Rencor, venganza, represalia... Sentimientos que pueden asomar ladinamente en el alma. Tendencias que están agazapadas y que cualquier imprevisto puede despertar. El corazón tiene esas adherencias y es preciso cuidar su sarpullido. Sólo quien apuesta deliberadamente, de manera habitual, por la bondad y la mansedumbre hace imposible su brote inesperado. No haya lugar en tu corazón para el rencor amargo.
José Luis Gago, OP