La espiritualidad del fraile dominico a grandes rasgos - Mendicidad
Fr. Julián de Cos Pérez de Camino O.P.
Los dominicos nacimos a comienzos del siglo XIII, dentro del gran grupo de Órdenes conocidas como “mendicantes”. En esa época la Iglesia necesitaba una gran revitalización y una reorientación para adaptarse a los nuevos tiempos. La Iglesia de las grandes abadías en medio del campo, de párrocos incultos y Obispos feudales no era capaz de adaptarse a una Europa en la que las ciudades, las universidades y la burguesía cada vez tenían más importancia.
Si se quería que la Palabra de Dios llegase al corazón de las personas, ya no bastaba con la autoridad institucional, la nueva Europa reclamaba autoridad moral, y esa la daba la vida mendicante. Por eso santo Domingo quiso que asumiéramos en nuestra legislación los preceptos evangélicos de la predicación apostólica: “Jesús les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja…” (Mc 6,8).
En efecto, predicar con humildad y pobreza ayuda mucho a difundir el Evangelio. Pero santo Domingo no sólo quiso que viviéramos pobremente cuando íbamos de camino a predicar, sino también dentro de nuestras comunidades. La humildad que da el tener una vida austera purifica el corazón del predicador. No se puede predicar desde la prepotencia y la abundancia.
Y también la humildad nos ayuda a conocer la Verdad. Si pensamos que ya lo sabemos todo, si vamos de sobrados por la vida, difícilmente descubriremos lo que Dios nos está diciendo por medio de la gente, en lo que con tanto ahínco estudiamos o a través de nuestras experiencias de vida, incluyendo las heridas que acarrea todo proceso de crecimiento y madurez.
Pero a lo largo de nuestros ocho largos siglos de historia las circunstancias han cambiado mucho. Con ánimo de adaptarnos al tiempo en que vivimos, nuestro modo de vivir la pobreza ha cambiado. Ésta dejó de ser tan radical como en los primeros tiempos, pues se vio que generaba serios inconvenientes, por ejemplo: nuestra excesiva dependencia de los seglares. Ahora, más que vivir de la mendicidad, preferimos hacerlo de nuestro trabajo. Nuestras comunidades buscan vivir una vida austera dentro del contexto social en el que están inmersas. Y cada fraile, a su manera, busca estudiar con humildad y predicar desde el ejemplo.
Otros textos que tratan sobre este tema:
BENEDICTO XVI: “Las órdenes mendicantes, una renovación en la Iglesia” (2010).