Fray José Álvarez “el Apaktone” (1890-1970)
El más grande misionero de las selvas peruanas en el presente siglo, condecorado por los gobiernos peruano y español, escribía así en 1921 al director de la revista "Misiones Dominicanas del Perú"
“M.R.P. Director de la Revista "Misiones Dominicanas del Perú".
Mi querido y respetado Padre:
Aquí me tiene de nuevo en San Lorenzo, de regreso de mi larga excursión a través de las fronteras del Perú y Brasil, que duró tres meses y medio.
Vengo muy otro del que he salido.- Las desgracias, los contratiempos, los sufrimientos de alma y de cuerpo, o lo que es igual, la experiencia de lo que es la vida del misionero, me han cambiado. Nuestro destino pide una resignación grandísima.- Eso de ver agotados todos mis esfuerzos, frustradas mis esperanzas y mis dorados ensueños y mis más fervientes entusiasmos sin realización sensible y exterior, más o menos satisfactoria, Ud. comprende mi querido Padre, que es para dejar el alma sumergida en amarguras y quebrantado el corazón.
Sin embargo, no crea que esta fase dolorosa de mi vida, por la que ahora estoy pasando, sea un estado de abatimiento, no: es solo de dolorosa tristeza; de total desconfianza en mis propias fuerzas, y de abandono absoluto en la providencia divina.- En el Padre de las misericordias, que nos ha creado a todos, sin distinción de razas ni pueblos, igual salvajes que civilizados, para gozar junto a El la eterna e inmarcesible dicha de los bienaventurados.
¿Qué provecho me pudiera venir de la desconfianza ante el resultado de mis inútiles esfuerzos? Mejor haré en recordar y adorar los inescrutables designios de la sabiduría de Dios, que conduce todas las cosas a sus últimos fines por caminos totalmente desconocidos a nuestros pobres alcances. En orar y sacrificarme porque solamente la oración y el sacrificio salvan el mundo: esperando con fe absoluta y total resignación la hora señalada por la voluntad de Dios para ver el resultado de nuestras oraciones y el fruto de nuestros esfuerzos, contemplando en la gloria del cielo la eterna felicidad de los que hoy llamamos nuestros desventurados hijos del desierto. Este será nuestro último triunfo y nuestra mejor recompensa.”