El anónimo pintor sitúa la escena en un recodo
del camino, junto a un edificio, con fondo de rocas escarpadas
que ascienden sobre la montaña próxima. La
figura protagonista es Santo Domingo, que le concede
mayor altura y proporción que a sus integrantes
escénicos, a pesar de estar en segundo plano: un
compañero dominico de rodillas, dos figuras de pie,
un cardenal arrodillado y el joven muerto. La composición
lineal se desarrolla siguiendo un recorrido circular
en torno al Santo. En primer plano yace el joven Napoleón
fallecido, después de la caída de su
caballo, que no se alude a él para nada. A sus pies
su tío, el cardenal Esteban de Fosanova. El milagro,
acontece según la leyenda literaria, en Roma, en
el monasterio femenino de San Sixto el Viejo, el día
de la reunificación de los diversos monasterios
femeninos de la ciudad, misión que el Papa le había
encomendado al Santo. El cardenal acude a la ceremonia
litúrgica, como representante del pontífice,
momento en que sucede el fatal desenlace del sobrino y pide
la intercesión y acción milagrosa de Santo
Domingo.