduce en la búsqueda de la "gnosis".
Hemos recordado que el "retorno a lo sagrado" es un fenómeno complejo y, sin duda, muy ambiguo. Las búsquedas no siempre se expresan en afirmaciones de fe explícita. Por el contrario, conducen preferentemente a una divinidad sin rostro y a una fe sin revelación. O mejor, cuando se afirma la revelación, se tiene mucho cuidado en afirmar que es una revelación "para algunos", para los "iniciados", para los "elegidos". En realidad, esta "vuelta a lo sagrado" -esta "nueva religiosidad"- es una vuelta a la gnosis, a la vieja gnosis, el peligro que siempre acecha al cristianismo desde sus orígenes y con el que se juega su ser o no ser.
Se percibe hoy un deseo muy fuerte de exploración del psiquismo y de la conciencia porque, se dice, lo exterior es el mundo de las apariencias e ilusiones, de la historia y de la carne. El verdadero itinerario del hombre, del "hombre sabio" será salir, liberarse de su ser de prisionero y ascender -a través de reencarnaciones- al ser armónico y único. Conocerse a sí mismo aparece como el camino privilegiado para conocer a Dios, y la salvación se adquiere por el "conocimiento interior", no por la fe que viene "de fuera".
Esta reviviscencia de la vieja gnosis toma, lógicamente, diferentes formas pero emplea casi siempre un lenguaje esotérico, rechaza explícitamente una fe historizada y acude al dualismo y a la reencarnación. En ocasiones se anuncia el advenimiento de una "nueva era", de una "tercera edad" -la del Espíritu- que tanto recuerda el pensamiento de Joaquín de Fiore y que inspira muchas de las nuevas formas de religiosidad contemporánea. El caso más claro es la "New Age".
Cuando estas formas de religiosidad se dan dentro de una línea más historicista, entonces aparecen anuncios apocalípticos para el fin del milenio, el cumplimiento de las profecías milenaristas y el surgimiento de las sectas de tipo adventista.
c/ El clima de espera milenarista. Pero el camino actual de las sectas se explica también teniendo en cuenta el fenómeno llamado "milenarismo". Una referencia al milenarismo es imprescindible a la hora de ubicar correctamente el fenómeno sectario actual. El término "milenarismo" procede, en la terminología cristiana, de los "mil años" que aparecen en el libro del Apocalipsis (cap. 20, 1-10) y que sugieren un tiempo de felicidad tras la apocalíptica caida del mundo presente.
El afán por conocer el futuro del mundo es, sin embargo, una vieja aspiración en la religiosidad de los pueblos primitivos. Los antiguos profetas de Israel, los chamanes y adivinos de todas las religiones, han hablado en nombre de Dios, aportando su palabra, sus designios y sus bendiciones. Pero la revelación del futuro era como la prueba de fuego.
Desde el cristianismo numerosas sectas han aventurado toda clase de hipótesis para predecir, con seguridad, el fín de los tiempos. Bryan Wilson dio especial importancia a las sectas clasificadas como adventistas o milenaristas.
La Edad Media fue una época especialmente atormentada por la espera de la catástrofe final. Norman Cohn ha dedicado un estudio especial a este fenómeno. El movimiento de los autoflagelantes que recorrieron la Europa medieval parece que estuvo causado por la creencia en la inminente llegada del fín del mundo. Pero algo similar puede encontrarse en las fraterniadades místicas del Espíritu Libre y en las beguinas , en el movimiento de los Shakers de Ann Lee, en las primeras corrientes propiamente adventistas de Wiliam Miller y después de Ellen White, así como en la Sociedad Religiosa de los Testigos de Jehová, iniciada por Charles Taze Russell. En esta larga lista de movimientos milenaristas ocupan lugar privilegiado, aunque poco conocidos en nuestros ambientes, el movimiento iniciado por Simon Kimbangu, en el antiguo Congo belga, y el que arrastró a millares de negros en la costa este de los EEUU, a principios de siglo, por el llamado Father Divine.
Estas son algunas de las más llamativas expresiones del milenarismo cristiano que hunde sus raíces en la interpretación de algunos libros sagrados, especialmente Daniel y el Apocalipsis, y que tiene sus primeros exponentes en ciertos escritos de San Ireneo (130-208), Tertuliano (155-220) y Lactancio (260-325). Las obras, sin embargo, que han ejercido una influencia decisiva en el posterior desarrollo del milenarismo son Profecía sobre los papas del irlandés San Malaquías (1094-1132) y Las siete centurias de Michel de Nostradamus (1504). Este último autor tiene especial atractivo como lo prueban las numerosas obras, regularmente sin consistencia, que llenan los escaparates de nuestras librerías.
Es un error creer que los movimientos milenaristas pertenecen exclusivamente al pasado. En realidad el milenarismo es un fenómeno de alcance universal que afecta a la imaginación colectiva tanto de las sociedades oprimidas, como de las sociedades opulentas, tanto a las sociedades de vieja implantación cristiana como aquellas donde no se arraigó el cristianismo. M.I. Pereira de Queiroz ha escrito que:"
"en sentido estricto, el milenarismo es la creencia según la cual Cristo establecerá sobre la tierra, después de la Segunda Venida, su reino de mil años (o milenio) conforme a la interpretación literal del Apocalipsis. El concepto de "milenarismo" es utilizado hoy en día en un sentido más amplio, más allá del marco judeo-cristiano, para designar 'la creencia en una era futura, profana y sin embargo sagrada, terrestre pero celeste; todos los errores serían entonces corregidos; todas las injusticias reparadas; la enfermedad y la muerte abolidas'" (40).
Al milenarismo están vinculadas las visiones utópicas de los visionarios sociales y políticos, pero fundamentalmente las voces y los anuncios proféticos de quienes creen detentar el favor divino. El "clima" milenarista se desarrolla de manera decisiva en ambientes en los que, ante la inquietud de cataclismos naturales o comportamientos sociales deteriorados -terrorismo, violencia étnica, etc.- o ante la proximidad del final del milenio surgen miedos irracionales, ansiedades, esperanzas. El estado de ansiedad religiosa, mezcla de pánico visceral y exaltación mesiánica, induce a la aparición de grupos religiosos que proclaman la llegada de un mesías capaz de fulminar este mundo corrupto y hacer aparecer una nueva creación. Pero esto exige conversión, seguimiento, separación y ruptura con la sociedad. Y pide, lógicamente, trabajo de captación de nuevos miembros.
Son numerosas las sectas de tipo milenarista aparecidas en tiempos recientes: Iglesia Universal de Dios, Mahikari, algunos grupos pentecostales, la Iglesia de la Unificación, del rev. Moon, y los numerosos grupos pertenecientes al Movimiento de la Nueva Era que adquieren un interés cada vez mayor en ambientes cosmopolitas de la sociedad europea y norteamericana.
He aquí como el telón de fondo para entender ese amplio pero ambiguo mundo sectario que anuncia las fechas del inminente final del mundo, de la llegada del mesías, del exterminio total de los que no pertenecen al número de los elegidos y de la salvación que se da a los verdaderamente "llamados".
Valdrá la pena retener las características de la salvación que ofrecen los grupos milenaristas y que ha recogido perfectamente Norman Cohn en un libro clásico en la materia:
"Las sectas o movimientos milenaristas ofrecen siempre la salvación como algo:
4.2.- Las razones del fenómeno sectario
Hasta ahora se han analizado dos tipos de crisis que han preparado el terreno propicio al surgimiento del fenómeno sectario. Por una parte, recordábamos la crisis religiosa que supuso para el Occidente cristiano el hecho de la Ilustración. Una crisis que, en realidad, afectaba más a las instituciones oficiales de lo sagrado -las grandes religiones y las Iglesias históricas- que al mismo hecho religioso y que supuso el éxodo masivo de muchos miembros de estas instituciones.
La segunda crisis es la crisis de la modernidad. Los cuestionamientos a la misma provenientes de esos fenómenos tan peculiares llamados postmodernidad y neoconservadurismo han facilitado un nuevo "retorno" a lo religioso. El "retorno a lo sagrado" implica, en realidad, un desplazamiento muy complejo de la sensibilidad religiosa que hemos analizado en el apartado anterior y cuyas expresiones son muy variadas: énfasis en la experiencia emocional más que en la reflexión doctrinal; auge del interés por el sincretismo y la gnosis, a veces por la búsqueda del reconocimiento científico de la religiosidad; la fascinación ejercida por el Oriente; y, por último, el clima de espera milenarista, en continuo crecimiento, a medida que nos acercamos a la era de Acuario.
He aquí como el telón de fondo que enmarca grandes espacios de la religiosidad marginal y cuyo atractivo es innegable para la mayoría de nuestros contemporáneos.
En este último apartado se trata de ver en concreto algunas de las motivaciones sicológicas, sociológicas y propiamente religiosas que explican el por qué del mundo de las sectas.
-- La necesidad de ruptura y seguimiento.
Recordábamos que el origen semántico del término "secta" reside en los verbos latinos secare: cortar, romper con,; y sequi: seguir, optar por. En efecto, toda secta se distingue de los demás grupos porque ha dado un paso decisivo que ha supuesto la ruptura con el mundo que le rodea, sea la sociedad misma, sean las Iglesias y los otros grupos religiosos.
Las relaciones de las sectas con la sociedad son frecuentemente conflictivas, precisamente por la actitud negativa que manifiestan la mayoría de ellas. Uno de los elementos coincidentes de todas las sectas es el cuestionamiento a la sociedad misma que adquiere varios niveles: algunas cuestionan ciertos valores reconocidos por la mayoría de la población: valores culturales, científicos, artísticos, filosóficos; otras cuestionan los mismos valores humanos como el matrimonio y la sexualidad, el compromiso social, la solidaridad y la justicia, etc. Hay sectas que cuestionan la sociedad misma, globalmente considerada, y de ahí su actitud de huida, dando todo el énfasis a la conversión interior y al grupo de los elegidos; mientras que otras, por último, toman la dirección opuesta y se introducen de lleno en la sociedad para cambiarla radicalmente apelando a intervenciones sobrenaturales y esperando su inminente desaparición.
La ruptura con los otros grupos religiosos y con las grandes Iglesias cristianas suele ser radical. De ahí el rechazo del diálogo ecuménico que manifiestan la mayoría de los grupos marginales. Habría que excluir de esta consideración a las sectas y NMR de tipo sincretista -un ejemplo en este sentido es la Iglesia de la Unificación- que promueven el entendimiento entre las diferentes religiones, aunque ciertamente de carácter distinto al diálogo que se da entre las Iglesias cristianas divididas. La ruptura con el mundo se traduce en algunas sectas y NMR en un radical apoliticismo o en actitudes de clara militancia anticomunista.
El segundo elemento que surge del origen semántico del término secta hace referencia al seguimiento. En efecto, si se ha roto con el mundo, con sus valores e instituciones sagradas, es porque alguien ha propuesto un nuevo camino de seguimiento que viene a ser como una salida de salvación ante la corrupción del mundo presente. El líder sectario goza de una autoridad carismática reconocida por sus seguidores, cuyo liderazgo aparece incuestionable y digno de la mayor fidelidad.
La figura del líder sectario ha sido ya estudiada desde muchos puntos de vista, destacándose siempre cualidades excepcionales indiscutibles. Ramiro A. Calle, en una obra consagrada a los maestros espirituales de Oriente pero aplicable en tantas intuiciones a los fundadores de sectas y NMR occidentales ha escrito: "Es necesario dejar claro qué es y qué ha representado el maestro en la tradición india. En los Dharmashastras, en el Yoga, en el Tantrismo, el maestro es la llave que abre la puerta a la trascendentalidad. El inicia, él enseña, él dirige, él aconseja, él reprende. Nada es posible sin el maestro. Todo es el maestro. Y cuando me refiero al término guru, siempre lo utilizo en este sentido. Como encarnación de la Divinidad, como núcleo espiritual, como médula y custodio de la Tradición, el guru... debe ser venerado, respetado, idealizado, honrado, amado más que una madre, un hermano, una amante...".
Si afirmaciones tan serias pueden ser dichas del líder espiritual, es obvio que un líder desviado puede entorpecer y perjudicar grandemente al discípulo. El mismo autor no duda en escribir:"Y por lo que representa y siempre ha representado en la Tradición, y porque es el crisol de miles de esperanzas humanas de procurar un significado a la existencia y aproximarse a la realización, el guru está en una situación de privilegio tal que prácticamente dispone de la vida del discípulo y si se trata de un falso guru se halla en una situación idónea para alimentar su vanidad, cumplir toda clase de sospechosos propósitos, engañar y explotar. Así como el guru verdadero es una bendición, un custodio de la más alta espiritualidad y merece admiración profunda y respeto, el falso guru representa un peligro, puede cometer toda clase de abusos y decepciona a muchos discípulos que para colmo al desilusionarse del guru también pueden hacerlo de la verdadera Enseñanza, sin considerar que el comportamiento de los representantes de un sistema de liberación es al margen del sistema mismo".
De manera sobria el Informe Progresivo del Secretariado Romano para la Unidad, al enumerar las razones de la difusión de estos grupos pone énfasis en la "necesidad de un guía espiritual". Y concluye textualmente:
"Algunas sectas parecen ofrecer: guía y orientación a través de un fuerte liderazgo carismático. La figura del maestro, líder, guru, juega un papel importante en la cohesión de los discípulos. Al mismo tiempo no existe sólo sumisión, sino abandono emocional, y siempre una devoción casi histérica hacia un líder espiritual (Mesiah,profeta, guru)" (II, 1, g.).
-- Las búsquedas del ser humano.
El documento citado anteriormente ofrece una clave para entender el por qué de las sectas. Una afirmación apenas tenida en cuenta por muchos especialistas del tema sectario. "Pocos se unen a una secta por malas razones. Quizá la oportunidad más grande de las sectas es atraer a gente buena y por buenos motivos. En efecto, ellos obtienen el mejor éxito positivo cuando la sociedad o la Iglesia no les han ofrecido una buena motivación" (I, 4.)
Esta afirmación difiere de manera notable de muchas de las presentaciones clásicas del adepto a una secta como "alguien movido por motivaciones inconfesables o debido a su deteriorada constitución". P. Rodriguez confiesa que " el futuro adepto a una secta no es, por regla general, un individuo atípico y desequilibrado; no es una personalidad con 'graves problemas psíquicos'... No es, para entendernos, un 'loco' o un 'tarado', sino una persona angustiada por la constante amenaza de sus intereses vitales por parte de la estructura social".
Y otro autor, A. Alaiz, reconoce que: "Antes de hacer los primeros estudios y analizar científicamente las condiciones que hacían favorable la adhesión a las sectas se pensaba, gratuitamente, que se trataba de sujetos de personalidad defectuosa o de un bajo coeficiente intelectual. Pronto se comprobó que lo que tenían todos los adeptos o ex adeptos en el momento de su captación era una situación de crisis".
El sujeto que entra a formar parte de algún grupo marginal no sólo es el rechazado de la sociedad, o el desengañado de las religiones o Iglesias institucionales. Es esta una visión un tanto parcial pero muy extendida. Quienes llegan a formar parte de estos grupos son, muchas veces, buscadores que han optado por un tipo de creencias y comportamientos no conforme a los modelos aceptados por la mayoría. Pero ello no supone -y aquí habría que poner en duda parte de las afirmaciones de Rodriguez y de Alaiz- que tales sujetos tengan que ser necesariamente personas angustiadas o en situación de crisis.
Ningún derecho asiste a nadie para poner en cuestión la sinceridad de los interrogantes que llevaron a ciertas personas a ingresar en grupos sectarios, e incluso a sospechar del oscuro origen de sus cuestionamientos y búsquedas. Las búsquedas son múltiples y los buscadores insaciables. Daniel Rops, en el prólogo a un viejo libro sobre el mundo de las sectas, dice de su autor:
"Maurice Colinon, que se ha tomado el trabajo de visitar él mismo todas las sectas de que habla, no oculta su impresión ante la evidente sinceridad de los adeptos de todas esas "religiones deleznables", y más aún de su admirable fraternidad. Mientras los ateos materialistas no nos proponen más que un mundo terrible, burocrático y rígido, donde el contacto de hombre a hombre es casi nulo, mientras tantos cristianos -hay que decirlo- han perdido el sentido de la caridad de Cristo y viven en el egoismo de su fe como en un bastión, los creyentes "antonianistas" o los "cuáqueros" nos dan el ejemplo de una vida religiosa inmensamente fraternal y humana.
Esa aspiración de un sinnúmero de hombres a fundirse en un alma colectiva, que, desviada de su impulso espiritual, conduce al aniquilamiento del hombre en los sistemas totalitarios, esa aspiración que tantos cristianos no logran satisfacer en el corazón de sus hermanos, es la que colman las "pequeñas religiones" y las nuevas sectas. Y esto no carece de significado" .
No es claro que las personas que entran a formar parte de los grupos sectarios sean necesariamente sujetos con algún tipo de deterioro. Louis West ha dicho taxativamente :" Mis propias observaciones..., me han llevado a creer que no hay un perfil de personalidad característico entre aquellos que se unen a las sectas. Muchas personas equilibradas y exitosas provenientes de familias normales han sido reclutadas con éxito por las sectas" .
Un análisis de los factores que llevan a los nuevos adeptos a ingresar en las sectas -según algunas encuestas- revela, en primer lugar, la existencia de un elemento común y fundamental en todos los adeptos: la actitud de búsqueda. Sólo después se puede hablar de la situación, de la difícil situación, que atraviesan algunos adeptos y que les hace, efectivamente, ponerse en actitud de búsqueda.
El autor citado ha enumerado algunos factores de predisposición personal, a pesar de no poder trazar el perfil del "sectario", y que serían los siguientes: "idealismo ingenuo, stress situacional (frecuentemente relacionado con las crisis normales de la adolescencia, tales como las decepciones románticas o los problemas escolares), dependencia, desilusión o una naturaleza excesivamente crédula" .
P. Rodríguez ha recopilado en un trabajo -válido más por los datos que aporta que por la lectura que hace de ellos- los resultados de algunas encuestas realizadas en los EEUU. y en Alemania -no siempre extrapolables a la situación española- en lo referente a los factores personales y sociales de quienes ingresan en las sectas. He aquí algunas de las conclusiones que acaparan mayor consentimiento:
- Los adeptos no tienen por qué haber sufrido problemas psíquicos graves antes de su entrada en la secta.
- La mayoría ingresa en edades comprendidas entre los 18 y 22 años.
- Pertenecen a la clase media relativamente bien acomodada.
- La proporción de varones supera en un 50% a las de las mujeres.
- Un 20% han completado sus estudios universitarios, mientras que un 60% no han llegado a concluirlos.
- Su coeficiente intelectual es elevado pero tienen problemas para poder elegir estudios satisfactorios y adaptarse a ellos.
- Presentan un alto factor de insatisfacción en la vida cotidiana (Insatisfacción que según el estudio de Eden se centra en los estudios (45%); planes para el futuro (54%), amistades (53%); sexualidad (56%).
- Entre un 20% y un 50% han recurrido a la ayuda siquiátrica o sicológica antes de entrar en la secta.
- Demasiada propensión al idealismo.
- Problemas de relación interpersonal.
- Escasa tolerancia a la ambigüedad (tendencia al absolutismo).
- Carácter dependiente (por sobreprotección de origen familiar u otros factores que crean dependencia de una figura paternal o de autoridad).
- Preocupación por interrogantes existenciales.
- Tendencia a conceptuar los problemas desde una óptica religiosa.
- Búsqueda de respuestas no conservadoras.
- Susceptibilidad a los estados de trance.
Los resultados de otra encuesta -ésta realizada por Franz Petermann y citada también por P. Rodriguez- se centra en los motivos de la entrada en la Iglesia de la Unificación. He aquí, de más a menos, los resultados de la investigación:
- Por idealismo (80%).
- Por colaborar con un grupo (45%).
- Para solucionar problemas personales (35%).
- Para romper con la familia o el trabajo (10%).
- Por el deseo de ser un elegido (10%).
- Por esperar o desear algo muy especial (10%).
- Para obtener claridad en las preguntas sobre la fe (5%).
En el estudio de Atilano Alaiz, titulado Las sectas y los cristianos hay un apartado dedicado a la situación y motivaciones de los adeptos al entrar en determinados grupos sectarios. El autor presenta sus testimonios en el marco de la entrevista. Recogemos algunos de los más significativos:
"A mí me cazaron en una etapa de mi juventud en que yo estaba emocionalmente muy débil; acababa de morir mi madre; (se dieron cuenta) y vinieron a por mí; me ofrecieron su amistad y ayuda, y... quedé atrapado".
"Yo estaba desesperado; acababa de perder a mi mujer. Conocía a una chica que era miembro de la secta y que me decía que a ella le habían ayudado mucho en momentos difíciles. Me llevó; se dieron cuenta de mi estado de ánimo; de tal manera me acompañaron, que después, aunque tenía ganas de dejarlos porque no me convencían, me sentía atado por motivos de gratitud".
"Yo estaba feliz en mi barrio anterior. Nos tuvimos que cambiar. Allí tenía yo mis amigos, mis compañeros de colegio. Luego hubo una pequeña crisis familiar. Yo me sentía deprimido. Un día oí a un grupo de ... que cantaban felices. Me ofrecieron su amistad y su ayuda; de momento llenaron mi vacío interior; y, a pesar de la fuerte oposición de mis padres, me fui a vivir con ellos".
"Estaba yo en plena adolescencia, trece años... Me enfrentaba con problemas propios de la adolescencia, es decir, me sentía sola. Sentía que nadie me comprendía. Un día se me acercó un grupo de jóvenes que me dijo que me amaban, y pensé que había encontrado lo que estaba buscando. El mensaje no me importaba, ni tampoco si éste era bueno o malo. Lo esencial es que la gente me trataba con afecto".
"Teníamos a los padres de mi marido en las afueras de Vigo; estaban solos, un poco desatendidos y aburridos; necesitaban de alguien que les diera una mano; nosotros estábamos en aquel momento en San Fernando de Cádiz. Cuando vinimos aquí nos llevaron al 'Salón del Reino'; les vimos muy honrados, trabajadores y serviciales, y nos unimos a ellos" (52).
El presupuesto aceptado por la mayoría de los autores respecto al reclutamiento de los nuevos adeptos es que éstos son personas particularmente sugestibles, pasivas, con grandes carencias afectivas y necesitadas de refugio ante las dificultades de la sociedad. Presupuesto asumido sin discusión hasta muy recientemente.
En un trabajo controvertido sobre los métodos de reclutamiento empleados por los NMR, la socióloga inglesa Eileen Barker cuestiona precisamente tales presupuestos. Propone en su estudio la comparación de cuatro grupos humanos con el fin de analizar qué tipo de sujetos llegan realmente a convertirse en miembros activos de la Iglesia de la Unificación, uno de las agrupaciones más polémicas de la actualidad, qué les induce a entrar y qué sujetos lo abandonan tras una corta permanencia.
Los cuatro grupos del estudio de Barker son: el grupo genérico de población calificado de normal (diferentes edades, profesiones, etc.); el "grupo de control" que corresponde a jóvenes adultos de la misma edad, sustrato social, etc. que los "moonies"; el grupo de personas que acude eventualmente a los "talleres" de la Iglesia de la Unificación; y el grupo mismo de los "moonies".
En su hipótesis previa, Barker da como sentado que el grupo de los que frecuentan el "taller" e ingresan como miembros de los "moonies" son aquellos jóvenes que habrían tenido una niñez infeliz, de padres divorciados, con un historial de desarreglos siquiátricos, desempleados, con una escolarización muy baja y sin perspectivas de futuro.
Los resultados finales, sorprendentemente, venían a demostrar que, en efecto, quienes frecuentaron el "taller" moonie habían sufrido algunas de esas carencias. Pero tras una breve estancia, quizá una semana, muy pronto abandonan sus deseos de continuar. Es decir, aquellos sujetos que parecía serían los más susceptibles de quedarse -según el criterio más comúnmente aceptado- fueron precisamente los que decidieron abandonar el movimiento. Los sujetos que, por el contrario, acuerdan perseverar son quienes apenas habrían sufrido las taras mencionadas y creen encontrar un lugar adecuado en esta agrupación.
Las características típicas de los individuos que según el estudio de Barker optan por permanecer son las siguientes:
- Edad media, 23 años.
- Los varones sobrepasan a las mujeres en un 3 sobre 2.
- Pertenecen a la clase media o media alta.
- Hijos de "buenas familias", con gran valoración del servicio a los demás.
- Con un porcentaje de inteligencia más alto del normal, habiendo trabajado bien -aunque no brillantemente- en la escuela.
- Una mayoría ha empezado, completado o está a punto de entrar en la universidad o en algún centro superior de educación.
- Educados en hogares en los que la religión es importante, y ellos mismos se sienten creyentes en el momento de acercarse al "taller".
- Extremadamente idealistas.
- Gentes activas, no encontrándose "a la deriva" y sin rumbo fijo.
- Con una idea clara de hacer algo por mejorar el mundo, pero no habiendo encontrado hasta entonces en la sociedad el camino para realizar tales objetivos.
Barker no pretende minusvalorar el papel que juegan los "talleres" a la hora de persuadir a los asistentes para ingresar en la agrupación sectaria. Afirma a la vez, sin embargo, que quienes deciden quedarse lo hacen "por simple elección" y "si la alternativa que ofrece la Iglesia de la Unificación a sus huéspedes no parece darles sentido a la luz de sus predisposiciones y previas experiencias, resueltamente no se unirán a ella".
Estudios como los de Barker ponen en cuestión muchas de las repetidas afirmaciones que se dan por sentadas en círculos de estudiosos sobre el fenómeno sectario. Será sin duda éste un camino abierto a investigadores sin prejuicios en el que trabajan, por ejemplo, centros como CESNUR.
Parece que debe quedar claro que la actitud de búsqueda en primer lugar, y sólo después las situaciones difíciles y conflictivas que atraviesan las personas, son factores importantes que llevan a nuestros contemporáneos a ingresar en diferentes agrupaciones marginales y sectarias.
Las búsquedas son extremadamente variadas y complejas. Siendo fundamentalmente religiosas, no se presentan siempre como interesadas en lo explícitamente sagrado. Pero muestran la actitud positiva, voluntaria, libremente querida del sujeto que eventualmente llegará a militar en la nueva secta.
Cuando empleamos el término búsqueda para designar la actitud del nuevo adepto lo hacemos sin la carga emocional con la que habla Carlos Díaz de la "religión del consumidor". En efecto, este autor atribuye a la Ilustración la ruptura y el resquebrajamiento de aquella pasión radical del patriarca Abraham, aquella indisoluble unidad entre la llamada de Dios y la respuesta del hombre. Unidad perdida en el Occidente a causa del fenómeno de la Ilustración. Rota la unidad esencial de la verdadera religiosidad -en la que la iniciativa era de Dios- ahora la "iniciativa -para Carlos Díaz- parte del consumidor", "ahora la religión está centrada en el cliente". Ahora el que busca es el consumidor.
Se hace difícil entender cómo el hambriento de Dios, el buscador de sentido, el rastreador de espiritualidad nacido después de la Ilustración, y pese a introducirse por veredas ambiguas, pueda ser descalificado como simple "consumidor" o "cliente" del supermercado espiritual.
Pero resulta también, cuando menos, desconcertante la presentación que normalmente se hace de los candidatos a las sectas como meros autómatas, atraídos pasivamente, y movidos por las artimañas y métodos sofisticados de los grupos sectarios. Nada queda del deseo, del querer positivo, de la búsqueda propia del sujeto. Todo se reduce a un ser engañado, atrapado, irremisiblemente equivocado. Afortunadamente en tiempos recientes y desde distintos espacios se está analizando con delicada atención el fenómeno sectario y se está tomando en serio a aquellos que buscan y creen encontrar en nuevos movimientos religiosos los anhelos y las esperanzas que dan sentido a sus vidas. Se ha señalado con frecuencia como modelo típico de esta nueva aproximación el Informe progresivo de varios organismos vaticanos publicado en 1986.
El Informe asume como telón de fondo la necesidad de considerar el fenómeno sectario como un desafío pastoral más que como una amenaza, y acepta como imperativo el deber de "recordar el respeto debido a cada individuo" así como el de manifestar una actitud de comprensión y no de condena a los mismos (I, 6).
Este documento, tras señalar la "estructura despersonalizante" como uno de los síntomas de la sociedad contemporánea y como la motivación de tantas situaciones de crisis en el individuo, apunta las necesidades y aspiraciones de los hombres y mujeres que exigen respuestas inaplazables.
El capítulo segundo del Informe trata de las razones de la difusión y, por tanto, del éxito de estos movimientos que agrupa en nueve puntos. Lo que interesa resaltar ahora es el hecho de que nuestro documento valora el papel activo que protagoniza el futuro adepto. Para ello utiliza ciertos términos que no dejan lugar a dudas: necesidad, aspiraciones, y sobre todo, búsqueda. Los individuos entran en las sectas en "búsqueda" de pertenencia (a); de respuestas (b); de integridad (c); de identidad cultural (d); de trascendencia (e); de ser reconocidos (f); de una guía espiritual (g); de visión (h); y de participación y compromiso (i).
Pero el reconocer y valorar la actitud de búsqueda del individuo como el factor básico a la hora del análisis del fenómeno sectario, es uno de los logros que deberá concederse al Informe progresivo del Secretariado Romano para la Unidad de los Cristianos.