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Lope de Vega: versos desconocidos cantados por el pueblo en 1609

(De un artículo de J. Salvador y Conde)

PROCESIONARIO.JPG (32240 bytes)

Música a unos versos de Lope de Vega

Hasta ahora no se conoce ninguna composición de Lope de Vega a la que se haya puesto música y que en realidad haya sido cantada masivamente por el pueblo.

Afortunadamente he tenido la suerte de encontrar unas letrillas sobre el Rosario, compuestas por Lope, con la noticia de haber sido cantadas por lo menos en las procesiones que mensualmente y en las fiestas principales de la Virgen María hacían los dominicos, bien por los claustros de sus conventos, bien por las calles de las poblaciones.

En mi búsqueda por archivos un buen día encontré con un ejemplar de un Procesionario impreso por los Religiosos de la Orden de Santo Domingo que se hallaban fundando en Potes. Pronto advertí no sólo la valía e importancia del Procesionario como tal, sino por tener una especie de apéndice o cuadernillo impreso con la misma obra en la imprenta Real de Madrid en 1609. En el cuadernillo se daba primacía a los versos de Lope de Vega Carpio, a los que se le habían puesto música para poderlos cantar el pueblo.

La música es muy sencilla, muy popular. La he oído cantar a un especialista, y buen cantor, y he podido advertir que es fácil de retener, es decir, «pegadiza».

Por la forma dada a los versos se advierte que fueron compuestos por encargo de los Padres Dominicos para que se cantaran en las procesiones de la Virgen y en las reuniones religiosas de los Cofrades del Rosario. Cada misterio termina con la palabra «Rosario» y el «remate», o terminación de cada una de las tres partes del Rosario (Misterios Gozosos—Dolorosos—Gloriosos) concluye pidiendo la especial protección de la Virgen sobre sus Cofrades:

«Virgen, soberano Erario,
rosa y estrella del día,
conservad, Señora mía,
los Cofrades del Rosario».

La fecha de la composición de estos versos no es fácil señalarla. me parece posible adjudicarle los primeros años del siglo XVII. Si se imprimen en 1609, hemos creer que hacía, por lo menos, uno dos años desde que salieron de la pluma de Lope de Vega hasta que se hicieron populares o se pensó en hacerlos. Eran del agrado del pueblo y de los religiosos, pues el P. Toribio Vélez dice en el cuadernillo, del que lo principal son los versos de Lope de Vega, «a petición de algunos Padres muy graves, con que se satisface al deseo de todos los Religiosos y Religiosas de la Orden».

La música es anónima. Puede ser de algún dominico, pues había religiosos especializados en este arte. Lo demuestra la misma edición del Procesionario al que se añaden música y versos.

La portada del cuadernillo dice claramente que está «Recopilado y puesto en orden por el Padre Fr. Toribio Vélez de las Cuevas», que era el responsable de la edición de toda la obra. No parece que fuera él el músico-autor, porque no hay fundamento escrito.

Sobre el convento de San Raimundo de Potes he escrito largamente en mi obra «La Orden Dominicana en Cantabria». Aquí sólo debo señalar que fue siempre un convento pequeño, pero de gran importancia en la vida espiritual y

religiosa de la comarca de Liébana y limítrofes. Los religiosos predicaban constantemente la devoción del Rosario y establecían su Cofradía por todas partes. Consta documentalmente que repartían rosarios y patentes de inscripción en la cofradía por millares.

No eran ellos los únicos que lo hacían en nuestra patria. Una de las tareas principales que desarrollaron las comunidades dominicanas fue la extensión de la devoción del Rosario, que ellos consideraban preciosa herencia legada por su fundador Santo Domingo de Guzmán.

Tan extendida estaba la devoción del Rosario en toda la Península que se puede asegurar que, por lo general, todas las parroquias y pueblos tenían su Cofradía. El que visite el Museo del Prado podrá ver también bastantes retratos de damas que como adorno y señal de devoción llevaban un rosario pendiente del cuello. Por ello podemos fácil suponer que por los aires de España sonaban constantemente los sones con los versos de Lope de Vega.

 



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