El pintor anónimo ha organizado una composición
triangular con las figuras integrantes. La Virgen la
eleva más que el resto, y la presenta sentada, sobre
bancos de nubes, con una túnica rosa y manto
azul, que le cubre todo su cuerpo. Inclina levemente su
cabeza hacia Santa Catalina, a quien le hace entrega
del contador del rosario. El Niño Jesús sentado
en su regazo, dirige la mirada a Santo Domingo y le
dona el rosario. Ambos santos se encuentran arrodillados.
Junto a Domingo asoma un cachorro con la tea, y su
llama roza al globo del mundo. Dos ramas de lirios descansan
sobre el pavimento. La línea del fondo queda a la
altura de las cabezas de los santos, y a partir de aquí,
se inicia el cielo entonado en grises y oros. A ambos lados
de la cabeza de la Virgen vuelan dos angelillos alados,
después de haberle coronado como reina.