“La verdad del amor humano” y sus ausencias
La parte entrecomillada de este título, es el que los obispos de la Conferencia Episcopal Española han dado a la reciente publicación de las: “Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”. Un documento amplio, muy denso, pero que es un intento de dar una respuesta a la ya cansina expresión “relativismo e identidad de género”. Parece dar una visión amplia y positiva de la familia y el matrimonio como institución; en medio de una visión de la sociedad sumergida en una cultura de muerte.
Este documento sitúa de una manera conjunta, y con una visión crítica: el mimetismo feminista versus machista, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, el aborto, la identidad de género, como derivados consecuentes de una ideología que aboga por un feminismo radical y una cultura en la que prima la despersonalización absoluta de la sexualidad (nº 52).
Es un documento que intenta enseñar, corregir, y hacer justicia a la institución del matrimonio y la familia, que la Conferencia de Obispos interpreta que se dañó y se tergiversó en la reciente legislación sobre el matrimonio. Supongo que es un documento brindado en un clima más calmado y madurado, y que éste no vuelva a despertar los demonios que enfrentaron a la sociedad con la institución eclesial oficiosa, presentes en los medios de comunicación durante los últimos años, que crisparon muchas relaciones y desataron muchos odios.
Ante su lectura, me pregunto ¿puede una madre hacer sufrir a un hijo, si éste es rechazado, o no aceptado por sus posiciones y orientaciones? Humanamente: sí. Pero, quiero referirme, no tanto a lo que afirma o niega, sino a lo que olvida. Y el olvido también hace sufrir. No entro en la visión y en la orientación del documento, y los fundamentos que sustenta. Sólo quiero destacar que, de los 145 números que recogen estas orientaciones, sólo un número, el 58, recoge, casi de manera fortuita - ya que no es un número expresamente dedicado al tema - “la violencia doméstica” o “violencia en el entorno familiar”, como expresiones más exactas, en contraposición de la ideología de género, que la denomina “violencia de género”. Y repito, la considero una ausencia grave que puede hacer sufrir, porque en esa defensa a ultranza de la familia y el verdadero amor humano en el matrimonio, es un tema no desarrollado y olvidado.
Este drama que se ha vivido en muchas generaciones, y del que hoy los medios de comunicación nos muestran la aparición diaria de noticias sobre mujeres y niños asesinados, niños desaparecidos, o maltratados, parricidios, llegándose a contabilizar cifras de víctimas anuales en nuestro país que nos estremecen. Eso es también cultura de muerte. Y digo que hace sufrir, porque no todo se centra en la sexualidad, y en una consideración de la familia y el matrimonio como bien común para la sociedad. La violencia doméstica o familiar es fruto, también, de una ideología, y no precisamente feminista o de género y, sobre todo, habla de la otra sociedad enferma y de la otra cultura de muerte no desarrollada en el documento, y que es de justicia, que la Iglesia también la desarrolle; ya que, esta ausencia, puede conducir a pensar que a la Iglesia le preocupa más la cuestión sexual o la identidad de género, que la cultura de una vida digna con una clara vocación al respeto. Entre la libertad y la sumisión mutua, hay algo más profundo y más necesario, el respeto mutuo por la dignidad de cada ser humano.
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