EL JUDAÍSMO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Taled
(con estrella de David)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Altar
(Tel Beer-Sheva)

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Abraham
(Dibujo)

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Hebrón.
Tumba de Abraham.

 

 

 

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Traslado de la Torá

 

 

 

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Monte Sinaí

 

 

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Mar de Rocas (Sinaí)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Al investigar el misterio de la Iglesia este sagrado Concilio recuerda los vínculos con que el pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham.

Pues la Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los patriarcas, en Moisés, y los profetas, conforme al misterio salvífico de Dios. Reconoce que todos los cristianos, hijos de Abraham según la fe, están incluidos en la vocación del mismo patriarca y que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de la esclavitud. Por lo cual, la Iglesia no puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles. Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra Paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en Si mismo. " (N.A. 4)

Introducción:

Hace más de 3000 años se concretó la más revolucionaria de las experiencias religiosas. Fue la antigua experiencia de Abraham vivida por Israel en la superación de la cautividad de Egipto cuando se concretó definitivamente en el Sinaí. El pacto del Dios de la libertad con el hombre libre. Dicho pacto dice así:

Sch'ma Israel Adonai Elohenú Adonai Ekhot

(Oye, Israel: Yawé es nuestro Dios; Yawé es único)

Estas palabras impresionantes, que Moisés, el interprete divino, predicó a Israel, dieron origen a un nuevo concepto acerca de Dios. Trazan una línea definitiva de separación entre las religiones de la tierra. Las religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo e Islam) descansarán sobre esta afirmación teniendo un tronco común entre ellas: la radical afirmación de la unicidad y exclusividad de Dios.

1.- El JUDAÍSMO:

En las religiones vivientes, el judaísmo presenta una paradoja extraña. Aunque dio nacimiento a dos religiones (cristianismo e Islamismo) cuyos adeptos comprenden más de la mitad de la humanidad, los fieles al judaísmo han permanecido en un número muy pequeño a través de los siglos.

El judaísmo, desde el comienzo, se desenvolvió no sólo como una religión, sino como un modo de vida, una lengua, una nación.

1.1. Los hijos del pacto (B'nai B'rith)

Sus orígenes son antiquísimos y algo brumosos, indefinidos. La Biblia registra el arranque en la Alianza de Dios con el caldeo Abraham posiblemente 1700 a J.C. en Mesopotamia, alrededor de Ur. Ur era una de las ciudades caldeas de mayor civilización y donde existía una religión altamente desarrollada mezcla de creencias sumerias y babilónicas. Abraham aceptó la mayoría de creencias, rituales y mitos de sus antepasados, pero no aceptó la creencia en el politeísmo ni las imágenes idolátricas que veneraban.

La reacción de Abraham fue una clara rebelión contra la idolatría y como consecuencia eso le condujo a la idea de que no podía haber muchos dioses, sino exclusivamente UNO -creador y gobernante de todo lo que existe en el cielo y en la tierra-. Lo que no sabremos nunca es el por qué Abraham se rebeló contra la idolatría, sus razones. Simplemente constatamos en hecho.

Dios hizo un paco con Abraham: "Dijo Yawé a Abraham: Sal de tu tierra, deja tu parentela y la casa de tu padre y ve hacia la tierra que yo te indicaré. Haré de ti un gran pueblo".

Dios le prometió a los descendientes de Abraham "toda la tierra de Canaán en eterna posesión; y yo seré su Dios". Este pacto se suscribió con el antiguo rito de la circuncisión, que ha sido cumplido por los descendientes de Abraham hasta nuestros días actuales.

Los adeptos al judaísmo todavía se identifican a sí mismos como "los hijos del pacto" (en hebreo: B'nai B'rith) y en sus oraciones se refieren a Abraham como "Padre Abraham" reconociéndolo como el primer hombre que abrazó la existencia de Un Dios.

1.2. Oye, Israel... (Moisés)

Cuatrocientos años bíblicos después de Abraham, uno de sus descendientes, llamado Moisés, surgió, llamado por Yaweh y emancipó a los hebreos de su esclavitud en Egipto. Moisés se convirtió así en el gran patriarca que no solo liberó al pueblo sometido sino que lo guió por el desierto primero hasta el Sinaí, donde dio forma a la doctrina judaica sino luego hasta la Tierra Prometida.

Moisés fortaleció la creencia en Un Dios concretando la Alianza de Yaweh con su pueblo en el Monte Sinaí: el Decálogo o Código de la Alianza es la parte más esencial de la doctrina judaica.(Ex .19-20; Dt. 5)

+ Una reivindicación monoteísta:

-No tendrás más Dios que a Yawé...

-No harás imágenes talladas, no te posternarás ante ellas ni las servirás.

-No tomarás en nombre de Yawé, tu Dios, para engañar...

+Un estilo de vida ético:

-Acuérdate del día del sábado para santificarlo.

-Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen sus días...

-No cometerás homicidio.

-No cometerás adulterio.

-No robarás.

-No darás falso testimonio contra tu compañero.

-No desearás los bienes de tu prójimo.

(Ex, 20 ó Dt. 5-6)

La base del judaísmo, pues, es una creencia, un artículo de fe, sobre la cual descansa toda la edificación ética y doctrinal de Israel. Es la Shemah (el Nombre): "Oye Israel, Yawé es nuestro Dios, ¡Yawé es uno!"

Pero a pesar de esto, el Dios del Sinaí se halla íntimamente relacionado con la existencia diaria del hombre sobre la tierra. Es cierto que se espera una "vida más allá de la muerte", pero su objetivo no es preparar al hombre para esta vida de ultratumba sino de guiar al hombre por los pasos de esta "vida del más acá". Su preocupación (su santidad) es cumplir los deberes morales que se derivan tanto de su relación con Dios como de su relación con sus semejantes en esta vida (aquí y ahora).

Es el cumplir la voluntad divina con todas las cosas creadas la que obsesiona al judío. Dicha "voluntad divina" está contenida en la Torá, palabra que significa al mismo tiempo doctrina y ley (y que se equipara en el sentido más estricto a los cinco libros del Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). En sentido más amplio Torá significa para el judaísmo "Nabiim" o sea los Libros de los Profetas y "Ketubim" o sea los Libros sapienciales, es decir la casi totalidad del Antiguo Testamento o Sagrada Escritura.

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