|
|
| |
Hombre evangélico
|
|
Perfil
Evangélico de Santo Domingo de Guzmán
-
Al contacto con la humanidad doliente toda
experiencia de Dios pasa a través de una forma de
contacto con la humanidad. Domingo ha comprendido
suficientemente esta ley de la pedagogía divina y ha
hecho de su contacto con la humanidad una fuente
inagotable de experiencia cristiana. Su historia
 personal, incomprensible sin ese contacto con la
humanidad doliente, está medularmente ligada a su
experiencia de Dios. Y viceversa, su experiencia de
Dios está a su vez medularmente ligada a su historia
personal. Y es este carácter profundamente
histórico de la experiencia de Dios en Domingo lo
que hace de su espiritualidad una espiritualidad
densa y fecunda.
Las masas depauperadas, las
situaciones de cautiverio y esclavitud de la
reconquista, los destrozos de la herejía y el
paganismo, las situaciones antievangélicas de una
Iglesia que busca la reforma, el mundo de los
pecadores... Son todas experiencias históricas de la
vida de Domingo que configuran su perfil espiritual y
evangélico.
¿Es la historia personal de Domingo la que le
obliga a volver la mirada a Cristo Redentor y
Salvador, para centrar de lleno en él su experiencia
de Dios? ¿Es la experiencia de Dios tenida en la
contemplación de la Cruz de Cristo la que le hace a
Domingo volverse a todas las situaciones históricas
y mirarlas con ojos evangélicos? Las dos cosas a la
vez. El amor de Cristo y el amor a los hombres
concretos crecen en él simultáneamente, porque son
dos caras de un mismo mandamiento, o más bien, dos
caras de una misma experiencia de Dios.
Sin embargo, una cosa es cierta: es al contacto
con la humanidad como Domingo ve acrecentarse su
experiencia de Dios en la oración y en la
contemplación. La experiencia contemplativa de
Domingo tiene su origen en la historia personal de
éste. Este hecho explica la consistencia y densidad
de la experiencia religiosa de Domingo y el carácter
notablemente histórico y encarnado de su perfil
espiritual y evangélico. Desde el drama de la
historia humana asumida, entonces como ahora, en las
más variadas formas de opresión y de esclavitud,
Domingo emprende la marcha hacia una experiencia cada
vez más intensa de redención y de la libertad
cristiana. Es al contacto con la humanidad como va
brotando su experiencia de Dios en Cristo.
-
Vida Contemplativa. La oración y el espíritu
contemplativo de Domingo crecen y se intensifican a
medida que en su vida va entrando en la refriega y el
compromiso apostólico. Serán en adelante una
oración y una contemplación siempre motivada por el
contacto con la humanidad, pues este contacto el que
refiere la mente de Domingo a la contemplación del
misterio de Cristo Salvador y hace brotar desde lo
más íntimo de su ser la oración de intercesión.
En Domingo, la vida contemplativa y el compromiso
apostólico van medularmente ligados.
La oración y
la contemplación atraviesan toda la vida de Domingo.
Su oración es contante. Durante su infancia en
Caleruega y Gumiel de Izán, estudiante en Palencia,
Subprior en Osma, predicador en el Lagüedoc y en
todas sus correrías apostólicas, prior y hermano de
los predicadores en los conventos que el va
fundando...son todas etapas de su vida basada sobre
la oración y la experiencia contemplativa. Es una
oración constante y sin interrupción. Ora de día,
mientras va por los caminos, acompañado de sus
hermanos o separándose de ellos para su oración
particular. Haciendo silencio durante las horas
acostumbradas mientras sigue caminando o bien
cantando salmos o himnos (Ave Maris Stella, Veni
Creator Spiritus...). Interrumpe su viaje para
acompañar la oración monástica cuando escucha la
campana de algún monasterio vecino. Y, cuando no
está dedicado a la oración, predica o comenta con
sus hermanos la Palabra de Dios y los misterios dela
Redención. De esta dedicación intensa a la oración
nos hablan reiteradamente los testigos de su
canonización: ... tenía por costumbre
hablar siempre de Dios o con Dios en casa, fuera de
casa, y en el camino (Proc. Canon. Bol.
n.VII).
-
Pobreza radical. Domingo es un hombre libre de los
bienes materiales para seguir libremente a Jesús y
para anunciar con toda libertad la buena noticia de
Jesús.
Los gestos concretos de la pobreza de
Domingo son abundantes. Renuncia a su tierra , a su
patria, y al patrimonio familiar, para vivir en la
itinerancia como mensajero del Evangelio. Renuncia al
mayor tesoro que entonces podía tener un estudiante:
sus libros (máxime cuando estaban adornados con
glosas y anotaciones hechas de propia mano). Y queda
expuesto a la sorpresa del mañana en cualquier lugar
desconocido, espacio abierto para experimentar la
providencia de Dios para los suyos. La itinerancia
será un rasgo de la pobreza de Domingo vivida en
función de la evangelización. Pobre en la comida,
vive de limosna contentándose con el sustento de
cada día y aguardando el del mañana. Pobre en el
vestido, gusta de llevar los vestidos más viles.
Sólo tiene una túnica y una miserable capa raída.
Camina sin dinero y sin alforja. Sólo lleva en sus
caminatas el bastón evangélico, un cuchillo -eran
otros tiempos- y sus mejores prendas apostólicas: el
Evangelio de Mateo y las Cartas de San Pablo. Camina
sin dinero, no tiene un denario para pagar el pasaje
al barquero que le hace la travesía del río. Pobre
en la habitación porque carece de ella. No tiene
cama para descansar después de sus fatigas
apostólicas, ni siquiera dispone de habitación
propia en sus propios conventos. Cuando va de camino
vive a expensas de la buena voluntad de los
anfitriones, y aprovecha la oportunidad para
encuentros apostólicos. Cuando pernocta en sus
propios convento, su habitación es la iglesia. Hasta
para morir hubo de tomar prestada la habitación del
Maestro Moneta en el convento de Bolonia.
-
Humilde. La humildad de Domingo tiene raíces
profundas: un hondo conocimiento de sí mismo y una
confrontación constante con el ideal de Jesucristo,
manso y humilde de corazón. Domingo no es humilde a
base de establecer comparaciones entre su persona y
los demás hombres; es humilde al verse a si mismo
frente a la imagen de Cristo Redentor. Su humildad no
es una mera virtud moral, ni el fruto de la
obediencia a normas y mandatos tomados de reglamentos
humanos. Tampoco su humildad se reduce a una mera
modestia humana. Su humildad es una actitud
evangélica, que brota de una honda experiencia de
Dios y de un profundo conocimiento de si mismo en el
Señor. Su humildad no es una forma de comportarse
ante los hombres; es una forma de ser en Cristo.
Virgen de cuerpo y de espíritu. La virginidad de
Domingo se expresa en su vida en forma de madurez
humana y desemboca en una integración armónica de
la personalidad humana y cristiana. La alegría y la
afabilidad en su trato, la proximidad de Domingo con
las gentes, su capacidad de amistad con cuantas
personas se acercan a él... son el mejor testimonio
de una personalidad madura y de la integración de
los valores del amor humano en un proyecto de vida
evangélico y apostólico. Domingo puede dar cauce a
estas virtudes humanas precisamente porque ha
conseguido liberar al amor humano de todas sus
desviaciones. Por eso puede vivir la amistad humana
con pleno equilibrio y serenidad. Y este es el
objetivo más inmediato de la opción por la
virginidad y el celibato.
La virginidad y el
celibato se convierten en virtud cristiana cuando
dejan de estar inspirados por el miedo y la
represión y son canales de entrega generosa a la
causa de la comunidad entre los humanos, cuando se
encarnan en relaciones humanas de amistad y
comunidad, cuando se viven en el interior de la
comunidad y llevan la convivencia humana al plano de
la comunión generosa y desinteresada. Es esta la
forma de convivencia que Domingo ha conseguido
establecer con sus frailes, con sus monjas, con las
mujeres que le hospedan, con todas las personas que
se cruzan en su camino.
-
Por encima de todo la caridad La caridad es el
núcleo del seguimiento radical de Cristo, y el
núcleo del perfil evangélico de Domingo. El
testamento de Domingo es muy sencillo: caridad,
humildad y pobreza. para que no pareciese
que dejaba desheredados y huérfanos a aquellos hijos
que le había dado el Señor, puesto que iban a
quedar desamparados del apoyo del padre y de sus
consuelos, estableció un testamento como cuadraba al
pobre de Cristo, gran hacendado en la fe y coheredero
del reino que prometió Dios a los que le amasen;
testamento no de terrenos caudales, sino de gracia;
no de prendas materiales, sino de vida celestial. En
una palabra: legó todo lo que poseía, diciendo:
estas cosas son, hermanos carísimos, las que os
dejo, como a hijos, para que las poseáis por derecho
hereditario: tened caridad, guardad la humildad y
abrazad la pobreza voluntaria (P. Ferrando,
n. 36). Domingo dejó como herencia a sus hijos lo que él mismo había considerado el mejor tesoro de su
vida al servicio del Evangelio.
Domingo, estudiando
día y noche la Palabra del Evangelio y permaneciendo
próximo a la humanidad doliente, aprende la lección
suprema de la caridad cristiana, se reviste de
entrañas de compasión y ve crecer en él el ansia
del martirio. La compasión de Domingo está sin duda
asociada a su espiritualidad de encarnación,
traducida en gestos de compasión a imitación de la
vida de Cristo: Ya desde la infancia había
crecido en él la compasión, que, amontonando sobre
sí mismo las pesadumbres de los otros, no le eximía
de ser partícipe de cualquier aspecto de la
aflicción. Del recinto de su corazón había hecho
un hospital de infortunios y no sabía cerrar a nadie
las entrañas de su misericordia (P.
Ferrando, n. 5).
Tomado del libro:
Felicísimo Martínez: Domingo de Guzmán,
Evangelio Viviente.
|
|
|