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Agenda - 8/8/2008
Hoy es Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán
La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular. Juan Pablo II
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ENCUENTRO DE FAMILIA DOMINICANA EN CALERUEGA
Del 11 al 13 de Julio tuvo lugar el Encuentro anual de FD, sobre el tema "Ser hoy dominicos laicos"
Con Acento

La alegría cristiana

A partir del domingo en el que conmemoramos la resurrección de Jesús, la comunidad de sus seguidores, repetimos a todas las horas una palabra: “aleluya, aleluya… alegría, alegría”. Antes de que nadie se nos eche encima, recordándonos la realidad fuerte e injusta de nuestra sociedad, la realidad dura y calamitosa de millones y millones de personas amenazadas por el hambre y privadas de sus derechos más elementales, debemos hacer una aclaración.

Todo cristiano, en realidad toda persona, tiene una doble zona. La zona profunda, donde anidan los grandes interrogantes del hombre, esas preguntas que siempre están ahí sobre nuestro origen y nuestro destino final, sobre el sentido o sinsentido de la vida. Y la zona superficial, donde vivimos los acontecimientos diarios, donde nos llegan las noticias y los hechos de cada día.

Jesús vino a traernos su evangelio, es decir, su buena noticia. Por las buenas noticias siempre hay que alegrarse. Por eso, el anuncio de su nacimiento supuso “una alegría para todo el pueblo”. No se cansó de hablarnos de los caminos que llevan a la felicidad, a ser dichosos, para que los viviésemos; y de los caminos que llevan a la muerte y al desasosiego, para que los rechazásemos. Después de entregar su vida en favor nuestro, Dios le resucitó, porque “el amor es más fuerte que la muerte”, y nos aseguró que ese era también nuestro destino. Rompió para siempre el sinsentido y el absurdo de la vida humana. Tenemos fundamento para la esperanza y la alegría, nuestro futuro es la vida en plenitud y no el fracaso y el vacío.

El cristiano, después de lo vivido por Cristo Jesús, puede y debe disfrutar permanentemente de la alegría en su “zona profunda”, su vida acaba bien, como la de Jesús. Alegría compatible con dolores de cabeza y de corazón, sinsabores, tristezas, fracasos, enfermedades… en su “zona superficial”. Bien lo resumió San Pablo, dirigiéndose a los cristianos de Corinto: “Estoy rebosando de consuelo y sobreabundo de gozo (en la zona profunda), en medio de todas nuestras tribulaciones (en la zona superficial)”.


Manuel Santos, OP
La historieta





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