Segunda semana: día cuarto
Lee despacio dos o tres veces: Mc. 10,17-27.
¿Qué me dice esta escena del Evangelio?
¿Qué sentido tiene mi vida?
¿Podría pensar en alguna opción, tomar alguna determinación?
Reflexiona
Ora en silencio
Escribe alguna idea.
Señor, ayúdame a comprender tu Espíritu.
Sabes lo que quieres. Tienes, Señor, una claridad absoluta sobre los objetivos que te propones:
Reino de los cielos
Perdón de los pecados
Consuelo de los que sufren
Evangelización de los pobres. ¡Vaya programa!
Consagras, Señor, tu vida al ideal sin desfallecimiento en las tareas de cada día.
“A la mañana mucho antes de amanecer se levantó, salió y fue a un lugar desierto y allí oraba”.
Llevas una vida austera:
Largas caminatas seguidas de actividades apostólicas
Vida al aire libre, expuesta a los rigores del clima, sin tener donde reclinar la cabeza.
Adoptas una postura de valentía, de ataque, en toda tu actuación:
Al arrojar a los mercaderes del templo
Al contestar a los emisarios de Herodes
Al marchar a Jerusalem
Al contestar ante el tribunal
Hablas claramente. Presentas tu programa sin fingimientos, sin miedo a que se puedan marchar tus discípulos.
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Este es el programa de Jesús
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Todos los cristianos tenemos algo que ver, que vivir de todo esto
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(ora como todos los días al final)