TEMA 2. DIVERSIDAD DE ECUMENISMOS
En realidad el ecumenismo es un todo. Congar dijo que es una plenitud. "Es como un órgano con cuatro teclados y con muchos registros. El ecumenismo está todo él dirigido hacia el futuro, hacia el Reino, pero mantiene su referencia a la Escritura y la Tradición a la vez que revisa nuestras antiguas querellas tomadas desde sus raíces. Se centra en la unidad de la Iglesia y en la unidad de la Humanidad. Es teológico y práctico, Faith and Order y Life and Work, doctrinal y secular, espiritual y socio-político. No debe restringirse su ambición..." .
Razones pedagógicas y el deseo de una mayor claridad permiten hablar con propiedad de diferentes ecumenismos, o mejor, de la amplia variedad de tareas ecuménicas. Esta variedad es como el telón de fondo que encuadra el presente cursillo.
a/ Ecumenismo institucional
El P. Congar -ya en 1937- definía el ecumenismo como "un movimiento constituido por un conjunto de sentimientos, de ideas, de obras e instituciones, de reuniones o de conferencias, de ceremonias, de manifestaciones y de publicaciones, que tienden a preparar la reunión no solamente de los cristianos, sino de las diferentes Iglesias actualmente existentes, en una nueva unidad".
No cabe pensar en el ecumenismo sin tener en cuenta la tensión entre lo personal y lo institucional. La historia enseña, sin embargo, que la primacía recae al principio sobre el individuo. Ya se ha recordado que hombres carismáticos -los pioneros ecuménicos- con una visión profética emprendieron la andadura ecuménica antes de que éste tomase las formas propias de "lo institucional". Pero la pertenencia eclesial de aquellos pioneros que nunca renunciarn a ella, los sencillos organismos surgidos a partir de la "Conferencia Misionera Mundial" de Edimburgo (1910), y de las Asambleas de Lausana y de Edimburgo que dieron vida a los Movimientos Fe y Constitución (Faith and Order) y Cristianismo Práctico (Life and Work), nos hablan de la imperiosa necesidad que hay en el mismo movimiento de apoyarse en la estructura, por sencilla que sea, para su misma supervivencia.
Este es el sentido primero que se da aquí al término ecumenismo institucional. Sin cierto grado de organización no cabe la acción ecuménica. Desde la Iglesia Católica resulta impensable que la doctrina ecuménica emanada del Concilio hubiese podido ser "traducida" a la Iglesia Universal sin la mediación, por ejemplo, del "Secretariado Romano para la Unidad de los Cristianos", y sin los textos elaborados por esta institución, entre los que vale la pena mencionar al Directorio Ecuménico. Y la compleja y variada acción del "Consejo Ecuménico de las Iglesias" sería inconcebible sin los organismos y comisiones que desde la sede de Ginebra generan, sostienen y estimulan la acción ecuménica de sus Iglesias miembros.
El ecumenismo institucional ha tomado una doble dimensión, más marcada en las Iglesias de tradición "católica" que en las Iglesias de tradición "reformada". Así aparece, por una parte, el ecumenismo oficial, detentado por las autoridades jerárquicas o por los representantes nombrados directamente por ellas y que marca, de manera legal, las relaciones existentes entre las diversas Iglesias cristianas.
Dentro de este ecumenismo oficial cabría pensar en los Secretariados Nacionales de Ecumenismo, directamente dependientes de las respectivas Conferencias Episcopales, de las Delegaciones Diocesanas de Ecumenismo, así como de cualquier organismo directa o indirectamente vinculado con los obispos , o con el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad. Por parte de las Iglesias reformadas y anglicanas existen igualmente organismos ecuménicos oficiales que representan directamente a esas Iglesias en cualquier toma de posición vinculante para las mismas.
El ecumenismo doctrinal es la otra dimensión que cabe analizar dentro del llamado ecumenismo institucional. La cuestión de la verdad, tan estrechamente unida a la profesión de la fe verdadera (ortodoxia) ha estado presente tanto en las raíces de las separaciones eclesiales - recordamos a título de ejemplo que los reformadores del siglo XVI eran en su inmensa mayoría teólogos profesionales- como está ahora mismo en los intentos de alcanzar convergencias en lo esencial.
Numerosas cuestiones doctrinales, controvertidas todavía entre las diferentes Iglesias, suscitan ahora mismo innumerables coloquios, encuentros y diálogos a diferentes niveles que permiten hablar con propiedad del ecumenismo doctrinal. De él dependen los verdaderos pasos hacia la unidad cristiana en su plenitud. Pero es del todo incuestionable que el diálogo doctrinal está hoy en el núcleo del movimiento ecuménico. Resulta por ello obsoleta la vieja fórmula de algunos pioneros "la acción une, la doctrina separa".
b/ Ecumenismo Espiritual
Existe una larga tradición en todas las Iglesias cristianas de oración oficial por la unidad. Los textos litúrgicos oficiales de las Comunidades católicas, ortodoxas, anglicanas y protestantes poseen bellas plegarias para pedir al Espíritu preservar la unidad de la Iglesia.
Pero además de las expresiones litúrgicas oficiales por la unidad, aparece muy pronto entre los cristianos divididos una orientación marcadamente ecuménica que pone todo el énfasis en la plegaria por la unidad de las Iglesias divididas, que sin menoscabo de la tarea doctrinal se da cuenta que el camino real hacia la plenitud de la unidad pasa por la convergencia en la espiritualidad cristiana compartida por todos.
Si las Iglesias tienen sus fronteras bien definidas por ortodoxias y por reglamentaciones jurídicas, los pioneros encontraron muy pronto caminos legítimos para trascender las barreras eclesiásticas que parecían infranqueables. La plegaria común aparece así como el pasaporte válido para sentirse unidos al menos en una tensión dialéctica: la oración compartida permite sentirse ya unidos en el Señor de todos, aunque todavía no sea posible la proclamación de pertenencia plena a una Comunidad eclesial unida.
El Concilio Vaticano II afirmará sin titubeos que "la conversión de corazón y santidad de vida juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual" (UR, 8). Pero mucho antes de que el Concilio de oficialidad al término ecumenismo espiritual, existe una larga tradición ecuménica de tipo espiritual que se remonta, al menos, a hombres como Spencer Jones y Paul Wattson, cardenal Mercier, Dom Lambert Beauduin, Antoine Martel, Paul Couturier, Maurice Villain, Gabriella de la Unidad, etc. que forman todos ellos un capítulo vital en la historia del ecumenismo.
c/ Ecumenismo Local
La expresión ecumenismo local resulta más compleja -quizá también más ambigua- que las analizadas hasta ahora. Y no solamente porque algunos autores prefieren emplear en su lugar el término ecumenismo de la base, sino porque aquella expresión recoge significados que se introducen en terrenos de otro tipo de ecumenismo. Así, por ejemplo, cabe un ecumenismo local que es, a la vez, verdaderamente institucional (como es el caso de las "Delegaciones diocesanas de ecumenismo"), y es igualmente compatible la práctica del ecumenismo espiritual a niveles locales, e incluso desde el ecumenismo local se hacen ricas aportaciones al ecumenismo doctrinal.
Reconociendo estas dificultades de terminología hemos aceptado el término ecumenismo local porque describe una realidad ecuménica muy rica y distinta de aquella en la que directamente se centran los diversos tipos de ecumenismo descritos hasta el momento.
Ecumenismo local significa la entrada, en el espacio ecuménico, de los laicos, de las parroquias, de las gentes que en una determinada terminología constituyen "la base"; y que en la terminología eclesial forman los grandes espacios del Pueblo de Dios. Si el Ecumenismo puede haber dado impresión de ser un asunto de especialistas, de clérigos, de teólogos, de las jerarquías -un asunto, en definitiva "eclesiástico"- el ecumenismo local viene a desmentir tal idea y recupera aquel legado de los primeros ecumenistas en el que los seglares dieron el primer empujón a la acción ecuménica. La pregunta es obvia, ¿ de qué serviría un ecumenismo protagonizado por las jerarquías, por los teólogos y peritos si no fuese también una experiencia cristiana "vivida" por todo el Pueblo de Dios?
El Vaticano II ha sido muy explícito :" El empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores, a cada uno según su capacidad, ya en la vida cristiana, ya en las investigaciones teológicas e históricas. Este interés manifiesta la unión fraterna existente ya de alguna manera entre todos los cristianos y conduce a la plena y perfecta unidad, según designio de la voluntad de Dios" (UR, 5).
Las expresiones del ecumenismo local son múltiples; desde aquellas con una cierta oficialidad como las "Delegaciones diocesanas de ecumenismo" y los "Centros ecuménicos", hasta los pequeños grupos informales, reuniones de oración, discusiones de parroquia, grupos bíblicos ecuménicos, reuniones de "matrimonios mixtos" o de preparación para las Semanas de la Unidad, etc. Sin duda alguna, el ecumenismo local o de base ha dado con frecuencia ese carácter de audacia, de "imprudencia" y de espontaneidad del que está tan necesitado siempre el movimiento ecuménico.
d/ Ecumenismo Secular
La expresión ecumenismo secular, aunque de reciente creación, disfruta de una amplia aceptación en numerosos medios creyentes. Varios autores (Marc Lienhardt, Per Lonning, Georges Casalis, etc.) al referirse a las grandes etapas del movimiento ecuménico no han dudado en enumerar tres muy claras.
- En primer lugar, la era de los pioneros aquella que se inicia con la "Alianza Evangélica" (1846) y llega hasta la formación del YMCA y de la "Federación Mundial de Estudiantes Cristianos", a finales del siglo XIX). Sus protagonistas son en su mayoría laicos que militan en estos movimientos de carácter interconfesional cuya acción es un tanto marginal respecto a las jerarquías de las Iglesias.
- Viene después, en segundo lugar, la etapa eclesiástica. Es el momento en que las Iglesias como tales toman la iniciativa ecuménica e inician un camino que ha dado enorme vigor a la búsqueda de la unión cristiana. Los agentes ecuménicos no son ahora cristianos aislados; se presentan como representantes de las respectivas Iglesias con toda la carga confesional. En esta fase: Edimburgo (1910), Amsterdam (1948), Roma (1962-1965)- se crean las grandes instituciones ecuménicas y se privilegia el diálogo doctrinal.
- Por último -según estos autores- habríamos llegado a la etapa del ecumenismo secular. Esta es resultado, por una parte, del estado de "callejón sin salida" en que ha quedado el "ecumenismo eclesiástico" tras las indecisiones y las prudencias de las jerarquías al no haber seguido los impulsos del Espíritu en una marcha incansablemente creativa hacia la unidad. Pero el ecumenismo secular se presenta también como fruto de una reflexión teológica elaborada partiendo del presupuesto de que es imposible avanzar en el diálogo entre Iglesias reproduciendo, comparando, intentando armonizar las posiciones tradicionales de las Iglesias. Sólo una hermenéutica que sea capaz de emplear el método inductivo -que parte de la historia concreta de nuestro tiempo y que toma la encarnación como tema central de la reflexión teológica- será capaz de reavivar un ecumenismo que se ha quedado paralizado entre los muros de las fronteras eclesiásticas.
Desde esa perspectiva G. Casalis lo define así :" El 'ecumenismo secular' es la consecuencia ecuménica de una teología y de una fe que ven en el compromiso total de la Iglesia con el mundo secular su punto de partida". Luego: "... el "ecumenismo secular" no es tanto una moda, como una decisión fundamental". La decisión y la convicción de que el deber esencial del cristianismo de hoy es concretar la unión de la Humanidad y no la de las Iglesias. Por ello este tipo de ecumenismo valora más la acción universal de reconciliación en el mundo que la tarea repetitiva y sin claro futuro de una unión exclusivamente intereclesiástica.
Un texto muy duro del mismo G. Casalis resume la advertencia que desde el ecumenismo secular se dirige al ecumenismo institucional de las Iglesias :"... porque cuando se quiere preservar a toda costa la herencia teológica particular y las peculiaridades confesionales, en lo interior ya se está formando parte del mundo y se está condenando a la insignificancia o a la vida de un fósil".
Este tipo de ecumenismo no ha pasado inadvertido a los teólogos profesionales. Así el P. Congar en un artículo muy lúcido lo define como "la experiencia positiva hecha por los cristianos comprometidos efectivamente con otros en las actividades de liberación humana y que hacen, de este compromiso, una nueva y evangélica experiencia de su fe. El lugar de la vivencia evangélica ya no es la Iglesia en tanto que sociedad sacral puesta aparte, sino la realidad humana o secular de la que sabemos que tiene referencia al Reino de Dios... Las Iglesias oficiales... son juzgadas de querer entretener de hecho el status quo de las estructuras sociales que precisamente han de cambiarse". Este teólogo llega a confesar que el compromiso en la diaconía del mundo en nombre de la justicia es "una vía eficaz de unidad, incluso de unidad en el plano teológico" y admite "la referencia al Reino, que permita trascender un 'eclesiocentrismo', a condición de que no conduzca a una 'eliminación' creciente del tema de la Iglesia, en aquellos que hablan de una época post-eclesial".
Habría que añadir por razón a la verdad que la preocupación por la acción social, por el diálogo con el mundo e incluso por la cooperación por un mundo más justo -demandas del ecumenismo secular- han sido preocupaciones también del llamado ecumenismo institucional. Habría que recordar, por ejemplo, la tarea de aquel profeta llamado Nathan Söderblom -iniciador del Movimiento "Vida y Acción"- para reconocer que la "acción conjunta" de los cristianos como servicio al mundo ha estado presente también a lo largo de la historia ecuménica, incluso cuando ha tenido desarrollos demasiado institucionalizados.
Si ahora se comparase esta visión del ecumenismo secular con aquella que desde instancias sociológicas recórdabamos previamente, se ve enseguida un desarreglo evidente.
Los teólogos "secularistas" han vislumbrado tres etapas en la historia ecuménica: la de los pioneros, la de las Iglesias y la de la secularidad. En cambio los sociólogos -de una manera más global- se interesan solamente en dos momentos: el del ecumenismo como fenómeno social (que correspondería a la etapa de los pioneros), y el ecumenismo institucional o confesional (que correspondería a la etapa del ecumenismo eclesiástico).
¿Qué decir respecto al ecumenismo secular del que hablaron hace años Georges Casalis, el obispo luterano de Noruega Per Lonning, y otros?. La palabra que cabe decir es que ahora mismo -en la década de los 90- coexisten, sin encontrar siempre una clara interrelación, dos tendencias evidentes: el ecumenismo institucional que prosigue a un ritmo algo lento sus diálogos teológicos y doctrinales reforzando fuertemente las identidades confesionales, y el ecumenismo secular, que en sus expresiones más nobles trabaja en la perspectiva de la justicia, de la paz, de la ecología, y sobre todo en comunión con las demandas de los cristianos de países más pobres expresadas en las diferentes "teologías de la liberación" y en colectivos como la "Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo".