La espiritualidad del fraile dominico a grandes rasgos - Democracia
Fr. Julián de Cos Pérez de Camino O.P.
Cuando santo Domingo fundó la Orden tenía un poder muy grande sobre sus frailes. Todos le profesan obediencia a él, no al prior de su convento, como hacen los monjes con el abad de su monasterio. Pero se dio cuenta de que no tiene ningún sentido rodearse de frailes maduros y bien formados, para después tratarles como a niños. Por ello, en el primer Capítulo General, celebrado en Bolonia en 1220, santo Domingo decide dar todo el poder legislativo a la asamblea de los frailes allí reunidos, pasando él a ser un fraile más. Y el poder ejecutivo lo empleó para hacer cumplir lo decidido por el capítulo.
En efecto, desde sus inicios, la Orden de Predicadores es el Instituto religioso más democrático de la Iglesia. En cada comunidad, en cada provincia y a nivel de toda la Orden, las decisiones importantes las toman los frailes reunidos en capítulo. Y después los priores, los provinciales y el Maestro de la Orden han de acatar y hacer cumplir lo decidido en común. Todos los cargos que tienen algún poder ejecutivo o legislativo son elegidos democráticamente por sus hermanos.
El gobierno democrático conlleva una espiritualidad muy especial. Los dominicos creemos firmemente en el discernimiento comunitario: justos buscamos la voluntad de Dios. Por ello nuestros capítulos comienzan siempre con una oración. Cuando nos reunimos en capítulo para decidir en común lo que a todos atañe, sabemos que el Espíritu Santo nos inspira.
Todos los frailes que ocupan cargos de gobierno tienen muy presente que han sido elegidos por sus hermanos y que al acabar su mandato pasaran a ser de nuevo uno más en la comunidad. La democracia da una gran “horizontalidad” y cohesión, haciéndonos sentir iguales unos a otros. La Orden dominicana no destaca por ser de “ordeno y mando” sino de “diálogo y corresponsabilidad”.
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