
IGLESIA DE SANTO DOMINGO |
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Desde la inauguración del Convento, la afluencia de fieles a
las celebraciones litúrgicas, organizadas en los días festivos, ha sido constante. Hasta
septiembre de 1968 se celebraron los cultos en el Salón de Actos del Estudio General y
Pontificio Instituto de Teología. A partir de esta fecha un nuevo templo abrió sus
puertas al público, que cada día era más numeroso. El 31 de agosto de 1968, Mons.
Olaechea, Arzobispo Emérito de Valencia, bendijo la iglesia dedicada a Santo Domingo de
Guzmán, y construida en buena medida con la generosa colaboración de los fieles,
alentada por la "Junta de Amigos del Templo". Fueron eficaces promotores de la
misma los PP. Lorenzo Gelabert Sansó y Fabián Puerto Sanz. Bajo la dirección de los arquitectos D. Alvaro Gómez Ferrer y
D. Felipe Soler, se comenzaron las obras a principios de 1967. De sus cimientos, excavados
en roca firme, se elevan sólidos muros de cemento armado. Consta el recinto principal de
amplia nave a dos alturas que corresponden al coro conventual y al espacio de los fieles.
Ambos se desarrollan en torno al presbiterio, enlosado con piedra de granito, al que se
asciende por medio de tres gradas. La iglesia tiene una longitud de 34,30 metros de larga
y llega a alcanzar 30,40 metros de ancha en el espacio destinado a los fieles. Tiene este
último cuatro ventanales rasgados a lo largo de cada uno de los muros laterales, y dos en
el posterior. Los laterales están dotados de variadas vidrieras policromadas con figuras
geométricas, que diseñó el artista valenciano, D. Octavio Romero Hurtado. La parte del
coro conventual recibe iluminación de los ventanales que corren por toda la parte
superior del mismo. La estructura del templo obtuvo en 1969 el Premio Nacional de
Arquitectura. Las cubiertas se ven sostenidas por un entramado de tubos de
hierro que van descargando peso sobre los muros; se consigue así un espacio muy amplio
totalmente libre de columnas. Fue el primer edificio religioso de la zona que utilizó
este sistema de construcción. La nave principal tiene capacidad para acoger a unas
trescientas personas sentadas; el coro conventual dispone de noventa sitiales A la derecha de la nave se abre la Capilla del Santísimo,
dotada de un artístico sagrario. Sobre el mismo pende un Crucifijo de hierro forjado, de
estilo gótico, importante obra de artesanía procedente de la comarca barcelonesa del
Vallés Oriental. A ambos lados del sagrario se encuentra el altar y la sede para los
celebrantes; diseñada esta parte por el dominico, P. José Luis Sierra Valentí. Esta
Capilla tiene 10 metros de larga, por 5 de ancha. La nave y el coro reciben iluminación artificial por medio de
unas artísticas lámparas que penden del techo y que llevan altavoces incorporados. Desde
la plaza contigua a la iglesia se accede a un atrio cubierto por amplia marquesina,
separado del templo por una gran puerta corrediza de madera. En la parte de la izquierda
se elevan tres altas columnas de hormigón, visibles desde larga distancia. Están unidas
entre sí de trecho en trecho por travesaños también de cemento armado, formando tres
cruces. La puerta normal de ingreso da a un vestíbulo de 5,30 x 4,30 metros, que comunica
con la nave principal. Desde el fondo de la misma destaca el altar consistente en un solo
bloque de granito, de 2 x 1 x 1 metros. Ilumina el altar una gran lámpara de hierro sostenida por
cadenas, obra diseñada por el mencionado artista D. Octavio Romero. A ambos lados penden
del muro dos imágenes de madera de iroco (teka africana), que representan a la Santísima
Virgen y a Santo Domingo de Guzmán. Fueron talladas por el escultor leonés, P. Marcos
Rodríguez Robles, dominico. A la derecha de la nave se puede contemplar a través de
amplios ventanales otra imagen de María con el Niño Jesús de pie a su lado izquierdo en
medio de un jardín.
El templo está presidido por un monumental Crucifijo de
madera policromada, venerado desde el siglo XVII en un convento de la Provincia Dominicana
de Aragón. Se halla adecuadamente enmarcado sobre un retablo de madera de pino balsaín.
Desde la parte izquierda de la nave se accede a la Capilla de
las Confesiones. Consta de dos partes bien diferenciadas. La primera consiste en un
pequeño oratorio presidido por una Crucifijo, de estilo moderno. Tiene unas dimensiones
de 4,30 x 4 metros, y dispone de cuatro grandes reclinatorios con sus respectivos
asientos. Un pasillo da acceso al segundo espacio donde se hallan dos confesonarios de
obra. Están diseñados en conformidad con el nuevo Ritual de la administración de la
Penitencia. Los penitentes pueden recibir el Sacramento de rodillas, sentados, o bien en
el interior de un pequeño despacho. El conjunto de esta Capilla fue diseñado por el
mencionado artista Octavio Romero. De esta Capilla se pasa a la Sacristía principal. Dispone de
armarios apropiados para guardar los ornamentos litúrgicos. Está presidida por un
cuadro original del conocido pintor aragonés, A. Cañada, fechado en 1965. Representa una
escena de la vida de Santo Domingo y sus primeros frailes en Roma, a saber: el milagro de
la aparición de un joven portador de pan para que la comunidad pudiera comer en un día
en que les faltaba el alimento. En el centro del coro conventual se halla un sepulcro cubierto
por una sencilla lápida, en la que está grabada esta inscripción: "Descansan
en paz entre nosotros D. Gregorio Lluch Gallent, + 19-11-1962, y Dña. María Llopis
Marzo, + 8 - VI - 1959, Fundadores de este Convento".
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