¡Cuánta curiosidad innnecesaria por las vidas ajenas! ¡Cuánto tiempo perdido en hurgar en otros nidos! ¡Cuanto juicio falaz!
Vive y deja vivir: nada sabemos -ni nos iomporta- del porqué de los modos del vivir del vecino. Y aunque te escandalice lo que tú nunca harías, esfuérzate en ser respetuoso. Sólo Dios tiene derecho a pedir cuentas. Y Dios precisamente es infinito en su misericordia.
José Luis Gago, OP