La figura conserva la leve curvatura natural del colmillo.
Está compuesta de cuatro piezas: cabeza, cuerpo y
las dos manos. A la altura del bajo hombro, se aprecia una
pieza sobreañadida al costado hasta la altura
de la rodilla. Este marfil reviste la interesante sorpresa
de pertenecer a la cultura del Extremo Oriente, catalogada
como de la Escuela Hispano-Filipina. El artista oriental
ofrece una versión de Santo Domingo distinta a la
que estamos acostumbrados a ver. Mantiene los atributos
iconográficos clásicos: el libro y el rosario
colgado sobre el pecho. Su modelado no está muy marcado,
mas bien se aprecia insinuado y reforzado con pintura sepia
de color claro. Por el contrario, la cabeza aparece resuelta
con gran plasticidad, fuerza expresiva y marcado volumen,
a pesar que se halla sometida a la rigidez y dureza del
material marfileño. Lleva una tonsura clerical poblada,
con mechón central, que se prolonga en barba puntiaguda
y bigote. Los ojos carecen de expresividad, al haberle dotado
de una mirada fija y estereotipada. La boca la tiene cerrada,
insistida con una ligera pintura en sus comisuras. La ejecución
del hábito talar se amolda a la forma del colmillo,
sin excavar en profundidad los volúmenes. Mas bien
el anónimo sigue las formas de la confección
del hábito, en planos muy sencillos y con leves hendiduras.
El plisado de telas los organiza con pliegues triangulares.
El escapulario blanco alargado persigue la estilización
de la figura. Debajo asoman las dos puntas de los zapatos.
El marfil presenta dos curiosidades iconográficas:
la presentación del libro boca abajo sobre la palma
de la mano y el rosario gado del cuello por delante del
escapulario. El gesto de la mano insinúa la acción
de sostener algún roto atributo (¿).Todo el
hábito se encuentra festoneado linealmente en todas
sus partes divisorias con a una franja ancha, y dibujos
vegetales con sentido decorativo.