
SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA PROVINCIA DE ARAGÓN |
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Enviados por Nuestro Padre santo Domingo, los primeros Frailes Predicadores, bajo
la guía del venerable fray Miguel de Fabra, penetraron en los territorios de la Corona de
Aragón hacia el año 1219. Pronto sobresalió la nueva Orden con los frutos de santidad
de san Ramón de Penyafort,
sucesor de santo Domingo en el supremo magisterio de la Orden, y los demás frailes
ilustres, entre los cuales destacan fray Ramón Martín, fray Bernardo de Travesseres,
fray Ponce de Planelles, fray Pedro de Cadireta y fray Miguel de Bennasar. Se fundaron
entonces los conventos de Barcelona (1219), Zaragoza (1219), Palma de Mallorca (1228),
Lérida (1230), Valencia (1238), etc.
La provincia de Aragón fue constituída en 1301 por el Capítulo General de Colonia, y se le señalaron los territorios de la Corona de Aragón (integrados por Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares) y los reinos de Navarra y Murcia. Poco tiempo después se anexionaron la isla de Cerdeña y una serie de conventos de Rosellón y Cerdaña pertenecientes al dominio del Rey de Aragón. Al constituirse, en 1514, la Provincia Bética, Murcia pasó a integrar la nueva provincia. En 1569, los conventos de Navarra pasaron a la Provincia de España. En 1670, los conventos de Perpiñán y de Cáller se integraron en la Provincia Occitana por decisión del Capítulo General celebrado en Roma. En los siglos XIV y XV, nuestros religiosos siguieron las directrices emanadas de las figuras señeras del XIII, aunque ciertamente truncadas por la denominada "peste negra", ocupando cátedras en los cabildos catedralicios, continuando su labor en las escuelas de lenguas orientales y dándose a la enseñanza y a la predicación. Cabe destacar al beato fray Dalmacio Moner y la acción apostólica de san Vicente Ferrer, que proyectaba sobre toda Europa un sentido de auténtica renovación cristiana y religiosa pudiéndose hablar de una verdadera reforma a través de su predicación agrupando discípulos espirituales de todas las órdenes religiosas. Así surgen, en nuestra Provincia, una serie de nuevas fundaciones y una auténtica escuela de espiritualidad. En esta línea de revisión religiosa, fray Jaime Gil, en 1440,instaura la reforma de la Provincia en el convento de Cervera, y es nombrado por el Maestro de la Orden, fray Bartolomé Texier, primer Vicario de la Congregación de Observancia. Las directrices de la misma son las de la Congregación de Lombardía animadas por el espíritu de san Vicente. A esta Congregación de Observancia se van uniendo diversos conventos y se fundan algunos nuevos. La conexión de esta corriente de observancia con los conventos no reformados hace que en 1529 el Real Convento de Predicadores de Valencia, a instancias de fray Rafael Castell y fray Amador Espí, tome la iniciativa de la reforma de la Provincia. Es así como, bajo los auspicios del cardenal García de Loaysa, llega a Valencia fray Domingo de Montemayor, prior del Convento de San Esteban de Salamanca y un grupo de religiosos de la Provincia de España. Viene en calidad de Visitador y, posteriormente, en 1531, es nombrado por el Papa Prior Provincial, y se suprime la Congregación de Observancia. Su inmediato sucesor fue el venerable fray Juan Micó, quien consigue que la reforma llegue a toda la provincia superando alguna dificultades. Heredero de este espíritu de fray Juan Micó y de los hombres de las décadas de los años 30 y 40 es san Luis Bertrán. Bajo su influjo, la Provincia alcanza su máximo esplendor en el siglo XVI. Varios de sus hijos espirituales acceden a sedes episcopales y aplican con celo la reforma conciliar de Trento. Otros regentaron cátedras diversas. En la Provincia se conoció un florecimiento extraordinario de la piedad y de la ciencia, especialmente en los campos filosófico y teológico, en los que abundan notables escritos. Dignos de mención son los venerables fray Domingo Anadón, fray Jerónimo Bautista de Lanuza, fray Antonio Creus y fray Julián Font y Roig. Nos encontramos ante una espiritualidad basada en una rigurosa ascética, de signo penitente y proyección misionera, que dio paso a formas de santidad muy sencillas junto a hombres de gran talla humana en un ministerio tanto menos brillante cuanto más eficiente. La predicación de la Palabra adquiere un auge renovado y surge con ímpetu la preocupación por la misiones, tanto en las nuevas tierras de América como en las del Extremo Oriente. En ellas muchos religiosos de la Provincia alcanzan la palma del martirio, entre los cuales deben ser destacados los santos canonizados por el Papa Juan Pablo II en el mes de junio de 1988: fray Jacinto Castañeda, fray Francisco Gil de Federich, fray Pedro Almató, fray Clemente Delgado y fray Jerónimo Hermosilla; los beatos fray Jacinto Orfanell, fray Luis Eixarch y Bertrán, fray Domingo Castellet, fray Pedro Sanz y fray Joaquín Royo, entre otros, que entregaron sus vidas en diversas épocas que van desde el siglo XVI al XIX. En el momento de la exclaustración general de los religiosos dispuesta por la leyes españolas de 1835, la Provincia de Aragón contaba con 65 conventos, 11 de los cuales tenían noviciado propio. En 1834 se hizo una estadística general de los frailes de la Provincia: 1.159 religiosos y 34 novicios. Los frailes exclaustrados desarrollaron una meritoria labor evangelizadora en el territorio de la Provincia o en países de misión. Destacaron especialmente fray José Sadoc Alemany, primer Arzobispo de San francisco de California, y el beato fray Francisco Coll y Guitart, misionero popular en tierras de Cataluña y fundador de la congregación de la Hermanas Dominicas de la Anunciata. Tras la restauración de los conventos de Barcelona y Manacor por frailes de la Provincia de España, y el Real de Predicadores de Valencia por los de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas, quedó por fin constituida canónicamente de nuevo la PROVINCIA DE ARAGÓN por el decreto "Gratulanda Nobis" del Maestro de la Orden fray Jacinto Cormier, con fecha del 26 de octubre de 1912, siéndole asignado el mismo territorio que le correspondiera en el siglo XIX coincidente fundamentalmente con el de la antigua Corona de Aragón. Durante la guerra civil de 1936-39, la Provincia padeció mucho, tanto en las personas como en las instituciones y edificios. Veintiocho de nuestros hermanos sufrieron el martirio. Está introducida la causa de beatificación de fray Jacinto Serrano y XVIII compañeros mártires. Superado este doloroso período, la Provincia resurgió con nueva vitalidad apostólica, fundándose desde entonces diversos conventos y colegios en Valencia, Zaragoza, Cardedeu, Madrid, Torrent, Barcelona. La expansión apostólica ha llevado a establecer comunidades en Argentina, Uruguay, Paraguay, que hoy constituyen el Vicariato Regional de América del Sur, en Panamá y en Guatemala que han quedado integradas en la Viceprovincia de San Vicente Ferrer de Centroamérica. Se obtuvo la erección pontificia de la Facultad de Teología "San Vicente Ferrer" de Valencia, cuya responsabilidad y gestión están a cargo de la Provincia juntamente con la Diócesis de Valencia.
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