La espiritualidad del fraile dominico a grandes rasgos - Comunidad
Los frailes dominicos necesitamos vivir junto a otros hermanos. Cuando tenemos que vivir solos se nos hace duro. Y no es que no nos guste la soledad, pues la experimentamos en nuestro trabajo en la celda, sino que echamos de menos los actos comunitarios: la oración coral, las comidas y la “recreación” –es decir, el tiempo que pasamos junto a los hermanos después de comer, mientras tomamos un café y charlamos distendidamente–. Nos gusta encontrarnos con un hermano por el pasillo aunque no sea más que para saludarle.
Somos grupales. Pertenecemos a una comunidad. Y cuando salimos a predicar sabemos que ella comparte nuestra misión. Desde el convento se reza por nosotros. Y a nuestro regreso, durante la comida o en la recreación, contamos las anécdotas que nos han pasado y hacemos partícipes a nuestros hermanos de nuestra labor.
Aunque no compartamos muchas veces el modo de pensar o la forma de ser de nuestros hermanos de comunidad, los dominicos nos esforzamos por tener comunitariamente un solo corazón y un mismo sentir. Juntos seguimos a Jesús. Nuestra vida fraterna da testimonio del Reino predicado por Él. La comunidad dominicana, en cuanto tal, es predicadora.