TEMA 8: LAS INSTITUCIONES ECUMENICAS (I)

 

INTRODUCCIÓN

Recordábamos al principio del curso una verdad fundamental en lo que atañe al ecumenismo. El ecumenismo es uno. No hay un ecumenismo católico, otro protestante, y otro anglicano. Hay, ciertamente, diversas aproximaciones al único movimiento ecuménico. Hay una aproximación católica, como las hay protestantes o anglicanas. El ecumenismo es un todo. Por eso cuando hablábamos de la variedad en el ecumenismo lo hacíamos por razones pedagógicas y en atención a la claridad. Se trataba, en el fondo, de resaltar acentos, enfoques, particularidades, es decir, aproximaciones.

Ahora centramos nuestra atención en dos aspectos que nunca podrán separarse en la experiencia eclesial. Son dos aspectos que se complementan. Nos referimos al don de la unidad -como acción del Espíritu-, y a la cooperación humana que se desarrolla a través del acercamiento espiritual y a las mediaciones institucionales en orden a la preparación y recepción del don del Espíritu.

Unimos, sin confundir, en este tema algo a lo que se tiende normalmente a separar: el acontecimiento y la institución, el don y la preparación del don, lo carismático y lo institucional. Y lo hacemos por una convicción profunda. Todo en la experiencia eclesial está movido, en última instancia, por la gracia. La acción del hombre, nacida de la libertad, no es ajena, sin embargo, a la mirada de Dios. Y es que la teología de la encarnación rechaza el dualismo maniqueo negador de la presencia del Espíritu en lo humano. Su presencia está asegurada en nuestras cosas a pesar de las deficiencias y limitaciones

El Dios de Jesucristo es también el Dios de la creación que consideró buena, en la noche de los tiempos, la obra de sus manos. Es el Dios que nunca ha renegado del hombre, sino que le ha sido fiel. Por eso la redención no es negación de su creación, es la mejor prueba de que Dios apuesta por el hombre a pesar, tantas veces, del hombre mismo. No cabe esperar, por tanto, que hablemos aquí, por una parte de la unidad como obra del Espíritu; y, por otra, de las instituciones ecuménicas como desprovistas de todo vestigio divino y, por ello, como contrapuestas o antagónicas a la misma tarea de reconciliación del Espíritu de Dios.

Pero dicho esto, y con la misma convicción, habrá que recordar que la institución no es acaparadora del Espíritu, que la institución no tiene el monopolio de la acción imprevista, libre y eficaz de Dios. Es un vicio arraigado en ciertos ambientes eclesiásticos considerar la institución eclesial como la poseedora exclusiva de las mediaciones por las que el Espíritu asegura su presencia entre los hombres y mujeres.

Por lo que respecta a la cuestión ecuménica esto quiere decir que aquellos que aseguran, al frente de los organismos eclesiásticos, las aspiraciones unionistas, deberán estar a la escucha de grandes sectores del Pueblo de Dios e incluso de nuestra sociedad en cuyas ansias y búsquedas de unidad suena también la voz de Dios, porque es deber permanentemente eclesial "el escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del evangelio" (GS 4).

Teniendo, pues, bien presente en nuestro ánimo esta primera consideración nos introducimos en el difícil tema de conocer las instituciones ecuménicas a través de las cuales el Espíritu puede ir ofreciendo el don de la unidad. Pero sabiendo que estas instituciones, por importantes que sean, no son acaparadoras de la oferta de unidad con que el Espíritu regala a las Iglesias sus dones

LAS INSTITUCIONES ECUMENICAS

Dejamos apuntado más arriba la complementariedad que hay entre carisma e institución. El hecho de que, a veces, ciertas instituciones eclesiásticas hayan apagado la voz del Espíritu no permite generalizar sobre la incompatibilidad entre el don del Espíritu y la institución eclesial. Nos centramos ahora, en cambio, en las respuestas cristianas a ese "movimiento dirigido a restaurar la unidad de todos los cristianos, surgido por impulso del Espíritu Santo" (UR, 1).

1) En forma introductoria recordamos unos nombres, unas fechas, unos acontecimientos que están en los orígenes del movimiento ecuménico. 2) Analizamos después las dos grandes instituciones que hoy mejor canalizan el deseo de unidad, es decir, el Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad. Dos instituciones con propósitos comunes, pero de muy diferente estructura y composición. Ambos organismos impulsan hoy el amplio abanico de obras de tipo ecuménico a escala internacional, regional y nacional. 3) Por último nos detenemos en los niveles más sencillos del trabajo ecuménico, es decir, en aquellos que se realizan en la base y cuyos protagonistas son los creyentes sin títulos ni diplomas del Pueblo de Dios.

1) Los orígenes del Movimiento Ecuménico

Los orígenes históricos del movimiento ecuménico están vinculados a personas, a nombres muy concretos que "esperaron contra toda esperanza". Podría escribirse seguramente la historia del ecumenismo titulando cada uno de sus capítulos con el nombre de alguno de los personajes que en un determinado momento contribuyeron de manera decisiva al progreso de la causa de la unidad cristiana.

Lo que distingue a estos cristianos que apostaron por el ecumenismo, fundamentalmente a sus pioneros, es la profunda convicción de que la unidad de las Iglesias cristianas será un hecho en la historia. Este horizonte utópico es imprescindible a la hora de valorar el trabajo realizado por estos hombres. Sin "soñadores" como William Carey, John Mott, J.H. Oldham, Charles H. Brent, Nathan S`derblom, William Temple, John Baillie, Ferdinand Portal, Lord Halifax, card. Mercier, Paul Couturier, Yves Congar, etc. -por citar sólo un puñado de pioneros- no cabría pensar en lo que luego, a través de las instituciones y organismos a los que dieron vida, será el movimiento ecuménico.

Centramos nuestra atención en tres grandes aportaciones que están- a lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX- en los orígenes y constituyen las bases del moderno ecumenismo: el asociacionismo cristiano, el movimiento misionero, y los movimientos Fe y Constitución y Vida y Acción.

1.1. El asociacionismo cristiano

Varios fenómenos políticos, sociales y culturales que tienen lugar en Europa desde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XX suponen uno de los mayores desafíos que el cristianismo haya recibido en su historia. Los principios de la revolución francesa, la Ilustración alemana y el racionalismo, la revolución industrial y el nacimiento de la clase obrera, el capitalismo salvaje y el surgimiento del movimiento socialista y comunista, la exaltación de la democracia y el liberalismo debilitan la influencia y el papel regulador que las Iglesias venían desempeñando tradicionalmente.

La reacción de las Iglesias europeas ante el desafío difiere lógicamente en sus modos y en sus contenidos. De modo general cabe recordar que algunas Iglesias se encierran en sí mismas -para preservar su identidad- y condenan toda clase de liberalismos y modernismos. Otras, en un afán de encuentro con el mundo que se está haciendo, se identifican de tal manera con muchos de los fenómenos nacientes que en algunos casos cabe preguntarse si no se ha disuelto la fe que esas Iglesias dicen mantener.

Junto a esas posiciones extremas pero reales -condena indiscriminada del mundo moderno o identificación ingenua con el mismo- hay que destacar un fenómeno que tendrá consecuencias muy positivas. Es el intento -desde algunos espacios eclesiales- de suscitar una nueva presencia cristiana en la sociedad. Intentos de presencia en el mundo del trabajo, en la universidad, en la vida ciudadana que coincide precisamente con la llegada masiva de gentes que abandonan el campo y se hacinan en grandes bolsas de pobreza alrededor de las ciudades. Y empiezan a descubrir que en todas las tradiciones cristianas hay un tronco común. Surge así una serie de movimientos e instituciones cristianas con una influencia decisiva para el futuro movimiento ecuménico. Unas son de carácter claramente interconfesional; otras, aunque de carácter confesional, significan "alianzas" de Iglesia que han roto con su aislamiento regional o nacional. He aquí algunas de las que merecen destacarse:

--- Asociación Cristiana de Jóvenes (Youth Men Christian Association. YMCA), y Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes (Youth Women Christian Association. YWCA). Ambos movimientos son resultado del despertar evangélico que se dejó sentir en Gran Bretaña y los Estados Unidos en la década de los años 40 del siglo XIX. Fueron fundados en Inglaterra en 1844 y 1854, respectivamente, y se expandieron rápidamente por América del Norte. Ninguna de estas dos organizaciones tuvo como objetivo inicial el acercamiento entre Iglesias, y algunos de sus líderes fueron indiferentes a las cuestiones de relaciones eclesiásticas. La preocupación principal fue evangelística y misionera, la "extensión del reino de Dios entre la juventud". Tanto el YMCA como el YWCA, influirían positivamente en la celebración de la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo (1910), y con ello, en el terreno ecuménico. No es ninguna casualidad que grandes pioneros del ecumenismo hayan militado en su juventud en el YMCA: John Mott, W.A. Visser't Hooft, V.S. Azariah, Henry Dunant, fundador además de la "Cruz Roja", etc.

--- Federación Mundial de Estudiantes Cristianos (World Student Christian Federation. WSCF). Este movimiento, fundamentalmente de laicos, va a tener una influencia decisiva en el ecumenismo. A partir de 1895 reúne a líderes estudiantiles con el objetivo de ofrecer un testimonio cristiano dentro de las universidades y "colleges". El liderazgo de John R. Mott fue decisivo para que el "movimiento de estudiantes cristianos" incidiese en numerosas universidades y facultades de teología norteamericanas de finales de siglo. En 1898 se celebra en Birmingham una conferencia en la que participan representantes de colegios teológicos tanto de tendencia anglo-católica como de las de "Iglesias libres" y evangélicas. Esta amplitud de horizontes será decisiva ya que los delegados de los estudiantes cristianos que participan en la Conferencia de Edimburgo (1910), representan casi todo el panorama del cristianismo no romano. Al año siguiente de la Conferencia de Edimburgo se reúne una asamblea de la "Federación Mundial de Estudiantes Cristianos" en la ciudad de Constantinopla. Ello significa la salida de la Ortodoxia de su secular aislamiento. Aquella asamblea se celebra con la bendición del Patriarca ecuménico. Inmediatamente después de la asamblea, John R. Mott y Ruth Rouse organizan sedes del WSCF por numerosos puntos de Rumanía, Serbia, Bulgaria, Grecia. El trabajo de la "Federación Mundial" en colaboración íntima con el YMCA y el YWCA, ha dado resultados apreciables a lo largo de las dos guerras mundiales en varios campos: en el tema de refugiados e inmigrantes con la creación del CIMADE, en los estudios bíblicos, y en la promoción de la mujer en tareas de responsabilidad cristiana con nombres como los de Suzanne de Diétrich, Madeleine Barot y Sarah Chakko.

--- Consejo Internacional Misionero (International Missionary Council). Creado en 1921, en Lake Mohonk (EEUU), e integrado en la "Consejo Ecuménico de las Iglesias" en su Asamblea General de Nueva Delhi (1961), es el resultado más palpable de la labor misionera protestante llevada a cabo durante el siglo XIX por diferentes asociaciones misioneras y por las "Iglesias jóvenes" de Asia y Africa. La Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo (1910), significa el momento más decisivo de aquellos encuentros.

Otras manifestaciones muy claras de asociacionismo cristiano que influyen también en la génesis del movimiento ecuménico son las Alianzas o Federaciones mundiales de Iglesias de la misma confesión:

- Conferencia de Lambeth, 1867. (The Lambeth Conference of Anglican Bishops).

- Alianza de Iglesias Reformadas, 1875 (The Alliance of Reformed Churches).

- Consejo Metodista Mundial, 1881 (The World Methodist Council), hasta 1951 se llamó Conferencia Ecuménica Metodista.

- Unión de los Viejo-Católicos de Utrecht, 1889 (The Old Catholic Union of Utrecht).

- Consejo Internacional Congregacionalista, 1891 (The International Congregational Council).

- Alianza Bautista Mundial, 1905 (The Baptist World Alliance).

- Comité Mundial de los Hermanos, 1920 (The Friends' World Committee for Consultation).

- Federación Luterana Mundial, 1923 (The Lutheran World Federation), hasta 1947 se había llamado Convención Luterana Mundial.

- Convención Mundial de las Iglesias de Cristo, 1930 (The World Convention of the Churches of Christ. En los EE.UU. se denominan "Discípulos de Cristo").

1.2. El movimiento misionero

Se ha indicado repetidamente la importancia del movimiento misionero en el nacimiento del ecumenismo moderno. En 1888 se había celebrado en Londres una conferencia misionera con carácter internacional e interconfesional que será el inicio de sucesivas reuniones similares. En 1900 se celebra otra, esta vez en Nueva York, a la que asiste John R. Mott, el que será diez años más tarde presidente de la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo.

En realidad la problemática misionera venía a reducirse a esta pregunta: todos los esfuerzos misioneros que se llevan a cabo en Asia y Africa, ¿se traducen en la reconciliación que Cristo aporta a los seres humanos?, o, por el contrario, ¿suscitan rivalidad, intolerancia, enfrentamiento. En estas conferencias mundiales de tipo misionero, de finales del siglo XIX y principios del XX aparece -dentro de sus limitaciones- un deseo que se manifiesta como nunca antes había ocurrido: se necesita la cooperación, la posibilidad de testimoniar unánimemente del mismo Señor, de conocerse como Iglesias de manera positiva y de apreciar los valores culturales que se encuentran en el terreno donde se van a implantar "Iglesias jóvenes"...

La Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo (1910), significa la aceptación del desafío que la unidad plantea a la acción evangelizadora de las Iglesias. Todos los autores coinciden en atribuir a Edimburgo un lugar especialísimo en el origen del ecumenismo. Su historia ha sido relatada numerosas veces. Por ello recogemos sólo aquello que tendrá especial incidencia en relación al ecumenismo.

El número de asistentes y su representatividad es un logro no menor. Es cierto que de los 1200 delegados de las 159 sociedades misioneras presentes en la Conferencia, sólo 18 eran "no-europeos". Pero el impacto provocado por algunos de los hombres de las "Iglesias jóvenes" será decisivo y sus aportaciones serán asumidas. Importa recordar que las Conferencias misioneras precedentes habían tenido carácter "protestante". La representatividad en Edimburgo se amplía enormemente; los hombres del anglicanismo, y en especial del movimiento anglo-católico, juegan ahora un papel decisivo.

La calidad humana y espiritual de algunos de los presentes ayudó a dar a Edimburgo un nivel determinante. John R. Mott, el presidente, laico metodista americano, llegaba a Edimburgo con un largo bagaje de relaciones interconfesionales. Fundador en 1895 de la "Federación Mundial de Estudiantes Cristianos", militante activo del YMCA, había recorrido más de 70 países con responsabilidades como laico en el campo de la militancia misionera y estudiantil. Su brazo derecho como secretario de la Conferencia es Joseph H. Oldham, otro laico, de origen escocés pero nacido en Bombay, hombre muy activo y con buena formación teológica. Asisten también William Temple, futuro arzobispo de Canterbury, John Baillie, profesor en la Universidad de Edimburgo, Charles H. Brent, obispo de la Iglesia episcopaliana de los Estados Unidos, y más tarde promotor del movimiento teológico "Fe y Constitución". La representación anglicana tiene además otros grandes nombres: el arzobispo Randall Davidson, y los obispos Gore, de Oxford y Cosmo Gordon Land. Los protestantes europeos tienen dos grandes figuras: Julius Ritcher, de Alemania y Alfred Boegner, de Francia. Y aunque en número muy reducido, los asiáticos y africanos jugaron en Edimburgo un papel profético: las intervenciones de Cheng Ching Yi, de la China, y V.S. Azariah, de la India, dieron una inspiración inigualable a la Conferencia.

Marc Boegner, ha dejado en sus Memorias unas páginas consagradas al impacto que produjeron las palabras de los delegados asiáticos en la conciencia de los misioneros occidentales :" Honda, del Japón, Cheng Ching Yi, de la China, Chatterji y Azaria de la India, hablaron en Edimburgo con autoridad. Y ¿qué dijeron en la Asamblea? Pues el reconocimiento de los fieles de sus respectivas Iglesias por el envío a sus pueblos de mensajeros del evangelio que les habían dado a conocer, a amar y servir a Jesucristo, pero al mismo tiempo, el obstáculo, creado por las escandalosas divisiones de las misiones de Europa y América. Lo que expusieron era un intenso sufrimiento. ¿Cómo podría la Asamblea, embargada por la emoción, permanecer insensible a una llamada como esta a la unidad? ".

Edimburgo 1910 no terminó en la inspiración proporcionada por sus extraordinarias sesiones. Una de las cosas que la distinguieron de otras conferencias de su tipo fueron las previsiones que tomó para asegurar la continuidad de su trabajo. Al cerrar dejó funcionando un Comité de Continuidad, cuyas etapas más señaladas serán:

- Creación del Consejo Misionero Internacional (The International Missionary Council), en Lake Mohonk (EE.UU) en 1921, y que trabajará muy estrechamente en el futuro con el "Consejo Ecuménico de las Iglesias" cuando se cree en 1948.

- Conferencia de Jerusalén (1928)

- Conferencia de Madrás (1938)

- Conferencia de Whitby (1947)

- Conferencia de Willingen (Alemania) (1952)

- Conferencia de Ghana (1957-8)

- Integración en el "Consejo Ecuménico de las Iglesias", durante la Asamblea General de Nueva Delhi (1961). Después de su integración en el organismo ecuménico de Ginebra, se han celebrado grandes Conferencias misioneras en México (1963), Upsala (1968), Bangkok (1972-73), Melbourne (1980) y San Antonio (Texas, 1989).

1.3 Los movimientos de Vida y Acción y Fe y Constitución

En Edimburgo (1910), se habían esbozado las líneas directrices de dos movimientos específicamente ecuménicos, Vida y Acción (Life and Work) -llamado a veces Cristianismo Práctico-, y otro denominado Fe y Constitución (Faith and Order).

-- Vida y Acción.

El movimiento Vida y Acción en palabras del P. Le Guillou, "traduce la voluntad de unirse los cristianos en una acción común en todos los campos de la vida humana con el fin de establecer en ella el Reino de Dios". No es iniciativa de la Iglesia, es más bien la obra de un hombre de Iglesia, el arzobispo luterano sueco, Nathan Söderblom (1866-1931). Nathan Söderblom es un intelectual de talla -profesor de las Universidades de Upsala y Leipzig con varias libros publicados- es también un obstinado militante dispuesto a llevar el testimonio cristiano a la sociedad europea conmocionada por una guerra devastadora. Convoca una reunión en Ginebra (1920) en orden a preparar la que será primera Conferencia Mundial de un movimiento que toma el nombre de Vida y Acción. Contra una opinión mayoritaria, Söderblom logra que este movimiento se abra a los creyentes de todas las Iglesias, incluidos ortodoxos, anglicanos y católico-romanos. Sin su fuerza persuasoria, Vida y Acción se hubiera reducido a un movimiento "pan-protestante".

La celebración de la Conferencia de Estocolmo (agosto de 1925) es un acontecimiento ecuménico de primera magnitud. El pastor W. Monod, de París, el obispo Germanos, de Grecia, entre otros, llevan un protagonismo que presagia el esplendor del movimiento ecuménico de años posteriores. La Iglesia Católica, a través del cardenal Gasparri, rechaza la invitación que se ha dirigido a Roma para su participación.

Los cinco temas fundamentales estudiados en la Conferencia de Estocolmo giran alrededor de la Iglesia y su incidencia en 1, las cuestiones económicas e industriales; 2, los problemas morales y sociales; 3, las relaciones internacionales; 4, la educación cristiana; y 5, los métodos de cooperación y federación. Los hombres de Estocolmo intentaron eludir las dificultades dogmáticas que separan a las Iglesias y, algunos de ellos, defienden aquel slogan :"la doctrina separa, la acción une". Solo con el correr del tiempo descubren la importancia de lo doctrinal incluso desde perspectivas sociales y políticas. Por eso se abren a la posibilidad de crear una especie de Consejo Ecuménico, uniéndose al movimiento que lleva un desarrollo paralelo y que se llama Fe y Constitución. Pero el intento no está todavía maduro al clausurarse la Conferencia de Estocolmo.

Cuando se inaugura la Conferencia de Vida y Acción, en la ciudad de Oxford (julio 1937), Natan Söderblom había muerto unos años antes. Los largos preparativos de esta segunda conferencia han llevado a la convicción de que "se hace necesaria una doble competencia, teológica y técnica". Unos 300 delegados de Iglesias originarias de 40 países se reúnen con las dolorosas ausencias de la "Iglesia Evangélica Alemana" -no ha obtenido el permiso del Reich para trasladarse a Inglaterra- y de la Iglesia Católica que una vez más rechaza la invitación.

El tema estudiado en Oxford es Iglesia, Nación, Estado. El pesimismo es evidente en la Asamblea; los fascismos de apoderan del entusiasmo de media Europa. Pero desde Oxford hay una palabra de condena al Estado cuando se convierte en ídolo. Los especialistas han observado que la teología estuvo más presente en Oxford que en Estocolmo, pero quizá sea más correcto decir que la teología liberal presente en Estocolmo dejó paso a la teología dialéctica que preside la Conferencia de Oxford.

El movimiento Vida y Acción se integrará perfectamente en el "Consejo Ecuménico de las Iglesias" en 1948.

-- Fe y Constitución.

Si Vida y Acción había posibilitado respirar al movimiento ecuménico en el fragor de las luchas y testimonios, Fe y Constitución le ha permitido respirar hondo en la doctrina del evangelio. Ambos movimientos nacieron en la misma cuna, allá en Edimburgo, 1910, y siguieron durante un tiempo caminos paralelos.

También aquí hay un hombre clave desde el principio. Charles H. Brent (1862-1929), canadiense, ordenado en la Iglesia Episcopaliana de los Estados Unidos en 1886 y más tarde obispo de Manila, había acudido a la Conferencia de Edimburgo. El resto de su vida está consagrado a la búsqueda de la unidad en la fe. Junto a Robert H. Gardiner (+ 1924), un laico entregado a la misma causa, trabaja incansablemente para la celebración de una conferencia mundial sobre cuestiones doctrinales. La guerra europea detiene el intento, pero en 1919 una delegación americana visita las Iglesias ortodoxas y el Vaticano en vistas a ampliar el número de participantes. Roma, una vez más, no autoriza su representación en la conferencia. En una de las reuniones preparatorias celebrada en Ginebra, en 1920, se acepta el método ecuménico de los acuerdos y divergencias. Un método superado hoy pero que se antojaba imprescindible a la hora de encontrarse los cristianos en el terreno doctrinal después de siglos de ignorancia mutua.

La Conferencia de Lausana se celebra en agosto de 1927, bajo la presidencia del obispo Brent. Siete temas fueron tratados por los delegados enviados de 108 Iglesias distintas: 1, Llamamiento a la unidad; 2, El mensaje de la Iglesia al mundo: el Evangelio; 3, Naturaleza de la Iglesia; 4, La confesión de la fe; 5, El santo ministerio; 6, Los sacramentos; y 7, La unidad de la cristiandad y las Iglesias actuales.

Dos corrientes de pensamiento aparecen a lo largo de las sesiones de Lausana: una "católica", impulsada por ortodoxos y anglicanos, y otra "protestante", quizá más fuerte por la mayor representatividad numérica de las Iglesias reformadas. El método de los acuerdos y divegencias postula lealtad confesional y franqueza absoluta. Aquella primera conferencia de Fe y Constitución había entrado con buen pie.

En agosto de 1937 se celebra la Conferencia de Edimburgo. Tampoco en esta ocasión los delegados alemanes consiguen la autorización de su gobierno para asistir a esta asamblea teológica. Los cinco temas estudiados suponen no pequeñas dificultades: 1, La gracia de Jesucristo; 2, La Iglesia de Cristo y la Palabra de Dios; 3, La comunión de los santos; 4, La Iglesia: ministerio y sacramentos; y 5, La unidad de la Iglesia en la vida y en el culto. La complejidad de los temas hizo que los delegados se vieran precisados, con frecuencia, a anexionar en las redacciones finales notas aclaratorias o precisiones para explicar las propias posiciones dogmáticas. Pero el hecho no debe extrañar si se tiene en cuenta que en Edimburgo hay, por ejemplo, delegados de la Ortodoxia junto a bautistas y cuáqueros. El acuerdo máximo conseguido llegaría, sin embargo, en el tema de la gracia.

Conocemos ya el intento de unión -frustrado sólo por la guerra- de estos dos movimientos, en Utrecht en 1938, para formar un "Consejo Ecuménico de las Iglesias". Pero solo será una realidad en 1948 durante la Asamblea General de Amsterdam. Fe y Constitución ha mantenido, sin embargo, su autonomía dentro del Consejo ya que es el organismo doctrinal dedicado al estudio de los problemas teológicos entre las Iglesias. Algunas de las Conferencias de Fe y Constitución, integrada ya en el Consejo, han sido de notable altura teológica: Lund (1952), Montreal (1963), Lovaina (1971), Salamanca (1973), Accra (1974), Lima (1982), Stavanger (1985)...

2) LAS GRANDES INSTITUCIONES ECUMÉNICAS

Ahora mismo existen dos organismos que impulsan el movimiento ecuménico de manera especial: el Consejo Ecuménico de las Iglesias, y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana.

2.1. CONSEJO ECUMENICO DE LAS IGLESIAS (CEI).

El Consejo Ecuménico de las Iglesias (en inglés World Council of Churches, en francés Conseil Oecuménique des Eglises) es un organismo sin equivalente alguno en la historia del cristianismo. No es una Iglesia, como ciertamente algunos piensan; no es una super-Iglesia, ni es la Iglesia del futuro. No es tampoco un "Concilio universal" en el sentido católico u ortodoxo del término, ni siquiera podría equipararse a un "Sínodo" según la terminología empleada por muchas Iglesias reformadas.

Es, sin embargo, la expresión más completa de los anhelos de unidad cristiana que existe hoy entre las Iglesias, pero no abarca todo el movimiento ecuménico ni ha tenido nunca la pretensión de atribuirse la totalidad de la tarea ecuménica. Desde el momento en que está compuesto por 337 Iglesias de todas las tradiciones eclesiales y de casi todos los países del mundo y mantiene relaciones fraternales con muchas Iglesias que no forman parte de él -como es el caso de la Iglesia Católica-, debe afirmarse que constituye hoy la realización más importante, mejor organizada y más representativa de la decidida voluntad del cristianismo dividido por expresar visiblemente la unidad que quiso Cristo para su Iglesia.

La idea de convocar una reunión universal de todas las Iglesias cristianas tiene una larga historia. Si nos atenemos al siglo XX son conocidas las búsquedas de la Conferencia de Edimburgo (1910), las invitaciones y propuestas del Patriarcado de Constantinopla para formar una "liga de Iglesias" (enero, 1920) o la "Llamada" de los obispos anglicanos reunidos en Lambeth (agosto, 1920). Son conocidos también los intentos de Vida y Acción y Fe y Constitución para llegar a un acercamiento mutuo en orden a la unión orgánica de ambos movimientos.

La idea toma cuerpo cuando tras la celebración de las Conferencias de Oxford y Edimburgo (1937), representantes de los movimientos mencionados forman el "Comité de los Catorce" que se reúne en mayo de 1938, en Utrecht, y plantea la formación de un Consejo Ecuménico de las Iglesias. Un Comité provisional sale de Utrecht con el firme propósito de estudiar las cuestiones prácticas para poner en marcha su creación.

Tras la contienda europea, se reanudan los preparativos que llevan a la celebración de la Asamblea constituyente en la ciudad de Amsterdam, en agosto de 1948. Había nacido el CEI.

Han pasado algo más de 50 años. Su trayectoria ha demostrado que es un instrumento válido puesto al servicio de las Iglesias y del mundo. No han faltado, ciertamente, las críticas -a veces muy duras e injustas- por parte de las Iglesias más conservadoras a algunas actuaciones del CEI en materias políticas y sociales. Este hecho demuestra, a la vez, que el movimiento ecuménico no está al margen del desarrollo histórico de los pueblos y de la dimensión política de los cristianos.

En el discurso de apertura de la Asamblea de Amsterdam, pronunciado por el doctor Visser't Hooft, se dice :" Reconocemos la necesidad de estar unidos, pero vemos que no somos capaces de realizar entre nosotros la comunión completa que nos debiera hacer vivir como miembros de un solo y mismo cuerpo visible. El Consejo tiene como finalidad ayudar a las Iglesias a descubrir y ver cuánto tienen que recibir las unas de las otras y a prepararse a utilizar sus respectivos dones para el servicio del mundo. El CEI no es más que una fase transitoria en el camino que va de la desunión a la unidad".

Naturaleza del CEI.

Visser't Hooft, que será durante muchos años secretario general del CEI, había redactado para la Asamblea de Amsterdam (1948) un trabajo que se ha hecho clásico, Qué es el Consejo Ecuménico de las Iglesias, y que luego la declaración de Toronto (1950) matizará y completará. Recordamos aquí sólo algunos de los puntos que ayudan a conocer la naturaleza del Consejo según se expresa en el texto de Toronto. Desde la perspectiva de lo que no es, se dice que no es la Iglesia universal, ni una super-Iglesia, ni la Una Sancta de la que hablan las antiguas confesiones de fe. Ni puede tomar decisiones en nombre de las Iglesias representadas, ni tiene autoridad impositiva sobre ellas. La teología del CEI no se funda sobre una concepción particular de la Iglesia, ni es el instrumento de una Iglesia en particular. Es más, la adhesión de una Iglesia a este organismo no implica que considere desde ese momento su concepción de Iglesia como relativa.

Pero desde perspectivas positivas se afirma que las Iglesias miembros del CEI se apoyan en el Nuevo Testamento para declarar que la Iglesia de Cristo es una, reconocen en la otras Iglesias al menos elementos de la verdadera Iglesia que les obliga a reconocer su solidaridad, a prestarse ayuda mutua y asistencia en caso de necesidad y a abstenerse de todo acto incompatible con el mantenimiento de relaciones fraternales. Por ello las Iglesias miembros establecen relaciones espirituales que les permite aprender unas de otras renovándose así la vida de las Iglesias.

Las declaraciones expresadas en la reunión de Toronto se han visto confirmadas por la experiencia de las mismas Iglesias. A pesar de tanta diversidad en la pertenencia: más de 337 Iglesias, de más de 100 países, que representan unos 400 millones de cristianos de confesiones distintas, que celebran liturgias y cultos en muchas lenguas y dialectos, que han nacido en culturas diversas y viven bajo regímenes políticos muy dispares, están todas unidas en una fe inquebrantable en Jesús, el Señor. Está fe está en la base de su pertenencia al CEI.

La base doctrinal.

La pertenencia de una Iglesia al CEI depende de la aceptación de la base doctrinal, que propiamente no es una "confesión de fe". Cada Iglesia, en efecto, tiene sus propias confesiones de fe a las que no renuncia por su entrada en el organismo ecuménico. Es evidente que al CEI no pueden pertenecer organizaciones seculares, partidos políticos o sociedades religiosas no cristianas. Solamente pueden ser miembros las Iglesias que considerándose cristianas pueden en conciencia suscribir la base doctrinal.

La base ha tenido dos redacciones. La primera se presentó en la Asamblea constituyente de Amsterdam (1948), y su texto decía así: " El CEI es una asociación fraternal de Iglesias que aceptan a Nuestro Señor Jesucristo como Dios y Salvador".

Las 147 Iglesias presentes en la Asamblea la suscribieron. Pero suscitó diversas reacciones. Para las Iglesias Ortodoxas era una fórmula insuficiente. Deberían transcurrir, sin embargo, trece años para que una nueva formulación viniese a sustituir a la de Amsterdam. En la Asamblea de Nueva Delhi (1961) se propuso y aceptó el siguiente texto : "El CEI es una asociación fraternal de Iglesias que creen en Nuestro Señor Jesucristo como Dios y Salvador según las Escrituras y se esfuerzan por responder conjuntamente a su vocación común para gloria de solo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo".

Esta formulación, más explícita en su fe cristológica y trinitaria, fue para la mayoría de las Iglesias un esclarecimiento digno de elogio. Solamente algunas creyeron más prudente continuar con la base de Amsterdam, y por ello se abstuvieron o votaron en contra de la nueva formulación.

La pertenencia confesional.

Al CEI pertenecen las Iglesias de la Comunión Anglicana; la mayoría de las Iglesias Ortodoxas); y muchas de las Iglesias Protestantes de tradición luterana y calvinista.

Gran parte de las Iglesias de tradición libre (llamadas a veces "evangélicas", "free Churches" o "believers Churches) como las bautistas, algún Sínodo luterano y grandes sectores pentecostales no pertenecen al CEI porque han creído ver en él un peligro para la propia autonomía eclesial, porque consideran que sus fines son anti-evangélicos (búsqueda de una unidad de "compromiso") o porque lo ven "demasiado politizado hacia la izquierda". En realidad las Iglesias que rechazan positivamente al Consejo Ecuménico son doctrinalmente muy conservadoras y fundamentalistas, opuestas al diálogo y reagrupadas en el Consejo Internacional de las Iglesias Cristianas (1948), o en la Federación Evangélica Mundial (1963), organismos claramente anti-ecuménicos.

El CEI mantiene además relaciones con las grandes familias cristianas reunidas en Alianzas, Federaciones o Convenciones Mundiales. Incluso dentro de los edificios del CEI se hallan ubicadas las sedes de la Alianza Reformada Mundial, del Consejo Metodista Mundial y de la Federación Luterana Mundial, y alberga también a la Conferencia de Iglesias Europeas (KEK) y a las representaciones de los Patriarcados de Constantinopla y Moscú.

Las relaciones entre el CEI y la Iglesia Católica han sido siempre cordiales. En cambio, el tema de la incorporación de Roma en el CEI como Iglesia miembro ha suscitado algunos debates nunca suficientemente esclarecidos para los partidarios de su entrada.

Desde la Asamblea de Nueva Delhi (1961) están presentes observadores católicos en cada una de sus Asambleas Generales. No los hubo en Amsterdam (1948) y en Evanston (1954) porque la Iglesia Católica rechazó las invitaciones. En el año 1965 se crea una Comisión Mixta de teólogos católicos y del CEI que vienen trabajando en temas doctrinales, y a partir de la Asamblea General de Upsala (1968) teólogos católicos participan "pleno iure" en los trabajos de la comisión de Fe y Constitución. En el plano de la colaboración cabe reseñar también el programa Sodepax (Comisión para la Sociedad, el Desarrollo y la Paz) creado en 1965 y finalizado en 1980.

El aprecio vaticano por el CEI ha quedado reflejado en las dos visitas papales realizadas a la sede de Ginebra, primero por Pablo VI (junio 1969) y años después por Juan Pablo II (junio 1984). Pero el tema de la entrada de la Iglesia Católica como miembro del CEI es bien distinto al de las relaciones cordiales que existen entre ambos. La posición oficial está por la no entrada, pero sin considerar el tema como cerrado. El discurso del P. Tucci en la Asamblea de Upsala (1968) es por el momento quizá la mejor y más clara expresión de la posición del Vaticano. Los puntos básicos de su intervención quedan así resumidos:

. La eclesiología romana ya no es un obstáculo infranqueable para que la Iglesia Católica pudiese ser Iglesia miembro del CEI.

. Son graves, en cambio, los obstáculos de orden psicológico.

. Se presentan muy difíciles los obstáculos de orden práctico, al tener que optar por alguna de las modalidades para su participación plena en la vida del CEI.

. Las repercusiones e inconvenientes que se producirían por su entrada no permiten vislumbrar que sus resultados fuesen mejores que los ya derivados de la actual cooperación, por lo que parece mejor continuar en la colaboración iniciada y esforzarse por hacer juntos todo lo que en conciencia no obligue a hacer por separado.

Organización.

La organización del CEI es muy compleja. Necesita decenas de hombres y mujeres que empleen su tiempo con dedicación exclusiva en la sede central y oficinas en el Centro ecuménico de Ginebra, en un edificio de cuatro plantas, situado más arriba del de las Naciones Unidas, en las proximidades de la Oficina Internacional de Trabajo.

Algunos de los elementos fundamentales del CEI permanecen intactos desde su fundación hasta hoy. Otros, en cambio, han sufrido remodelaciones a partir de los cambios llevados a cabo por un Comité de Estructuras nombrado en la Asamblea de Upsala (1968) y que a partir de sus propuestas todas las actividades del CEI quedaban agrupadas en tres unidades de trabajo: I. "Fe y Testimonio", II. "Justicia y Servicio", y III. "Educación y Renovación". Casi treinta años después se ha visto la necesidad de cambiar, de nuevo, la estructura del CEI. Dos hechos -lograr una estructura más acorde a la nueva visión del Consejo que se desprende del documento Hacia un entendimiento y una visión comunes del CEI y una mejor adaptación a su nueva situación financiera, tras una importantísima disminución de ingresos- han hecho que el CEI llevara a cabo una reestructuración que viniera a sustituir a la anterior organización en tres unidades de trabajo. La nueva estructura, que ha entrado en vigor tras la Asamblea de Harare, está formada por un conjunto administrativo único, con un presupuesto unificado. Se divide en cuatro grupos básicos: I Temas de Estudio y Acción; II, Relaciones; III, Comunicaciones; IV, Finanzas, Servicios y Administración. Grupos asesorados por un único Comité de Programas y coordinados por el Secretario General, el Secretario General adjunto y los directores de los cuatro grupos básicos.

La Asamblea General ostenta la autoridad suprema, es el órgano legislativo y se reúne cada seis o siete años en una ciudad distinta. Los delegados de las Iglesias miembros, con derecho a voto, representan todos los estamentos eclesiales: clérigos y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, miembros de Iglesias del Primer y Tercer Mundo. Además de los delegados oficiales acuden a las Asambleas consultores, invitados especiales, observadores y periodistas. La Asamblea marca las líneas a seguir a las Iglesias miembros hasta la siguiente Asamblea. La celebración de una Asamblea es una fiesta de plegaria y estudio, de encuentro de la diversidad étnica, cultural y eclesiológica en vistas a la unidad visible de todo el Pueblo de Dios. Hasta ahora se han celebrado las siguientes Asambleas Generales: Amsterdam (1948), Evanston (1954), Nueva Delhi (1961), Upsala (1968), Nairobi (1975), Vancouver (1983), Canberra (1991), Harare (1998).

La Presidencia del CEI está asegurada por ochos presidentes -cargos honoríficos- y un Secretario General que anima y empuja todas sus actividades. Hasta hoy han ostentado este cargo: W.A. Visser't Hooft (1948-1966), Carson Blake (1966-1972), Philip Potter (1972-1984), y Emilio Castro (1984-1992), y Konrad Raiser (1992- ).

El Comité Central y el Comité Ejecutivo. El primero tiene la autoridad máxima entre las Asambleas, lo componen ciento cincuenta miembros elegidos por la Asamblea que se reúnen una vez al año. El Comité Ejecutivo se reúne más frecuentemente (dos o tres veces al año), lo integran unos treinta miembros y da gran agilidad a las decisiones de la Asamblea para que sean tomadas por las Iglesias miembros a niveles locales.

Los equipos del Grupo básico se organizan de la siguiente manera:

* Temas de estudio y acción

Fe y Constitución. Es la herencia directa del movimiento Faith and Order. Examina las cuestiones doctrinales que todavía dividen a las Iglesias y les presenta el objetivo de la unidad visible en Cristo. Es una de las pocas estructuras del CEI en que ortodoxos, anglicanos, protestantes y católicos son miembros de pleno derecho. Los tres principios organizadores de su trabajo son: intento de descubrir las capacidades de profesar hoy juntos la fe apostólica; el acuerdo sobre los métodos comunes de enseñar y adoptar las decisiones acordadas; y el trabajo conjunto para superar las dificultades teológicas más difíciles referentes a las ideas de Iglesia, ministerio, autoridad, eucaristía. El Documento de Lima (1982) es una de sus más logradas realizaciones. Ahora, tras las respuestas de las Iglesias, que es el momento clave de "recepción", se espera el juicio definitivo sobre el significado de Lima para la manifestación de la unidad visible en el bautismo, la eucaristía y en el ministerio.

Misión y Evangelización. Es el brazo misionero del CEI. Si la "unidad visible" es "para que el mundo crea", la importancia de esta comisión es vital. En 1961 se integró en su seno el Consejo Misionero Internacional, que venía siendo el heredero de aquella Conferencia Mundial Misionera de Edimburgo (1910).

Justicia, Paz y Creación. La preocupación por estos temas ecuménicamente experimentados en la Asamblea de Vancouver (1983) se concreta en este equipo de trabajo. Su objetivo es promover el Proceso conciliar de Justica, Paz e Integridad de la Creación lanzado por dicha Asamblea, a través de programas que se ocupan de cuestiones relativas a la justicia, la paz, la integridad de la creación, los derechos humanos y el racismo. Para ello se realizan actividades de estudio y reflexión, de formación de redes y promoción de derechos y de apoyo a la colaboración en la acción. Ha desarrollado los programas: Teología de la Vida: Justicia, Paz y Creación; Eclesiología y ética; El jubileo y el kairós de África.

Educación y Formación Ecuménica. Apoya las instituciones teológicas y programas de extensión que preparan a los cristianos al servicio de la misión en todos los continentes. Se preocupa igualmente de la formación de líderes ecuménicos que promuevan el ecumenismo a nivel local y de la formación teológica de laicos.

*Relaciones.

Relaciones ecuménicas. Encargada de coordinas las relaciones del CEI con otros organismos ecuménicos.

Relaciones regionales. Su objetivo es mejorar las relaciones en la comunidad del CEI para llegar a ser una comunidad de Iglesias. Promueve los encuentros y la relación entre las Iglesias miembros y los miembros del Consejo en Ginebra.

Relaciones y Diálogo Interreligioso. Promueve y facilita la relación de las Iglesias con creyentes de otras religiones así como del CEI con comunidades y líderes de otras religiones; sigue de cerca la evolución de las relaciones entre las religiones y responde a cuestiones específicas y a situaciones de conflicto en las que la religión desempeña un papel importante.

Relaciones Internacionales.

*Comunicaciones

Información. Su objetivo es dar a conocer y promover la vida y la labor del CEI y del Movimiento Ecuménico entre el público en general y en las Iglesias miembros, en particulas. Para ello prepara y difunde información acerca de lo que es y hace el Consejo, de sus numerosas y diferentes actividades.

Publicaciones y Documentación. Encargada de las publicaciones de literatura ecuménica del CEI así como de sus dos revistas (ENI y The Ecumenical Review) así como de la página Web y de la biblioteca que Consejo tiene en Ginebra.

*Finanzas, Servicios y Administración.

Coordina los recursos financieros y humanos del CEI, en un momento delicado de la vida del Consejo en que se ha de afrontar una notable reducción de ingresos y personal.

Consta de las siguientes oficinas: Finanzas, Movilización y Control de los Ingresos, Recursos Humanos (personal), Servicios Internos y Servicios Informáticos

Etapas de la vida del CEI a través de sus Asambleas Generales.

No es tarea fácil animar eficientemente los cuatro equipos del Grupo Básico del Consejo Ecuménico. Habría que añadir además el trabajo que supone la dirección del Instituto Ecuménico de Bosey, la oficina del CEI en Nueva York, el Departamento de Comunicaciones con sus boletines, revistas, libros y grabaciones en diferentes lenguas, además de la dirección de la Biblioteca del CEI, una de las mejor provistas de literatura ecuménica en todo el mundo. Pero ese milagro se debe sin duda al trabajo impulsado por las Asambleas Generales, que marcan las etapas proféticas de una institución que sirve al Espíritu en su obra de reconciliación cristiana y humana, y realizado por los hombres y mujeres que dedican su tiempo y sus energías a la vida del CEI. Estas son las Asambleas celebradas hasta hoy:

-- Amsterdam, 1948.

Participan 147 Iglesias de 44 países bajo el tema general: El desorden del hombre y el designio de Dios. Se celebra tras una guerra cruel, en el inicio de la "guerra fría" y poco ante de la Guerra de Corea. Las Iglesias congregadas en Amsterdam afirman su "voluntad de permanecer juntas". En realidad ellas permiten mantener puentes de comunicación en un mundo que se ha dividido en dos grandes bloques, el Este y el Oeste.

Cuatro secciones centraron el trabajo: La Iglesia Universal en el plan de Dios; El designio de Dios y el testimonio de la Iglesia; La Iglesia y el desorden de la sociedad; y La Iglesia y el desorden internacional. Amsterdam no brilló en cuanto a la aportación teológica. Pero se hicieron grandes progresos respecto a la presencia eclesial en la situación histórica. La presencia del teólogo Karl Barth -crititicando duramente a Roma- significa la sustitución de otros métodos ecuménicos del pasado (el de los artículos fundamentales y no fundamentales, o el de puntos de acuerdos y puntos de divergencias) por el método dialéctico que desde hacía años venía usando en la llamada teología dialéctica. ¿Acaso no hay algo de "católico" en la posición protestante, y algo de protestante en la posición "católica"? Por eso en Amsterdam se estimula a mantener los polos que parecen antogónicos: la tensión de la divergencia (el No) y de la semejanza (el SÍ), en una investigación cada vez más profunda que busque la síntesis.

-- Evanston, 1954

Se celebra del 15 al 31 de agosto en la Northwestern University, de Evanston-Chicago. Participan 162 Iglesias, bajo el tema general: Cristo, única esperanza del mundo. El malestar es obvio: el arzobispo de Chicago ha prohibido la participación de los sacerdotes periodistas en la Asamblea, existe un ambiente tenso producido por la prensa americana ante las intervenciones de los delegados cristianos de países del Este y por el auge del macarthismo y de las sospechas ante el despotismo stalinista de la Unión Soviética. Ambas potencias poseen la bomba de hidrógeno. En un mundo incierto, la Asamblea de Evanston proclama a Cristo como única esperanza de la humanidad.

Seis secciones trabajan los siguientes temas: Nuestra unidad en Cristo y nuestra desunión como Iglesias; La misión de las Iglesias ante los de fuera; La sociedad y sus responsabilidades en el plano mundial; Los cristianos en las luchas a favor de la comunidad mundial; La Iglesia en medio de las tensiones raciales y étnicas; y El cristiano en su vida profesional.

Es innegable que en esta Asamblea hay un logro importante: el papel del laicado en el testimonio de la esperanza cristiana. Julio de Santa Ana atribuye un papel decisivo en este reconocimiento al teólogo católico Yves Congar.

-- Nueva Delhi, 1961

Del 18 de noviembre al 6 de diciembre se rednen en el Palacio de las Ciencias Vigyan Bavan, de Nueva Delhi, los representantes de 198 Iglesias cristianas bajo el tema general, Cristo, luz del mundo. A la Asamblea de Nueva Delhi acuden, por vez primera, cinco observadores católicos de manera oficial, numerosos delegados de movimientos juveniles y se integran varias Iglesias Ortodoxas y el "Consejo Internacional Misionero". En Nueva Delhi tiene lugar la ampliación de la base doctrinal del CEI en sentido trinitario.

La tercera Asamblea General se celebra por vez primera en un país fuera de Occidente en el que el cristianismo es minoritario y la mayoría de las veces importado junto a los colonizadores extranjeros. Este hecho hizo ser muy humildes a los organizadores y conscientes a la vez que estaban en un mundo que tenía una experiencia bimilenaria de Dios. El contexto mundial había cambiado de manera notable: se ha iniciado el deshielo entre el Este y el Oeste, en Roma corren nuevos aires desde que Juan XXIII ha anunciado la celebración de un Concilio Ecuménico y el "aggiornamento" parece ser palabra clave, países de Africa y Asia inician procesos liberadores...

El tema general es trabajado en tres secciones: 1, unidad; 2, testimonio; y 3, servicio. La sección primera es de suma importancia en la trayectoria posterior del CEI. Su Declaración sobre la unidad habla por vez primera de la vinculación que hay entre bautismo y eucaristía- celebrados en un mismo lugar por los cristianos allí presentes- con la unidad cristiana. Era lo mismo que decir que no hay unidad que no sea visible. Y de ahí la importancia de las Iglesias locales en el movimiento ecuménico.

En la Asamblea de Nueva Delhi se encuentra un equilibrio nunca antes conocido en el CEI: equilibrio entre "Iglesias jóvenes" e Iglesia de Occidente; equilibrio entre representantes del Tercer y del Primer Mundo; equilibrio entre el pensamiento "protestante" y el pensamiento "católico" al verse éste fuertemente enriquecido por la entrada de varias e importantes Iglesias de la Ortodoxia en el Consejo Ecuménico (las de Rusia, Rumanía, Bulgaria y Polonia).

Merece destacarse, por último, el informe sobre El testimonio cristiano, el proselitismo y la libertad religiosa, la resolución sobre el antisemitismo, y el mensaje que se envía a los cristianos de Africa del Sur, cuando dos Iglesias Reformadas Holandesas de aquel país se retiran del CEI por su toma de posición respecto al sistema racista del apartheid.

-- Uppsala, 1968

La Cuarta Asamblea General del CEI se celebra en Upsala (Suecia) del 4 al 20 de julio de 1968, y participan 235 Iglesias. El tema elegido es Yo hago nuevas todas las cosas. En el mensaje que envía Pablo VI a la Asamblea dice entre otras cosas: " La presencia en Upsala de 15 observadores-delegados católicos y de cierto número de huéspedes oficiales es un signo para nuestros días. Confirma, de manera feliz, la voluntad recíproca de continuar y extender la colaboración que ya existe entre el CEI y la Iglesia Católica. Es la expresión del vivo interés que Nos tenemos sobre vuestra Asamblea".

El contexto mundial augura cambios profundos. Las revueltas de los estudiantes en París, las movilizaciones masivas contra la guerra del Vietnam en los EEUU, la bdsqueda en algunos países del Este de un "socialismo más humano", los movimientos de liberación en Africa, Asia y América, la inminente emergencia de un nuevo método de hacer teología, llamada luego "teología de la liberación", el frescor y creatividad de una Iglesia Católica que acaba de clausurar un Concilio con una constitución como Gaudium et Spes y un decreto como Unitatis Redintegratio, la publicación de la encíclica Populorum Pregressio de Pablo VI, son síntomas positivos y esperanzadores que se hacen presentes en la Asamblea de Upsala.

Seis Secciones estudiaron la siguiente temática: l, El Espíritu Santo y la catolicidad de la Iglesia; 2, Renovación en la misión; 3, El desarrollo económico y social del mundo; 4, Hacia la justicia y la paz en los asuntos internacionales; 5, El culto; 6, Hacia nuevos estilos de vida.

En Upsala los jóvenes dejan oír su voz. Cuestionan las estructuras, los métodos e incluso los objetivos del CEI y ponen en duda el aparato burocrático del mismo Consejo. A partir de aquellas críticas se inicia una reestructuración tendente a simplificar y agilizar su dinámica ecuménica. Cabe resaltar además dos hechos importantes: el discurso del P. Tucci ante la Asamblea sobre la posible entrada de la Iglesia Católica en el mismo CEI; y en otra línea, los problemas originados en la Sección quinta sobre el culto.

-- Nairobi, 1975

En la capital de Kenya, del 25 de noviembre al 10 de diciembre, se celebra la Quinta Asamblea General con el tema Jesucristo libera y une . Los representantes de las 286 Iglesias miembros forman una comunidad en las que las diferencias entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos, clérigos y laicos, Primer y Tercer Mundo están más niveladas que nunca. La Iglesia Católica se hace presente a través de 16 observadores.

Por segunda vez se celebra en un país no occidental, en un momento en el que la carrera de armamentos, la violación de los derechos humanos en muchos países, y una crisis energética sacuden al mundo. En la Asamblea de Nairobi se encaran estos problemas de manera directa en la línea que venía trabajándose ya en el Programa de Lucha contra el Racismo. Y es el momento en que desde muchas frentes tradicionalistas se critica duramente la política del CEI.

Seis Secciones abordan los siguientes temas; 1, Confesando a Cristo hoy; 2, Lo que requiere la unidad; 3, En búsqueda de Comunidad: la búsqueda comdn de gentes de diversa fe, cultura e ideología; 4, La educación para la liberación y para la comunidad; 5, Estructuras de injusticia y luchas por la liberación; y 6, Desarrollo humano: ambighedades del poder, la tecnología y la calidad de vida.

La sección 2 resaltó el término comunidad conciliar, tomado de una reunión de "Fe y Constitución" celebrada en Salamanca sobre "Los conceptos de unidad y modelos de unión". El término comunidad conciliar no se opone al expresado en Nueva Delhi, sino que es más bien un desarrollo del mismo. Con él se intenta describir aspectos de la vida de la Iglesia indivisa a todos los niveles; es una comunidad de diálogo entre confesiones distintas en la que se pueden examinar cuestiones doctrinales todavía no resueltas: eucaristía, ministerio, autoridad, confesiones de fe. Sin duda este concepto de comunidad conciliar es la elaboración máxima del CEI propuesta a la consideración de todas las Iglesias en su marcha hacia la unidad visible.

-- Vancouver, 1983

En la ciudad canadiense de Vancouver se celebra la Sexta Asamblea General del CEI, del 24 de julio al 10 de agosto de 1983. El tema general es Jesucristo, vida del mundo. No caben dudas sobre las razones de la elección de este tema: la vida está constantemente amenazada por los poderosos de la tierra. El Mensaje de la Asamblea es muy explícito :" Este compromiso que vivimos juntos en Vancouver recalca hasta qué límites nos encontramos en un momento crítico de la vida del mundo, como pasando una página de la historia. Millones de seres humanos luchan día tras día para poder sobrevivir, aplastados por los poderes militares o despersonalizados por la propaganda de los poderosos. Escuchamos sus gritos. Vemos la angustia de los campos de refugiados y las lágrimas de aquellos que han perdido a los suyos. Percibimos el miedo de las personas y de los países, y sabemos también de la desesperación de los que, en un mundo lleno de riquezas materiales, sufren en un desierto espiritual.... Nuestro mundo, el mundo de Dios, debe ahora elegir entre "la vida y la muerte, la bendición y la maldición".

El tema general se despliega en cuatro sub-temas: La vida, don de Dios; La vida victoriosa sobre la muerte; La vida en su plenitud; y La vida en la unidad. Durante la primera semana de la Asamblea los delegados se habían repartido en sesenta y cinco pequeños grupos para constituir a continuación ocho grupos generales. Se estaba intentando funcionar a base de mejores relaciones intergrupales, de manera más sencilla y con mucha menos burocracia que en precedentes Conferencias.

Los ocho grupos recogían las líneas maestras de todo el trabajo de la Asamblea: 1, Testimoniar en un mundo dividido; 2, Promover la unidad por actos concretos; 3, Desarrollar la participación; 4, Vivir juntos en una comunidad que comparte; 5, Afrontar las amenazas contra la paz y la supervivencia; 6, Luchar por la justicia y la dignidad humana; 7, Ser una comunidad en aprendizaje; 8, Comunicar con credibilidad.

Una de las mayores preocupaciones de Vancouver fue acelerar el estudio del Documento de Lima en orden a su "recepción" por parte de las Iglesias miembros. La famosa liturgia de Lima ayudó a celebrar la fe a todos los cristianos presentes en la magna asamblea del CEI en tierras canadienses.

-- Canberra, 1991

En Canberra (Australia), del 7 al 20 de febrero de 1991, se celebra la Séptima Asamblea General con el tema Ven Espíritu Santo, renueva toda la creación. El clima cotidiano de plegaria y la celebración de la eucaristía según el rito de Lima que envuelve la Asamblea no impide que las tensiones del mundo y de las mismas Iglesias se hayan visto reflejadas en el trabajo de los 826 delegados de 317 Iglesias y de los centenares de expertos, invitados, periodistas y observadores presentes en Canberra. La cruel guerra del Golfo Pérsico y las crisis de algunas repúblicas soviéticas han derrumbado, de la noche a la mañana, las esperanzas nacidas tras la caída del muro de Berlín.

En relación al tema central de la Asamblea Ven Espíritu Santo, renueva toda la creación dos presentaciones importantes corren a cargo del patriarca Partenios de Alejandría y de la teóloga coreana Chung Hyung-Kyung. Ambos expresan corrientes teológicas y visiones muy distintas del poder y de la presencia del Espíritu Santo.

Las cuatro secciones de trabajo abordaron el tema general desde vertientes diversas y complementarias. La I. titulada Dador de vida, mantén tu creación trató la temática ecológica, que forma parte ya de la agenda del CEI a través del programa "Justicia, Paz e Integridad de la Creación", cuyas reuniones de Basilea (1989) y Seúl (1990) son sobradamente conocidas. La II., Espíritu de verdad, libéranos, realizó un análisis del compromiso cristiano en las áreas de la liberación, la justicia y la paz y la lucha contra el racismo. La III sección, bajo el título Espíritu de unidad, reconcilia a tu pueblo, se centra en los aspectos propiamente teológicos, en los documentos ecuménicos y en la búsqueda de la unidad visible, y la IV sección, Espíritu Santo, transfórmanos y santifícanos versó sobre una espiritualidad propiamente ecuménica para todos los cristianos.

Algunos autores han resaltado aspectos que manifiestan las tensiones vividas en Canberra. En primer lugar el peligro de la dispersión por el excesivo número de Iglesias miembros con intereses y proyecciones muchas veces encontrados, y todas dentro de una institución limitada como es el Consejo Ecuménico. En el área de la doctrina, la teología contextual goza de notable desarrollo -y este es un fenómeno sin duda positivo- pero provoca apreciaciones diversas en las mismas Iglesias que ponen en entredicho la ya frágil comunión entre ellas. El diálogo con las religiones no cristianas y con otras culturas produce la impresión en algunos -particularmente entre los delegados ortodoxos- que un cierto sincretismo envuelve cada vez más el trabajo y el espíritu del mismo Consejo Ecuménico. Por ello, los delegados ortodoxos, a punto de finalizar la Asamblea de Canberra, hacen público un breve pero duro documento titulado Reflexiones que dirigen los participantes ortodoxos a la Séptima Asamblea.Varias declaraciones y llamamientos, hechos públicos al final de la Asamblea, se centran en la guerra del Golfo Pérsico, en los pueblos indígenas y sus derechos a la tierra -con una invitación a declarar el año 1992 como "año de lucha contra el racismo"- así como en las denuncias ante la situación en Suráfrica, el Pacífico, Sri Lanka y El Salvador.

- Harare, 1998

En la capital de Zimbawe, del 3 al 14 de diciembre de 1998 se celebra la VIII Asamblea General del CEI, especialmente significativa por coincidir con su cincuentenario. Celebrada en vísperas del tercer milenio, y en un contexto de crisis por la deuda externa de los países del Sur, guerras, violencia y conflictos étnicos, efectos de la mundialización de la economía, crisis ambiental,. la elección del continente africano para su celebración significaba una denuncia del desorden del sistema mundial actual y una expresión del compromiso del CEI de cara al futuro con las Iglesias y pueblos del Tercer Mundo. En ese contexto, una de las declaraciones de la Asamblea fue la petición de la condonación de la deuda externa de los países más pobres. Su secretario general, Konrad Raiser, se expresaba así: "Uno de los desafíos del movimiento ecuménico es apoyar la esperanza y la visión de una comunidad humana viable para todo el pueblo africano. Eso significa que nuestra Asamblea, aquí en Harare, deberá estar muy atenta a lo que Dios nos dice por medio de Africa".

La Asamblea se anuncia como un "jubileo ecuménico", que celebre los logros ecuménicos de los anteriores 50 años y sea una renovación del compromiso de las Iglesias con el ecumenismo. El tema Buscad a Dios con la alegría de la esperanza era una invitación a reafirmar la confianza en la fidelidad de Dios expresada en Amsterdam, en medio de la confusión e incertidumbres de nuestro tiempo.

Esta Asamblea del cincuentenario fue también una ocasión para discernir los desafíos actuales a los que se enfrenta el movimiento ecuménico, necesitado de una nueva orientación, y de mirar hacia el siglo XXI. Una de las tareas más importantes fue debatir el documento Hacia un entendimiento y una visión comunes del CEI (EVC), aprobado por el Comité Central en septiembre de 1997. Este documento es un estudio sobre la vocación del Consejo en el momento actual del movimiento ecuménico. En él se analiza la situación actual del Movimiento Ecuménico y se examina la forma en que el Consejo se entiende a sí mismo, como una "comunidad de Iglesias" llamada a cumplir una vocación común, con las implicaciones que se derivan de esa comprensión.

Los diferentes debates y sesiones plenarias pusieron de manifiesto las tensiones que existen en el seno del Consejo con las Iglesias ortodoxas que, ya antes de su celebración, habían amenazado con abandonar el CEI si no se tenían en cuenta sus reivindicaciones, encaminadas a una reestructuración del Consejo, de su Reglamento de debates y los procesos de toma de decisiones y a una mayor presencia de estas Iglesias y de sus preocupaciones e intereses en la vida del CEI.

El Padare fue una de las novedades más significativas de esta Asamblea. Con esta expresión de Zimbawe que significa "lugar de encuentro", se ofreció un espacio en el que delegados, visitantes y representantes de organizaciones y grupos ecuménicos pudieron compartir experiencias y reflexiones, expresar inquietudes, intercambiar ideas. Este "espacio ecuménico" que no formaba parte de las instancias decisorias de la Asamblea, se constituyó en símbolo de esa nueva visión de lo que el CEI debía ser, expresada en el documento EVC: un espacio de diálogo que dé la posibilidad de una comunión de reconocimiento y resonancia mutuas.